‘TRECIEMBRE’, ÚLTIMO POEMA ESCRITO POR ANDRÉS QUINTANILLA BUEY

 

 

Andrés Quintanilla Buey en el Encuentro de Poetas Iberoamericanos de 2003 (foto de Jacqueline Alencar)

 

Crear en Salamanca desea difundir la obra del destacado poeta castellano Andrés Quintanilla Buey, fallecido en 2008 siendo presidente de la Academia Castellano y Leonesa de Poesía, además de secretario de la Academia de Juglares de San Juan de la Cruz, y quien, desde Valladolid y Palencia, impulsó generosamente el movimiento poético de esta Comunidad.  Quintanilla Buey, fundador de la palentina revista poética hablada Juan Baños, y del reconocido grupo literario Sarmiento de Valladolid, obtuvo en vida numerosos premios poéticos, como el Boscán, Guipúzcoa, Ciudad de Ceuta, Ciudad de Alcalá de Henares, Garcilaso y Ciudad de Valladolid, entre otros. También escribió y publicó obras de teatro y narrativa, por los que obtuvo, entre otros, el Premio Nacional Tomás Morales (Teatro), el Casino de Mieres (novela corta) y el Ciudad de San Sebastián (cuento). Participó en varias ediciones de los Encuentros de Poetas de Salamanca y alentó la obra de varios poetas salmantinos.

 

Este poema, que ahora reproducimos, fue el último que escribió en vida, en diciembre de 2007. Acaba de ser publicado como colofón de la antología poética “TRECIEMBRE. CORO DE VOCES” (Editorial Vitrubio, Madrid, 2021), dentro de la colección Treciembre, que dirigen Araceli Sagüillo, Carlos Aganzo y José Antonio Valle Alonso.

 

 

 

TRECIEMBRE

 

I

 

…Y Treciembre no llega; es el mes que no tiene

sitio en el calendario, el mes que sobra, el pobre

mes vacío, sin días, sin santos, sin domingos.

Un mes a lo baldío, en el que nadie ha muerto.

O nacido. Qué hueco tan terrible en el tiempo.

Qué inútilmente eternas las rosas de Treciembre,

qué tonos tan extraños, qué aromas tan distintos,

rosas que nadie ha visto, tan solo imaginadas

por el poeta, en noches de alcohol y pesadumbre.

Los años, sin Treciembre, son años incompletos,

la página no escrita en la historia del mundo.

(Cuando Cristo nos nace en Belén, están todas

las cosas esperando, los hombres y los ángeles

también; y los pastores, cada uno en su sitio;

y aquellos dos alientos… Pero Jesús advierte

el hueco de una ausencia: falta el cuarto rey mago,

el rey que no figura en ningún Nacimiento,

el Artabán perdido, el rey desorientado,

el hueco doloroso del dulcísimo instante.

Pero es real, verdadera, esta historia ignorada).

Araceli Sagüillo, Andrés Quintanilla Buey y Francisco Brines, en el Encuentro de Poetas Iberoamericanos de 2005

 

II

 

También Treciembre existe. Y tiene días, noches,

y campos silenciosos, y silenciosa lluvia,

y sus silencios tristes, sus silencios alegres,

porque todo es silencio en este mes perdido

en el lugar sin gracia de las cosas inmóviles.

El sol pone en Treciembre su luz más desmayada,

como si acariciara al dormido paisaje,

al encogido asombro de las tardes sin pájaros.

Qué vírgenes sus hondas cuevas deshabitadas,

que nunca han conocido el nido, la aventura

caliente de la vida, el prodigio constante

de la muerte. Qué inútil la tierra sin caminos,

el blanco desconcierto de la nieve sin huellas.

Los días amanecen sin saber que amanecen;

no hay ojos para verlo, voces para cantarlo,

y así las horas pasan sin saber que son horas,

ignorándolo todo: la ansiedad o el sosiego,

la espera ilusionada, el dolor del olvido.

Ninguna fecha, nada, donde anotar un llanto,

una traición, un beso, una promesa, el luto

por un amor, el ciego placer de una venganza.

 

António Salvado, A. P. Alencart y Andrés Quintanilla Buey, en Toral de los Guzmanes (2005. Foto de Jacqueline Alencar)

 

III

 

En fin, lo que almacenan los meses conocidos,

los meses que se nutren de la vida… En Treciembre

existe solamente la soledad a solas,

la estúpida belleza de lo jamás tocado.

Todo Treciembre lleno de instantes infecundos.

Cuánta mudez. Treciembre no es Artabán y nunca

podrá encontrar el rastro de un tiempo que no espera,

ni quiere repartirse, que vive en la costumbre

de lo que siempre ha sido.

No obstante, a mí me gusta.

Treciembre, me fascina su ausencia irremediable,

su desconocimiento de su propia existencia.

¿Albergará Treciembre el verso inencontrado,

el verso que mantiene en vilo a los poetas,

esa definitiva palabra misteriosa

que nadie ha pronunciado? En la quietud terrible

de sus montañas vírgenes, de sus pasmadas piedras,

¿se encontrará el secreto? Los dormidos arroyos,

el mar sin peces ni olas, el discurrir callado

del aire ¿qué llamada estarán esperando?

Y si un día, al mandato de un “levántate y anda”

divino, despertara de un coma profundo,

¿cómo encontrarle sitio, cómo alargar los años

y reformar el ritmo y alterar la costumbre

del mundo?…

 

Imaginadlo. Callad e imaginadlo.

 

Alfredo Pérez Alencart, Pepe Ledesma y Andrés Quintanilla Buey (Salamanca 2006, foto de Jacqueline Alencar)

Andrés Quintanilla Buey en la Sala de la Palabra (foto de Jacqueline Alencar)

 

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