MIGUEL ELÍAS, UN PINTOR ESPAÑOL CON ALMA JAPONESA. ENTREVISTA DE A. P. ALENCART

 

 

1 El pintor Miguel Elías

El pintor Miguel Elías

Crear en Salamanca tiene el privilegio de publicar una entrevista al pintor alicantino-salmantino Miguel Elías, reconocido por su cercanía a los poetas de España y América, así como por sus magistrales trazos siguiendo la estela de los pintores japoneses que siguen la técnica Sumi-e. La entrevista lleva la firma del poeta Alfredo Pérez Alencart, mientras que las fotos son de Álvaro Sánchez Justel.

 

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MIGUEL ELÍAS, UN PINTOR ESPAÑOL CON ALMA JAPONESA

 

Como quien emprende un viaje en su imaginación, así me acerqué a Uña de Quintana, un pequeño pueblo zamorano enclavado más allá de la Sierra de la Culebra, en el mismo Valle del Tera. Cada verano, hasta aquí traslada su estudio Miguel Elías, pintor y profesor de la Universidad de Salamanca. Aquí, el único discípulo Occidental del notable maestro japonés Kousei Takenaka, traza sus caligrafías en inmensos rollos de papel de fibra de bambú y realiza sus pinturas Sumi-e, técnicas que ahora hace doce años aprendió directamente de Takenaka.

 

Lo primero que deseo preguntarte es sobre el espacio, sobre este paisaje. ¿Qué te atrae a este pequeño pueblo zamorano?

 

Su “silencio”, más todavía después de un año ajetreado por clases en la Universidad y por exposiciones. Necesito crear en silencio, rodeado de naturaleza. Aquí el reloj y el teléfono no existen.

 

¿Háblanos sobre tus inicios en la pintura japonesa?

 

Lo cierto es que no fue premeditado. En Salamanca, con motivo de la inauguración del Centro Hispano Japonés de la Universidad de Salamanca, el maestro Kousei Takenaka vino a impartir una demostración de pintura Sumi-e. Esa tarde, después de verme pintar, de apreciar mis trazos, me invitó a cenar y me propuso “seguir el Camino” de la Pintura Sumi-e. Todo un mundo se abrió para mí, en lo personal y en lo artístico. Aprendí, a la manera japonesa, sus Cuatro Nobles Caballeros, a estudiar a los antiguos maestros chinos y japoneses. Fue y aún sigue siendo una verdadera inmersión en las artes tradicionales, su mayor tesoro. Fue todo muy diferente para mi mente Occidental. Después del tercer año, recuerdo que el maestro me dijo: “ahora vamos a comenzar”. Allí, antes de que un Maestro te comunique sus tesoros, quiere estar seguro de tu motivación, de la seriedad de tu inclinación, de tu determinación. Y cada minuto intenta ponerte a prueba.

 

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Es constante en ti la referencia a los ‘trazos’ que realizas. ¿Podrías ampliarnos algo sobre ello?

 

Es la esencia de mi pintura, que también es mi vida. Todo se construye a partir de trazos; son las piedras con cuya ayuda se levanta la obra. Las palabras pueden encerar hipocresía, una pintura, una caligrafía, todo lo que dependa del trazo no engaña; en ese trazo se revela toda la virtud moral de quien lo realiza, es como quedar desnudo, sin fingimiento alguno. Quien domina el “hua” posee un lenguaje particular que sólo puede ser verdadero. El pintor, el calígrafo en Oriente traduce la verdad de un espíritu sin falsos pretextos.

 

¿Cómo fue ese aprendizaje de la pintura Sumi-e?

 

Fascinante y muy diferente a los aprendizajes Occidentales. Allí las Artes tradicionales se aprenden directamente del Maestro por imitación. Sin libros, el Maestro hace y el discípulo imita. Esto requiere mucha paciencia  y un esfuerzo enorme para nuestra mentalidad Occidental. Me di cuenta que aquí los estudiantes de Bellas Artes quieren hacer   obras originales demasiado deprisa. A diferencia nuestra ellos no desprecian la copia, al contrario, es un espacio de aprendizaje continuo.

 

El segundo paso fue aprender a no limitarse a la técnica, aprender desde el interior de una cultura ancestral. Me tuve que impregnar del pensamiento japonés, volverme un poco japonés espiritualmente, en mi manera de ser e incluso de vivir.

 

Desde el momento que uno comienza a prepararse para pintar y comienza a preparar la tinta, uno siente algo especial desde que comienza a frotar la barra de tinta en el tintero de piedra, aprovechando ese ritual, ese gesto repetitivo para silenciarse uno consigo mismo, para prepararse para el acto de pintar. Uno se abandona, no piensa en nada. Ellos hablan de abandonar el mundo de los mortales para introducirse en el mundo de la pintura. En este estadio uno carga el pincel y toma conciencia de la pesadez y la gravitación universal. Tu cuerpo se convierte uno con tu pincel y lanzas toda tu energía sobre el papel, sobre la tela. Una corriente energética entre el Cielo y la Tierra pasan a través de ti en ese instante.

 

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Elías, ¿cuál es tu máxima aspiración al pintar?

 

Dotar de vida a la materia. Todo cuanto existe en la naturaleza, cualquier movimiento humano constituye una metáfora ideal para instruir la mente y el corazón en la manera de transmitir vida al trazo. Quiero conquistar un trazo lleno de “Ch´i” de vida. También persigo la “Unidad”, el pensamiento no debe imponerse a la naturalidad del conjunto cuando pintas o caligrafías. Partir de una intuición poética y tratar de expresar la sustancia de las cosas.

 

Hablas de poesía con pasión. No es gratuito el que los propios poetas te consideren “El pintor de los Poetas”…

 

…Cierto. En mi estudio, como se puede apreciar, además de tintas y pinceles, está lleno de libros de poesía. La poesía alimenta mi interior y llena de imágenes mi mente. Es como oxigeno para mí. Conozco y tengo como amigos a muchos poetas. Llevo muchos años poniendo imagen a libros de poesía, entre ellos de Hierro, Brines, Tundidor, Gonzalo Rojas, António Salvado, Lorca, Miguel Hernández, Claudio Rodríguez, Alberti o tú mismo, pues he ilustrado muchas portadas de tus libros propios y de las antologías que preparas, como las de los prestigiosos Encuentro de Poetas Iberoamericanos. He retratado a más de quinientos poetas de España, Portugal e Iberoamérica, principalmente, pero también a poetas de Rumanía o Japón, entre otros. La poesía, al igual que la pintura Sumi-e, son parte del espíritu, apuntan a transmitir el espíritu de las cosas a partir de las formas, que no son sino un medio. Es para mí un regalo el calificativo de “Pintor de los Poetas”, el mayor de los premios.

 

 

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¿Tienes ahora alguna exposición que se pueda visitar?

 

Sí, en Fundão, Portugal. Este año ha sido un placentero viaje por Portugal. Después de dos exposiciones en España, viajé a Castelo Branco para llevar mis pinturas japonesas en una macro instalación de diecisiete metros suspendidos en el aire con papeles de fibra de bambú, “El único jardín”, junto a un precioso jardín del S.XVIII, el Jardín do Paço. Y posteriormente inauguré la exposición “Pasaporte el corazón”, en el Centro de Arte Contemporáneo con motivo del  Encuentro de Poetas en Fundão. Amo Portugal, sus gentes, sus costumbres. Ellos tienen todavía algo que nosotros ya hemos perdido. Me fascina su mirada limpia y su concepción del tiempo.

 

Seguro que tienes algunos proyectos nuevos en preparación. ¿Podrías adelantarnos algo, al menos sobre sus temáticas?

 

Tendré dos atractivas exposiciones en España. Una con el tema de lo maternal, de la diosa Madre. Y otra con el tema de la Botánica del Silencio: la Botánica del Císter. Las dos en lugares privilegiados y en clave Oriental.

 

 

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Un comentario
  • avatar
    enrique viloria vera
    agosto 25, 2017

    En esta muy feliz ocasión, presenciamos una doble conmoción del poeta que ama por igual a plantas y flores, como a los versos y a la poesía. Con especial asombro, admiramos la monumental instalación que se compone de una gran espiral Áurea de 17 metros, de la que cuelgan 19 rollos de papel de fibra de bambú con motivos florales del celebérrimo herbario de Johann(es) Hieronymus Kniphof.
    Con igual asombro, disfrutamos- ahora dibujados- de los transfigurados y dicentes poemas de los amigos y colegas que el pintor – calígrafo ilustra con denodada majestad, en especial el de su amigo y hermano Alfredo Pérez Alencart, que usa – magnánimo – para darle título y densidad a esta exposición de antología.
    Resta sólo decirle a Miguel Elías, al pintor – calígrafo, que con este pasaporte al corazón:
    El poeta eres tú.

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