ÁNGELA MARTÍN DEL BURGO: “A VECES AL VIAJERO LE ACOMETE EL CANSANCIO, EL DESALIENTO”. RESEÑA DE MANUEL QUIROGA CLÉRIGO

 

1 La poeta y novelista Ángela Martín del Burgo

La poeta y novelista Ángela Martín del Burgo

 

Crear en Salamanca publica las reseñas que el poeta Manuel Quiroga Clérigo ha escrito en torno a dos poemarios de Ángela Martín del Burgo (Morón de la Frontera, Sevilla), novelista y poeta, también Doctora en Filología y profesora de Lengua española y literatura. Publicó su primer libro de poesía La mirada asombrada, Caducidad de lo real, que recibió el Premio Ciudad de Miranda 1996 y Poemas de viaje. También ha escrito la novela Cenizas sobre una mar de agosto, publicada en el año 2000, y Ningún camino de flores conduce a la gloria, en 2005. En 2012 se publicó su primera novela negra: Asesinato en la Gran Vía. En 2007 apareció su libro de relatos La muerte de Mário de Sá-Carneiro o La soledad y el poeta. Ha participado en antologías poéticas.

 

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“POEMAS DE VIAJE” Y “ENIGMA Y MISTERIO DE ITALIA

Y OTROS POEMAS” (HUERGA&FIERRO EDITORES)

 

Tal vez existan varias “clases” de poetas aunque la poesía ser una clara expresión de sentimientos y anhelos Una de esas clases es la del viajero, aquel escritor que, teniendo una buena formación y un buen bagaje de lecturas, es amante de los paisajes, del mundo exterior y de los seres humanos que aparecen cerca de las fuentes o de los horizontes.

 

“Huerga@Fierro” Editores siempre atentos a la mejor literatura, lo que no quita una posible eficaz comercialización, ha publicado entre otros muy interesantes dos poemarios de Ángela Martín del Burgo, Doctora en Filología y Profesora de Lengua Castellana y Literatura de Morón de la Frontera (Cádiz), aunque su familia procede de Daimiel (Ciudad Real) los cuales prestan una, muy especial atención a los mundos exteriores, a los caminos y a las gentes. El primero de ellos es precisamente “Poemas de viaje” de 2011 (“A veces al viajero le acomete el cansancio, el desaliento…”) y de 2016 es “Enigma y misterio de Italia”, colecciones de versos de alta inspiración y de muy amable lectura: “Los pasos del paseante/pasa…”.

 

César Antonio Molina recordaba que Lord Byron pasó media vida viajando. El aserto vale para Ernest Hemingway, Pablo Neruda, Rubén Darío, el Richard Ford de 1830-33 que incluso vivió en Sevilla y Granada, los viajes de Walt Whitman son de otro tipo. Los dictadores viajan menos, algunos pasan más de media vida recluidos en un palacio expropiado para su beneficio y apenas acuden a Hendaya con un gorrito ridículo militar de faena con borla a entrevistarse con un criminal, pero eso son temas para la historia. Alessandro Barico en “Seda” (Anagrama 1997) refiere que el matrimonio Joncour “Los días en que el calor afloraba, alquilaban una carroza y se divertían descubriendo pueblos escondidos en las colinas, donde el fondo del mar parecía de papel de colores”, lo cual viene bien para recordar a los viajeros clásicos muchos de los cuales, además, tratan de descubrir especies de plantas como Humboldt o animales como Darvin, de dibujar paisajes y escribir sobre el recorrido como Washington Irving.

 

Los poetas, hombres y mujeres, también descubren pueblos, personajes, paisajes, mundos abiertos a todas las sensaciones. Y ello forma parte de los dos libros arriba indicados. En “Poemas de viaje”, los dos primeros apartados titulados “Ciudades” tienen como protagonistas pasivos esos hermosos lugares de catedrales, escaparates, ríos, personas, cielos. Tengamos como ejemplo los versos de “La Rue des Écoles (Paris)”:”Hoy te hospedas donde otrora te soñabas,/y nada sabes;/pero París sigue siendo tu sueño; sabes que en el tapiz de tu alma/se han bordado muchas vidas”. Luego volvemos a España, al impenitente recorrido por maravillas y paisajes cotidianos: “Parque Güell, la cruz de Gaudí/preside el horizonte y el panorama,/como una estela de creencia/en el espacio en lontananza”. “El viaje es lo que importa” escribe Rafael Soler. Y Ángela Martín del Burgo, en la tercera parte del libro, deja versos de gran calado como los de “El último verano”: “Piensa el viajero cuando el sol se pone/y en sentido inverso la playa recorre,/que nunca a la playa llegó,/sus anhelos cubrieron el horizonte./El escenario, que día tras día recorría,/lo modelaba su corazón”.

 

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De “Enigma y misterio de Italia y otros poemas” Alfonso S. Palomares dice: “En los poemas de Ángela suena una intensa melodía italiana cargada de enigmas y misterios, fruto de una larga historia que ella conoce y persigue para atraparla e introducirla en sus versos”. Y, efectivamente, es la patria latina la que hace palpitar a la escritora, vibrar en sus calles, escuchar sus melodías y recordar su historia: “Los pasos del paseante pasan,/mientras Venecia,/fruto dorado sostenido por las aguas,/permanece”. “Pasaré por la Piazza di Spagna-escribe el piamontés Cesare Pavese-Será un cielo claro./Se abrirán las calles/sobre la colina de pinos y piedra./El tumulto de las calles/no cambiará aquel aire quieto” , versos que se nos ofrecen como un regalo para quienes amamos ese espacio grato preludio de la propia Europa y germen de la filosofía, el amor y el pensamiento.

 

Por eso recorrer Italia es, para Ángela Martín del Burgo sobre todo, una inquieta y necesaria experiencia que, parecer ser, colma parte de sus deseos, reflexiones y recuerdos. Veamos: “Padua es una llamada a la sencillez/entre el Giotto y San Antonio./Sus piedras señalan el camino/de la humildad perdida”. Aunque, como decía César Vallejo, “el mundo es ancho y ajeno” los humanos desean conocerlo, hacerle suyo, apresarle en su memoria, recordarle en sus versos, magnificarle incluso, lo mismo da que sea la ciudad de Manila con el apabullante lujo del palacio de Malacañag y las aguas podridas del Río Pasig o la esquina de nuestra calle. Así en “Nuevos poemas de viaje. Por tierras de España” (II parte del libro) nos sorprende una deliciosa evocación de Madrid, “Aires de fragancia”: “Una vendedora dispara/sobre mi mano y muñeca/y me ofrece aires de fragancia./¡Ah!, el perfume de antaño.” Viajar no es más que desplazar los sentimientos, atrapar nuevas fuentes o escuchar el canto alegre de diferentes pájaros. Por ejemplo en Asturias el petirrojo se llama raytan pero canta igual y en Andalucía los mirlos suelen ser más oscuro pero entonan las mismas elegancias.

 

“Amor, amor” se titula la III parte. En ella surgen diferentes recorridos, diferentes sentimientos: “…esperar tu llegada/es como un blues triste y bello”. “La música” pone punto final a la amable reunión de suspiros e indagaciones. Ante las “Variaciones Goldberg” del maestro Bach Ángela Martín del Burgo se descubre, humildemente, y escribe: “Como el ala/impalpable, la música,/fugaz momento de oro./De grandes alas/un pájaro nos cerca,/la eternidad nos roza./Consuelo, que es olvido/del presente; eterni-/dad, que es oro”. Oro es la poesía cuando es capaz de elevar el alma de quien la escribe y de quien la lee. Ese podría ser resumen de estos recorridos por los mundos abiertos de los paisajes y las puertas entreabiertas de psicologías, monumentos, bellezas y horizontes. Seguramente sin la poesía el ser humano podría seguir viviendo, pero teniendo cerca versos como los de Ángela Martín del Burgo la existencia se torna diferente, más plácida.

 

4 Otra imagen de Ángela Martín del Burgo

Otra imagen de Ángela Martín del Burgo

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