LA CONCIENCIA POÉTICA FRENTE AL DESASTRE. COMENTARIO SOBRE DOS POEMAS DE TOÑO BLAZQUEZ

 

«Crear en Salamanca» se complace en presentar dos poemas-canciones del poeta canta-autor Toño Blazquez, su obra se enmarca en textos para cantarlos o recitarlos con guitarra. Están diseñados en cuartetos tratando temas diversos aunque los asuntos mas habituales, en sus palabras «son comunes a todos nosotros: la condición humana» La publicación d los poemas está precedida por un comentario de José Amador Martín.

Toño Blazquez

 

La conciencia poética frente al desastre

 

Estos poemas forman un díptico de gran intensidad moral y emocional. Ambos nacen desde la herida colectiva, pero lo hacen desde registros distintos: uno desde la afirmación vital de la música y la resistencia; el otro desde la denuncia apocalíptica y la conciencia histórica. Los dos textos dialogan entre sí como dos movimientos de una misma sinfonía: elegía y combate, dolor y esperanza.

En “La Música no se ahoga”, la música aparece convertida en símbolo absoluto de la vida. No es únicamente arte: es memoria, identidad, resistencia y reconstrucción espiritual. El poema construye una auténtica épica popular en torno a Valencia, presentada como una ciudad herida pero invencible. La reiteración inicial —“La Música…”— funciona como un himno o letanía que otorga al texto ritmo ceremonial y coral. Cada verso añade una dimensión distinta: la música como tiempo, como belleza, como trabajo humano, como arquitectura del sentimiento.

Hay ecos de poesía cívica y colectiva, cercanos a ciertos tonos de Miguel Hernández o incluso de Gabriel Celaya, cuando la palabra poética deja de ser intimista para convertirse en herramienta de resistencia. La expresión “viga y cemento” es especialmente significativa porque materializa la música: deja de ser abstracción para transformarse en sostén real de una comunidad devastada.

El poema posee además un poderoso impulso oral. Se percibe escrito para ser dicho en voz alta, casi como proclama pública. Los imperativos —“¡todos al tajo!”— y las exclamaciones convierten el lenguaje en energía colectiva. Frente al barro, la destrucción y la muerte, la música representa una continuidad espiritual que ninguna catástrofe puede destruir. La imagen final de la Banda que volverá a afinar en “la calle, la plaza, el auditorio” resume perfectamente esa idea de reconstrucción moral desde la cultura popular.

Muy significativa es también la referencia a Valencia como “El Cid”. Ahí el poema entra en un territorio mítico y simbólico: la ciudad se convierte en héroe histórico que sobrevive a la tragedia gracias a su dignidad y coraje. No hay resignación, sino voluntad de levantarse.

En contraste, “Tiempo de cadáveres” adopta un tono mucho más sombrío, profético y condenatorio. Aquí desaparece el impulso luminoso y aparece la voz del juicio moral. El poema recuerda por momentos la tradición bíblica o ciertos pasajes visionarios de César Vallejo y Blas de Otero, donde la historia contemporánea es contemplada como una degradación ética del ser humano.

El comienzo tiene una fuerza casi litúrgica:
“Desde la sangre que da respeto a tanta muerte a bocanadas…”
La voz poética habla desde el horror, pero también desde una posición ética elevada. El “volcán de la ignominia” y “las tablas con la Ley grabada” introducen un imaginario de castigo y decadencia moral. El poema no denuncia solo hechos concretos: denuncia una civilización que ha traicionado la justicia y el valor de la vida.

Europa aparece finalmente como una madre envejecida y derrotada:
“el rostro inútil de la madre Europa”.
La imagen es durísima. La cultura europea, tradicional símbolo de razón y humanismo, queda aquí convertida en escenario de cadáveres y celebraciones vacías (“brindis copa a copa”). Hay una crítica muy contemporánea al vacío moral de Occidente, a la indiferencia ante el sufrimiento y a la banalización de la tragedia.

Formalmente, ambos poemas destacan por su fuerte musicalidad interna. Aunque utilizan verso libre, conservan una cadencia clásica basada en paralelismos, repeticiones y estructuras acumulativas. El ritmo es esencial en ambos textos: en uno para sostener la esperanza; en el otro para intensificar la acusación moral.

También es importante la dimensión simbólica de los elementos naturales:

  • el barro,
  • el volcán,
  • la sangre,
  • el agua,
  • la lluvia infértil,
  • el fuego.

Todos ellos construyen un universo de destrucción y renacimiento. La naturaleza no aparece como paisaje decorativo, sino como espejo espiritual de la condición humana.

En conjunto, estos poemas muestran una poesía comprometida con su tiempo, pero sin caer en el panfleto. Hay indignación ética, sí, pero también elaboración simbólica y una clara voluntad estética. La palabra poética busca aquí convertirse en conciencia colectiva.

 

Toño Blazquez

POEMAS

LA MÚSICA NO SE AHOGA

(23 nov.2024 )

 

La Música del sol y de la vida, la Música no se olvida.

La Música del tiempo y la memoria,

la Música es otra historia.

La Música que sueña la felicidad, es el oro de otra edad.

La Música de la flor de cada día, esa Música es poesía.

La Música que nace de la tierra,

es atril que gana siempre la guerra.

La Música es la viga y el cemento,

la estructura cabal del sentimiento.

Es el fuego, la virtud y el virtuosismo,

es el alma de Valencia, que es lo mismo.

Mil jueces con puñal y negra toga,

vendimia de balas en el barro,

el dolor y la muerte que yo agarro:

Valencia se dobla pero no ahoga.

Tiene mil Bandas de notas empinadas

en el pulso juvenil de su potencia.

Tiene el sostén que la pasión imanta

y el adagio visceral de la paciencia.

Tiene abrigo de fe y ancha manta,

un fuego de amor que seca el agua

y un tenor de titán en su garganta.

 

No se ahoga la Música, no,

que el grito es garra y es hoguera

y en su playa anaranjada llora el zumo

que a esta hora su semilla planta.

¡No hay hora ni Dios de sementera!

Es hora de lucha, ¡todos al tajo!

¡De esperanza en el tiempo y de trabajo!

 

No hay derrota, ¡jamás!, no callará Valencia.

Aunque tenga en la pena la muerte del silencio,

aunque sangre a canal por mil barrancos,

habrá batuta, papel y repertorio.

La Banda de la ilusión volverá a afinar, seguro,

en la calle, la plaza, el auditorio.

¡Valencia es El Cid, en su espada está el futuro!

 

TIEMPO DE CADÁVERES

( TB – 15/1/2025)

 

Desde la sangre que da respeto a tanta muerte a bocanadas,

desde el insulto y ultraje al tesoro de la vida

os arrojo al volcán de la ignominia

donde se queman las tablas con la Ley grabada.

Vuestras calles tendrán lluvia infértil, sin futuro,

y el Dios que la justicia adora

será quien tenga la última palabra.

 

Vendrá otro tiempo, otro tiempo de gozo y desatinos

pero será tumba de cuerpos inocentes

la que reine en corazón de negra estrella.

Y en un cielo de brindis copa a copa

será muerte total que un siglo sella

en el rostro inútil de la madre Europa.

 

 

 

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