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OCHO POEMAS DE ‘CERRADA LUZ’, DE LA NICARAGÜENSE DAISY ZAMORA, INVITADA AL PRÓXIMO XXV ENCUENTRO DE POETAS IBEROAMERICOS

 

 

 

Crear en Salamanca tiene la satisfacción de difundir ocho poemas de Daisy Zamora (Managua, Nicaragua,1950), poeta, escritora, graduada en psicología y psicopedagogía, actualmente profesora en San Francisco State University. Estudió pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes de León. Fue combatiente del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Al triunfo de la revolución fue nombrada viceministra de cultura. Fundadora del Centro Nicaragüense de Escritoras (ANIDE) y de la Coalición de Mujeres en Nicaragua. Premio Nacional de Poesía Mariano Fiallos Gil 1977 y Beca del California Arts Council en Poesía 2002. Autora, entre otros, de los siguientes libros: “En limpio se escribe la Vida” (1988). — “La Mujer nicaragüense en la poesía” (Antología – 1992). — “A Cada quien la Vida” (1989 – 1993); “Fiel al Corazón: Poemas de Amor” (2013). — “Tertulia Literaria” (2017). — “Cómo te ve tu Nombre” (2017). — “La violenta espuma” (2017) o Cerrada Luz (2021).

 

Los textos han sido seleccionados por A. P. Alencart de la antología ‘Cerrada Luz’, entregada en Salamanca por Harold Alva, durante el XXIV Encuentro de Poetas Iberoamericanos. Esta antología fue publicada en Perú con motivo del homenaje que se le tributó en el VIII Festival Internacional Primavera Poética, que se celebra en Lima bajo la dirección del poeta Harold Alva. La nicaragüense será poeta invitada del próximo Encuentro de Poetas Iberoamericanos, que se celebrará en Salamanca en octubre de 2022.

 

 “Mis poemas buscan revelar la verdad o, al menos, la verdad desde mi experiencia; pero busco una verdad que pueda ser aplicada de manera universal. MI poesía no puede leerse literalmente ni se basa únicamente en experiencias personales y, por lo tanto, estrictamente confesionales; nada de eso, pero si atestigua hechos de la vida expresados a través de mi sensibilidad, de todo lo que he vivido, visto y oído, y también, lo que he soñado”.

Daisy Zamora

 

 

 

 

ESPEJISMO

 

 

Siempre pensamos, ahora será distinto.

Y volvemos a creer.

 

De nuevo es bello el mundo.  El secreto

oscuro del amor invade el cuerpo.  Todos perciben

el resplandor del rostro.

 

Y la certeza de reposar —al fin— en algún pecho:

besos, manos entrelazadas, brazos,

cuerpos que se confunden, roces húmedos.

 

Espejismo que nos impide salir de este desierto.

 

 

 

OTRO TIEMPO

 

 

Regresamos al lugar donde fuimos felices

acompañados de nuevos amigos.

Sentados uno frente al otro

tu mano ya no busca mi mano bajo la mesa.

 

A la sombra

están vacías las mesas que antes ocupábamos.

El mediodía blanquea los icacos en las más altas ramas,

las guayabas verdean entre las hojas verdes.

 

Hay cordialidad entre nosotros,

parecemos dos viejos amigos.

Con ternura, preñada de tristeza

miro las mesas y las sillas, muertas y solas.

 

 

 

Foto de José Amador Martín

 

SOLAMENTE TE DIGO

 

 

Hay felinas y bellas palabras

que se deslizan ondulantes

en la complicidad de la sombra

 

Puesto que has decidido amarlas

te escribo sólo para advertirte:

nada será lo mismo, hecho como estabas

a nuestras palabras que cortaban el aire

con sus aristas puras.  Cualquier pedazo

que recogieras podías darle vueltas

analizarle los ángulos y encontrarle

exactamente áreas y perímetros.  Mas ahora

tu suelo tiene la blandura de las esponjas

y la penumbra es confortable

 

No te cortarás las manos porque hoy acaricias

voluptuosas y aterciopeladas formas

 

Solamente te digo:  ten cuidado.  Todas las noches

certera garra se afila

detrás de los amarillos y fascinantes

implacables almendrados ojos.

 

 

Foto de José Amador Martín

 

ESTE AMOR

 

 

Para hablar de este amor se necesita

del silencio más hondo

 

donde no hay ya palabras

sino el corazón

apenas comprendiendo

 

cómo fue que la vida

dispuso aquel encuentro

 

Por qué, a última hora

decidiste llegar,

por qué nuestros ojos se vieron

entre la multitud

 

Y por qué, al vernos, nos reconocimos,

si nada sabíamos la una del otro

 

Cómo se entretejió la delicada gasa

tan sutilmente que no nos percatamos

hasta el momento aquel, en que supimos

que estábamos perdidos

y no había remedio

   ni regreso.

 

 

PAISAJE ONÍRICO

 

A George

 

 

Tu cuerpo es un vergel que visito sonámbula,

bajo el espléndido solsticio del verano.

 

Tu cuerpo es la Primavera de Vivaldi

que brota de los violines y florece

en la vibrante levedad del aire.

 

Tu cuerpo es aquella rara bandada de gaviotas

volando sobre el desierto en el cielo de octubre.

 

Tu cuerpo es la deslumbrante cauda del cometa:

un reguero de estrellas en la noche absoluta.

 

Tu cuerpo es el devenir inmemorial del tiempo

y el incesante latido del corazón del mar.

 

Tu cuerpo es un niño que todavía espera

el abrazo imposible de su padre.

 

Tu cuerpo es añoranza de viejos aguaceros

y verdor de paisajes perdidos para mí.

 

Tu cuerpo es tierra, agua, sol, llanto que brota

desde el fondo insondable de la infancia.

Foto de José Amador Martín

 

 

 

CELEBRACIÓN DEL CUERPO

 

 

Amo este cuerpo mío que ha vivido la vida,

su contorno de ánfora, su suavidad de agua,

el borbotón de cabellos que corona mi cráneo,

la copa de cristal del rostro, su delicada base

que asciende pulcra desde hombros y clavículas.

 

Amo mi espalda pringada de luceros apagados,

mis colinas translúcidas, manantiales del pecho

que dan el primer sustento de la especie.

Salientes del costillar, móvil cintura,

vasija colmada y tibia de mi vientre.

 

Amo la curva lunar de mis caderas

modeladas por alternas gestaciones,

la vasta redondez de ola de mis glúteos;

y mis piernas y pies, cimiento y sostén del templo.

 

Amo el puñado de pétalos oscuros, el oculto vellón

que guarda el misterioso umbral del paraíso,

la húmeda oquedad donde la sangre fluye

y brota el agua viva.

 

Este cuerpo mío doliente que se enferma,

que supura, que tose, que transpira,

secreta humores y heces y saliva,

y se fatiga, se agota, se marchita.

 

Cuerpo vivo, eslabón que asegura

la cadena infinita de cuerpos sucesivos.

Amo este cuerpo hecho con el lodo más puro:

semilla, raíz, savia, flor y fruto.

 

Foto de José Amador Martín

 

 

A UNA DAMA QUE LAMENTA LA DUREZA DE MIS VERSOS

 

 

Sucede que cuando salgo, lo primero que veo

es un vagabundo que hurga en la basura.

A veces, una loca sombrea su miseria

frente a mi casa.  Y el vacío de sus ojos insomnes

entenebrece la luz de la mañana.

 

Esquinas y semáforos invadidos por gentes

que venden cualquier cosa. . .  enjambres de niños

se precipitan a limpiar automóviles

a cambio de un peso, un insulto, un golpe.

Adolescentes ofertan el único bien:  sus cuerpos.

Mendigos, limosneros, drogadictos:  la ciudad entera

es una mano famélica y suplicante.

 

Usted vive un mundo hermoso:  frondosas arboledas

canchas de tenis, piscinas donde retozan

bellos adolescentes.  Por las tardes

niñeras uniformadas pasean en cochecitos

a rubios serafines.

Su marido es funcionario importante.

Usted y su familia vacacionan en Nueva York o París

y en este país están sólo de paso.

 

Lamenta mis visiones ásperas.  Las quisiera suaves,

gratas como los pasteles y bombones que usted come.

Siento no complacerla.  Aquí, comemos piedras.

 

 

E-MAIL A JUANA DE ASBAJE Y RAMÍREZ DE SANTILLANA

EN SU CUMPLEAÑOS

 

 

Vieras cuánto pienso en vos

—más de lo que quisiera—

y no puedo evitarlo. 

 

¿Qué agobios habrás pasado?

¿Qué de máscaras y circunloquios

para poder decir

lo que con tanta lucidez veías?

 

Vuelven a mi memoria tus palabras

una y otra vez, atormentándome.

Porque, la verdad, seguimos en lo mismo,

y si algo ha cambiado, es poco o casi nada.

 

Imagino la tensión en que vivías

negociando tus espacios a costa

de panegíricos,

pero te resguardabas a como fuera

y hasta donde pudiste.

 

¿Qué habrás sentido, Juana, al darte cuenta

de que eras un peón

en el ajedrez entre los machos?

 

La certeza de tu horror atraviesa los siglos

hermanándonos.

 

… que es cada línea una herida

y cada rasgo una muerte.

 

Cuánta razón tenías, Juana Inés.

 

La luz que nos heredaste

aún estorba demasiado en las tinieblas.

 

 

 

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