POEMAS DEL ESPAÑOL LUIS CARNICERO. XVIII ENCUENTRO DE POETAS IBEROAMERICANOS. PINTURAS DE MIGUEL ELÍAS

 

1 El poeta Luis CarniceroEl poeta Luis Carnicero

Crear en Salamanca presenta algunos poemas de Luis Carnicero (La Bañeza, León, 1953). Arquitecto, poeta y ensayista. Profesor de Análisis de Formas y Proyectos Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, ahora imparte seminarios sobre Dibujo y espacio arquitectónico. Su idea interdisciplinar de las artes, con la que ha creado escenografías para La montaña mágica, de Mann; el Fausto, de Goethe o La tierra baldía, de Elliott, y Misterios escenográficos como Arquisol-Lunatectura y Poética de juglar, se trasluce también en sus ensayos, artículos, relatos y poesía, publicando, entre otros, los siguientes libros: Villas para Laura, Manchas en el Borde, Donde el Amor, Encarnada Luz o Morando el cristal. Recientemente, en el MUSAC de León, ha llevado a cabo la performance “Meditaciones del constructor de cabezas”.
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FÓSILES

TE BUSCO AQUÍ
EN LOS ROALES DE SAL
y allí
en el anhelo de un brazo
o en la jaula vacía
o en el arañazo menudo de una uña
dibujando su arcoíris sobre hexágonos negros
el corazón fatigado
olvidando el miedo
entornando los ojos
con el apasionado mirar de Nicolás de Cusa
para convertir en engarzadas curvas
en brillante humedad
el paso de las serpientes del dolor
abriéndome
ampliándome hasta ser recta pura
horizonte sólo.

Te busco ascendiendo
entre letanías vegetales
haciendo un centro en cada pisada
borrándome
con el corazón mudo
te busco
infinito no pronunciado
sobre el puente que cruza abismos
y por si alguien padeciera
tierra con mi sangre
aun con la suciedad acre
de las grietas de mi labio
te beso desde la sombra del cielo
Dios de la piedad
Dios del contemplar
en tus palomas de agua.

 

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SOMBRAS EN LA ESCALERA

 

TAN SÓLO ALLI NO DUDO AUNQUE NO LLUEVA
no está el miedo ni la herida
sólo un saco
una vasija de metal
y las palomas
o simplemente
en sus cajas
las palomas…
palomas y no nubes
una esponja y un arcón
además de caramelos con olor a naftalina
al final de los peldaños donde teje telarañas
una silla con contornos de alguien que volvió.

Por qué siempre contemplo la escalera
desde lejos
acordeón desvencijado
enmudecido como un viejo animal
que no brama
ni respira febrilmente
sólo vela.

Por qué ahora nadie llega y yo la escucho
quejarse de las sombras que le pesan
como ecos del pasado
como huellas de silencio
de una mesa de café
con mármol y fichas de marfil.

Si he medido el respirar en sus alturas
tras tras tras
y de fondo las palomas
¿no será la escalera una caja que se hunde
y yo mismo el agua que le pudre el balaustre
la carcoma que le horada la cintura y desmorona?

Y si fuera yo también una sombra en sus axilas
y ella estuviera esperando desde siempre
alma sin latido
que la ascienda y observe lo que espero.

Y si fuera yo también en la escalera
una sombra detenida y contemplada.

 

 

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NEGRURA INCREADA

 

EL SON SAGRADO QUE OIGO AHORA
sólo existe en la soledad del aire
con la que aprendí a repetir mi nombre.

Entonces mis ojos codiciaban vértigos
en las nubes
como en un viaje interno de giroscopio
y caía aturdido en la oquedad
junto al río
con un talismán en la mano
ebrio de astros
sin saber que oraba.

Quién extrajo el agua de lo hondo
quién guarda el secreto del Signo originario
quién midió las coordenadas de la noche…
qué importa
si frente al foso no regreso a la hiedra
y al árbol que obedece los designios
cobijando una serpiente en su raíz

si voy dudando en portales dormidos
donde hay bóvedas elípticas de sombra
que ocultan la claridad que me llama

si ansío volver al Verbo del principio
a escuchar el cántaro y probar la vid
para girar con el sol
en su fulgor rendido
y me desvanezco contemplando la piedra
nombrando la negrura increada
oculto el cielo
sin el Son sagrado.

 

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JARDÍN SIMBÓLICO

Temí que el furor de mi viento
arruinara las flores más hermosas

William Blake

FUI BARRO AIRE
Y AHORA SOY SOPLO
esperanza de nombrar la rosa blanca
que implora alumbrarse y ser labrada.

Ya conozco las emociones de la lucha
la clave oculta de los dones del espacio
en lo claro y en lo oscuro enfrentados
en la exhalación reseca del aliento
en la arcilla tristemente habitada
que respirada se humaniza sensualmente.

Conozco ya la sombra blanca
y hacia ella voy para fundirme
renaciendo
renunciando
como el primer vuelo del ave
que se desorienta y fracasa
y se eleva
con alas un instante sublimadas.

Y contemplo vides junto a zarzas
jardines verticales sobre planchas de cristal
bajo arcadas de tapial
pentagonales
donde crecen lirios y granados
higueras y limoneros
olivos y palmeras
sobre templados estanques de agua.

Y escucho al huracán
entre pináculos
con mis brazos y mis piernas extendidos
acaso brizna de hoja en torbellino
esperando desocuparme y ser espejo
siendo más que frente iluminada
música de la divinidad abstraída
belleza de la rosa que se entrega
y resurge de cenizas.
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DIBUJO DE LA SOMBRA DEL FUEGO

En el Infierno musical de El Bosco

A PUNTO DE ESTALLAR EL VOLCÁN
una mujer
con su frente coronada de espejos
aunque desvanecidos los hombros
suspira.

Quién no se conmueve
ante geometría tan bella
ante el espacio de sus ojos
ante una llama detenida
si va hilando en el aire
un lecho vertical de cristales
por el que danzan sus ojos.

Es el nombrar
desde un adiós que se creía de escombro
o lámpara muda oculta entre limos oscuros
donde anidaron aves ebrias de azul
picoteando cáscaras que ocultaban luciérnagas
donde un polen ígneo tejía telas muy blancas
paralelas a escaleras que arrancaban de labios.

Pues sólo ocurre lo que el verbo acaricia
y por si la puesta de sol donde espera
fuera la puerta que se abre al infierno
le brota en su mano una brasa apagada
con la que recorre el perfil arrojado
del dios.

Pues sólo ella ha visto ardiendo su rostro
ardiendo la trinidad de su música
y el fuego encendiendo los dones que habita.

Es su sombra
y la mujer acaricia en la tierra su soplo
y lo espira absorta hacia el cielo muy rojo
mientras un árbol con ramas sin hojas
la abraza
desnuda.
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SEGUNDO LAMENTO DE PAN

 

AUNQUE VEAS QUE LLORO
en este espejo de aguas corrompidas
en mis manos hay injertos de tallos olvidados
que me devolvieron tu imagen descendiendo
a la profundidad infinita de lo oscuro
y me enseñaron a besar con labios rojos
y me enseñaron a cubrir con brazos rojos
en la línea de las cañas
y en la de sus sombras en el agua
el triángulo embrujado
del vacío de la flauta.

Y ahora llueve y lloro
llueve tierra y yo soy agua
y el cielo aquí en precario me estremece
me acobardan
negras sombras de cangrejos.

Pero vuelve a verme amor
que soy un haz de líneas
y en el cosmos desgarrado
me late geometría
y aunque haya en mí un ebrio olor
a flores mustias
olvidado de los dioses
poseo su música
y en ella he de diluirme
y entregarme
hasta no ser más que gota minúscula que late
hasta no ser más que soplo
más que forma.

 

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