SALVADOR GARMENDIA: CUENTISTA TOTAL. ARTÍCULO DE LUIS BARRERA LINARES

1

 

Crear en Salamanca se  complace en publicar este artículo del escritor Luis Barrera Linares (Maracaibo, 1951), en torno a la obra cuentística del notable narrador venezolano Salvador Garmendia (Barquisimeto, 1928 – Caracas, 2001), cuya iniciación literaria estuvo ligada al grupo de la revista Sardio y al conocido como El Techo de la Ballena. Con Los pequeños seres (1958), su primera novela, mostró sus notables dotes de observación y su interés por la existencia gris y rutinaria de los habitantes de los centros urbanos, de la alienación que sufren en su trabajo y en su medio familiar. En 1959 obtuvo el Premio Municipal de Prosa por esta novela. Sus finas exploraciones en la inadaptación y el fracaso se extendieron después a nuevos ámbitos en las novelas Los habitantes (1961), Día de ceniza (1963), La mala vida (1968), Los pies de barro (1973) y Memorias de Altagracia (1973), mientras progresivamente enriquecía el realismo con el aporte del género fantástico en los cuentos de Doble fondo (1966),Difuntos, extraños y volátiles (1970), Los escondites (1972, Premio Nacional de Literatura), El único lugar posible (1981), La gata y la señora (1987) y Cuentos cómicos (1991). Una creciente dosis de ironía impregna también la presentación minuciosa de los ambientes y personajes. Entre otras obras dignas de mención se encuentran El inquieto Anacobero y otros cuentos (1976), El brujo hípico y otros relatos (1979), Hace mal tiempo afuera (1986) y El capitán Kid (1989). Salvador Garmendia obtuvo en 1989 el Premio Juan Rulfo por el cuento Tan desnuda como una piedra.

2 Garmendia hablando en el Aula Magna de la Universidad de Los Andes, con Contramaestre, Palomares, Alencart y Vivas, entre otros (Mérida- Venezuela, 1995)

  Garmendia hablando en el Aula Magna de la Universidad de Los Andes, con Contramaestre, Palomares, Alencart y Vivas, entre otros (Mérida- Venezuela, 1995)

 

 

 

SALVADOR GARMENDIA: CUENTISTA TOTAL

La narrativa corta garmendiana es posiblemente la mejor escuela

de escritura de la que pueda nutrirse cualquier escritor que

desee incursionar en la praxis del cuento.

 

Buena parte de los críticos que se han ocupado de la obra del venezolano Salvador Garmendia (1928-2001) pareciera coincidir en el hecho de que es otro de esos casos en los que un escritor se comprometió tanto con su obra de ficción que terminó pareciéndose a alguno(s) de sus personajes. Inciden en esto la magia de la literatura y el compromiso de quien la ejerce, independientemente de otros factores. Nadie podrá argumentar que el escritor barquisimetano no fue fiel a esa curiosa premisa. Salvador podría representar la imagen de algunos de los sujetos que deambulan por su extensa y variada obra. Si alguien desea convencerse de esto, podría confrontar sus fotografías con ciertas conductas (misteriosas, enigmáticas) de los actantes de algunos de sus cuentos. Para no abusar del espacio, valga referir como ejemplos dos relatos muy concretos: “El peatón melancólico” y “Restaurante ‘Rex’.

 

En cuanto a las fotos, no habrá ningún problema porque hay suficientes en el mundo digital, diversas, variadas, de distintas épocas. Y por lo que se refiere a re-correr su cuentística, no ha podido ser más oportuna la publicación de toda su narrativa breve que acaba de hacer la Fundación Rosa y Giuseppe Vagnoni a través de Fundavag Ediciones: Cuentos completos (2016, con impecable prólogo de Alberto Márquez y bajo la coordinación de Federico Prieto, más la asesoría de Elisa Maggi, viuda del narrador). Tres tomos recogen el paseo que por el cuento venezolano hiciera el autor, durante 43 años (entre 1958 y 2001), en un asombroso cúmulo de mil seiscientas páginas. Y no es solo que Salvador haya publicado en vida un vastísimo inventario de historias; lo más importante es que lo hizo para quedarse definitivamente entre nosotros, por cuanto, probablemente, se trata del escritor nacional que dejó para la posteridad diversos relatos que sin duda merecen el calificativo de clásicos.

 

 

3 Carlos Contramaestre, Ramón Palomares, Salvador Garmendia y Pepe Barroeta en Mérida, Venezuela (1995, foto de Alfredo Pérez Alencart)

Carlos Contramaestre, Ramón Palomares, Salvador Garmendia y Pepe Barroeta en Mérida, Venezuela

(1995, foto de Alfredo Pérez Alencart)

No se cansa mi tía Eloína de hojear esta muy cuidada magnífica edición y abrirla en cualquiera de sus páginas para encontrarse con que cada maravilla pareciera superar a la siguiente. Cuentos extensos, cuentos menos largos, cuentos cortos, cuentos cortísimos y mini cuentos (para todos los gustos) ocupan el espacio de esta edición con la se ha hecho un verdadero homenaje al autor. Podrá hablarse de ahora en adelante de un Garmendia cuentista total.

 

Si, como se estila de un tiempo para acá en la narratología, tiene algún sentido la palabra “cuentario” (todavía no registrada en el Diccionario de la lengua española), ninguna duda queda de que este que se ha publicado de Salvador Garmendia es el modelo más nítido, más claro y casi perfecto para llenar semánticamente dicho neologismo. Cuentario de un narrador total será el contenido de la edición aquí comentada. Se trata de uno de esos libros que se publican para la eternidad, para volver a ellos cada vez que se requiera, en cualquier época, para solazarse con la magia de la escritura ficcional de alguien a quien podríamos considerar el cuentista nacional por excelencia, debido a que practicó todos los subgéneros de esa tipología. No es que sus novelas no sean importantes; en realidad, toda la producción garmendiana lo es; sin ella no podría entenderse a cabalidad el proceso de la prosa venezolana de la segunda mitad del siglo XX. No obstante, su narrativa breve es más que suficiente para explicar también las peculiaridades de su novelística.

 

Humor, ironía, estilo mucho más que definido, sabrosas anécdotas, poesía, metáforas diversas y un pleno dominio de las técnicas del cuento se agrupan en este autor para mostrarlo como la mejor escuela que pueda tener quien aspire a iniciarse en ese polémico y difícil arte-facto ficcional. Imposible cerrar esta duda, sin dejar una mínima muestra que sirva de botón de arranque para adentrarse en la lectura del autor. Aquí reproduzco el que se titula “Primeras letras (II)”, incluido al final del segundo tomo:

 

—Dígame una palabra de dos sílabas que comienza por A.

—Huuummmmmm…

—Termina en ERE. En el medio lleva las letras EME y O.

—¡Ah! ¡Ya sé! ¡Abstinencia!

—Muy bien jovencito, pasa al cuarto grado.

 

Addenda. Muy bien sabemos de las dificultades que ofrece la tarea de las compilaciones en Venezuela, aparte de que es bastante cuesta arriba elaborar compilaciones en las que no falte absolutamente nada. Desde esa perspectiva, ha captado mi curiosa parienta la ausencia de un cuento, para ella muy importante, debido a que la transporta a sus reminiscencias zulianas. Y es posible que haya algún otro disperso por allí y ausente en la referida compilación. Por si hubiere alguna vez una segunda edición, ella me ha solicitado que sugiera amablemente a los editores agregar el cuento “Muerte del crooner cabimense”, publicado originalmente por Garmendia en la revista zuliana Respuesta (No. 53, 1980) y posteriormente incluido entre las “narraciones de ambiente zuliano” de la antología intitulada La narrativa corta en el Zulia (compilada por Luis Guillermo Hernández y Jesús Ángel Parra, 1987).

 

4 Salvador Garmendia y Alfredo Pérez Alencart (Universidad de Los Andes, Mérida-Venezuela, 1995)

Salvador Garmendia y Alfredo Pérez Alencart (Universidad de Los Andes, Mérida-Venezuela, 1995)

 

Aún no hay ningún comentario.

Deja un comentario