EN EL DÍA DEL LIBRO Y DE CERVANTES. EL DONOSO ESCRUTINIO (MUÑÓZ QUIRÓS, ALENCART Y PÉREZ LÓPEZ)

 

 

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Crear en Salamanca tiene el privilegio de publicar algunos extractos del libro ‘EL DONOSO ESCRUTINIO V Ciclo de Conferencias en la Biblioteca Pública de Ávila’, que se presentará mañana en Ávila. Aquí les dejamos el prólogo firmado por el poeta abulense José María Muñoz Quirós, coordinador de esta iniciativa, y algunos extractos de la intervenciones de Alfredo Pérez Alencart y María Ángeles Pérez López, poetas y profesores de la universidad de Salamanca. En el libro también están las otras cuatro conferencias del ciclo: César Díez Serrano (El disfrute de la literatura), Pablo Garcinuño García (Libros que han marcado mi vida), Pilar Álvarez Areces (Lo que me interesó desde mi adolescencia)  y Gemma Orgaz Jiménez (Una vida trazada por libros).

 

Agradecemos a Jesús Ángel Clerencia, Director de la Biblioteca Pública de Ávila, el habernos anticipado esta publicación editada por la Junta de Castilla y León.

 

FOTOGRAFÍAS DE JACQUELINE ALENCAR

 

 

2 Jesús Ángel Clerencia, Alfredo Pérez Alencart y José María Muñoz Quirós

Jesús Ángel Clerencia, Alfredo Pérez Alencart y José María Muñoz Quirós

 

EL DONOSO ESCRUTINIO

José María Muñoz Quirós

 

Este nuevo escrutinio que ahora ve la luz después de que se haya hecho palabra en las distintas sesiones que han construido su presencia, tiene todos los ingredientes que forman la peculiaridad de esta actividad: la diversa mirada sobre los libros, la distinta selección desde las valoraciones propias de los escrutadores, los géneros que configuran su salvación de la hoguera en el fuego secreto de la memoria. Todo ello siempre encendiendo en cada una de las aportaciones una luz que, al lector posible de estas propuestas, le abre el camino, le da señales de complicidad, le ofrece una mano de afectos y de sorpresas. Los libros (esos objetos de mágica existencia) vuelven a los anaqueles del corazón, a las estanterías de la biblioteca personal de cada uno, a los instantes de silencio compartido, a la meditación y al aprendizaje secreto de las cosas.

 

Salvada cada historia por cada uno de los posibles lectores, los libros buscan un descanso en nuestros ojos que se sacian con sus páginas, que no se cansan de beber en sus chorros las frescas aguas

vertidas con la limpia sensación de cada propuesta, de cada rasgo y de cada gesto en todos los libros que abren en nosotros un cierto camino hacia la libertad.

Han sido, como el lector podrá comprobar, un conjunto de sensaciones vertidas en experiencias personales que se convierten en itinerarios de luz, en destinos con un horizonte por descubrir, una pista que nos regalan en el sendero de nuestra propia identidad lectora.

 

Y ha sido así porque cada participante en este escrutinio ha dejado sus preferencias encima de nuestros ojos para que las miremos con detenimiento, con curiosidad, palabras tan imprecisas como necesarias,

para que les acompañemos en su ruta de conocimiento, en sus emociones más hondas, en su territorio de búsqueda y de participación que comenzamos a desentrañar en cada libro.

 

En este último recoveco de nuestra curiosidad, en este año de libros que se abren paso entre las sombras de nuestra imaginación, ha habido sitio para todos: novelas y aventuras, poemas y libros de nuestra infancia, islas de la evocación y del recuerdo. Un ciclo más que es como una vuelta más, como un retorno reencontrado en los invisibles paraísos de la lectura.

 

Y han sido también distintos mundos de procedencia: el periodismo, la escritura, la enseñanza, la poesía y el hermoso oficio de librero (tal vez el último soñador de paraísos imposibles…).

 

Volvemos siempre a los libros como se vuelve al primer amor, a la primera sombra de un camino o al primer paisaje que cosechó nuestro anhelo de belleza. Volvemos con el gratificante deseo de saber más, de vivir en más espacios desconocidos, de practicar en más abismos sin temor a nada, de conocer más emotivos sueños que tal vez son también nuestros.

 

El donoso escrutinio salva y abraza todo aquello que los lectores seamos capaces de salvar y abrazar.

 

 

3 Un momento d ela intervención de Alfredo Pérez Alencart

Un momento d ela intervención de Alfredo Pérez Alencart

 

VIAJE Y COMPRENSIÓN DEL MUNDO.

Lecturas desde Maldonado a Salamanca

Alfredo Pérez Alencart

 

 

Temo parecer ingrato por no citar o hacer balance de lo mucho que debo a buen número autores. El leerlos y el haber entrañado sus obras de cierto que me han hecho más humilde y más sensible ante la realidad del ser humano en sociedad. Unos me hicieron viajar de lo lindo, como Emilio Salgari o Julio Verne, pues a los 11 años ya conocía Java y Borneo por obra y gracia de Sandokán y sus tigres de Mompracem; o bien había dado la vuelta al mundo, cual Philleas Fogg, o me sentía como Miguel Strogoff, el correo del zar, atravesando las estepas siberianas y entrando  a la ciudad de Irkutsk.

 

También en Puerto Maldonado, mi ciudad natal enclavada en la Amazonía peruana fronteriza con Brasil y Bolivia, tuve una primera llamada de atención sobre la realidad social de mi país. Fue a través del cuento ‘Paco Yunque’, de César Vallejo, de lectura obligada en todas las escuelas peruanas. Durante mi adolescencia también leí a los clásicos rusos, especialmente a Tolstoi, Gogol y Dostoievski, con sus monumentales Guerra y paz, Tarás Bulba y Crimen y castigo, pero sin dejar de leer novelas como El conde de Montecristo, Los tres mosqueteros o Tulipán negro, de Alejandro Dumas, además de las obras de Charles Dickens (especialmente Los papeles póstumos del Club Pickwick, Oliver Twist, Historia de dos ciudades y David Copperfield), pero sin dejar de lado abundantes revistas de chistes o historietas (cómics), entre las que quisiera destacar el humor de Condorito. Tenía cierto pudor de desvelar esta verdad, pero una reciente entrevista a Kazuo Ishiguro, el nuevo Premio Nobel de Literatura, me tranquilizó, pues comentaba que su próxima novela será un homenaje a los Manga que su abuela le mandaba desde Japón. Por eso insisto en que debe reconocerse aquello que nos ha nutrido como lectores, pues son válidas todas las formas de narrar historias.

 

Ya en Lima, entre los 16 y los 22, y mientras estudiaba los seis años de la carrera de Derecho, leí a varios de los grandes narradores peruanos, tanto los que abordaron la temática indígena y la reivindicación social, como José María Arguedas (Los ríos profundos o Todas las sangres), Ciro Alegría (El mundo es ancho y ajeno y Los perros hambrientos) y Manuel Scorza (Redoble por Rancas), como a quienes universalizaron la literatura peruana, Mario Vargas Llosa y Alfredo Brice Echenique, de quienes me quedaría con La guerra del fin del mundo y La vida exagerada de Martín Romaña. Pero si tuviera que elegir solo a dos escritores peruanos, ellos serían el cuentista Julio Ramón Ribeyro, pues su compilación de cuentos completos, La palabra del mudo, me marcó para siempre. El otro sería uno de los más grandes poetas de todos los tiempos, César Vallejo. Unos prefieren Trilce, pero yo me quedo con su primer libro, Los heraldos negros. En Lima también ‘descubrí’ las obra de Franz Kafka (me marcaron indeleblemente El castillo, La metamorfosis y El proceso),   y a Heinrich Böll (Opiniones de un payaso).

 

A Salamanca llegué, cumplidos los 23 años, con un título de abogado en la maleta. Tras 32 años de residencia qué duda cabe que Salamanca se ha convertido en mi segunda ciudad-matria. Llegué conociendo la obra poética y la trayectoria admirable del encarcelado por la Inquisición, Fray Luis de León, a quien dediqué un amplio homenaje poético en 2013, titulado Decíamos ayer, volumen donde se incluyó una selección de su obra y la traducción de su famosa décima ‘Al salir de la cárcel’, trasvasada a 50 idiomas. Lo mismo hice con mi admirado Miguel de Unamuno, cuando en 2012 coordiné un magno homenaje poético, publicado bajo el título ‘Di tú que he sido’.  Así saldé parte de lo que les adeudaba tras leer sus obras.

 

4 A. P. Alencart, con el cartel de su conferencia

A. P. Alencart, con el cartel de su conferencia

 

ENTRE GRIEGOS Y LATINOS

 

A los pocos meses de llegar a Salamanca, y tras la imborrable acogida que en la Facultad de Derecho me ofreciera Carlos Palomeque, conocí al maestro Alfonso Ortega Carmona, entonces catedrático de Filología Griega y Latina en la Universidad Pontificia, quien fue mi introductor al fabuloso mundo de la literatura greco-latina, la cual empecé a degustar de verdad, especialmente de sus propias traducciones de Píndaro, Safo, Alceo de Lesbos, Virgilio, Prudencio, Quintiliano u Horacio, además de sus imprescindibles ensayos como Introducción a Homero, primer poeta de Europa o Platón, primer comunismo de Occidente. Inmensa gratitud debo al jurista Palomeque y al poeta Ortega Carmona, mi segundo padre y quien, las muchas veces que comía en mi hogar, no cesaba de considerarme animae dimidium meae, tal como Horacio se refería a Virgilio.

 

En estos tiempos donde -más que nunca- priman las prisas y los artilugios tecnológicos que crean adicciones a golpe de redes y likes, es cuando con mayor fervor voy reconcentrándome en aquello que realmente conviene a mi espíritu: releer a algunos clásicos de la poesía griega, de aquellos inmensos aedos que pusieron los cimientos de la cultura occidental.  Así, hace pocos días volví a hojear dos de los varios volúmenes impresos en la Biblioteca Clásica Gredos que conservo. Los tengo muy subrayados porque me han enseñado demasiado. Pongamos como primer ejemplo a Calímaco, el  poeta de Cirene, cuando en su Epigrama LVIII, escribe: “Quién eres, náufrago extranjero. Aquí, sobre la playa, Leóntico ha encontrado tu cadáver, y lo ha enterrado en esta tumba, deplorando su propia y azarosa existencia. Pues también, como la gaviota, con inquietud recorre los mares” (Himnos, epigramas y fragmentos). Vivió entre los siglos IV y III a. C., pero entiendo que nadie de la España de este siglo XXI podría catalogarme de ‘carca’ por citarlo, pues lo que refleja nos resulta muy actual. He ahí el valor de lo que dejan, ya para siempre, los buenos poetas.

 

El otro libro contiene las Odas y fragmentos de Píndaro, traducido por Ortega, el cual me viene acompañando desde hace varios lustros. En su Pítica II nos dice el poeta de Beocia: “En todo gobierno es útil el hombre de verídica lengua”. Qué actual me resonó este verso, máxime cuando a diario tenemos a nefastos ejemplos contrarios, y no solo en los políticos catalanes que están llevando al abismo a su región. Y sigue Píndaro: “Pero es imposible que el ciudadanos mentiroso pueda lanzar palabra eficaz entre los buenos. Como un perro mueve ante todos la cola y teje entera ruina”. Y más, ya en la Pítica III: “Hay un pueblo, entre la gente, el más frívolo de todos: aquel que avergonzado de lo patrio, otea lo lejano, a la caza del viento, con esperanzas que nunca se cumplen”.  ¿Quieren más actualidad?

 

5 Alencart y Muñoz Quirós

Alencart y Muñoz Quirós

ALGO DE POESÍA ESENCIAL

 

Trazada esta breve cartografía en torno a ciertos libros y autores que me han marcado a lo largo de casi cinco décadas como lector a ultranza, antes que escritor, trataré de no desvirtuar el modelo que se ha establecido para estos ciclos de conferencias que rinden homenaje a Cervantes y a su Quijote, bajo el rótulo de ‘El donoso escrutinio’.

 

Para ello, y para no resultar demasiado pesado, me centraré en algunos poetas cuya obra me sigue nutriendo en demasía.

 

Además de los ya citados, abundantes son mis autores de referencia en el ámbito poético, pues van desde Matsuo Basho a Luis Cernuda, pasando por Emily Dickinson, Juan de Yepes, Alejandro Romualdo, Cervantes, Gastón Baquero, Gonzalo Rojas, Jesús Hilario Tundidor, Olga Orozco, Kavafis, León Felipe, Emilio Adolfo Westphalen, José Hierro, Borges, Francisco de Quevedo, António Salvado, Unamuno, Fray Luis de León, Pessoa, Francisco Brines, Álvaro Alves de Faria, Ramón Palomares y otros, a la mayoría de los cuales he hecho selecciones antológicas como muestra de admiración, o he escrito un poemario en señal de entrañamiento, como es el caso de mi libro Ofrendas al tercer hijo de Amparo Bidón, todo él dedicado a Luis Cernuda. Esta opción por la poesía se deriva de mi entendimiento que la Poesía te ofrece alas para volar sobre la historia del hombre. Un poema magistral contiene en sus versos más de historia verdadera, psicología, filosofía, geografía… que algunos manuales al uso.

 

De los poetas que admiro suelo hacer antologías, selecciones de los poemas que me conmueven en lo más profundo. No podré extenderme en todos porque debo hacer un escrutinio de unos pocos. No obstante, puedo indicar los títulos de buena parte de las antologías por mí seleccionadas y publicadas: José Hierro (La luz más pura, 2002); Francisco Brines (Amada vida mía, 2004); Ramón Palomares (El canto del pájaro en la piedra, 2004, y Sobrevolar Salamanca, 2013); Gonzalo Rojas (América es la casa y otros poemas, 1998); Jesús Hilario Tundidor (La tierra que más amo, 2003); Victoriano Cremer y Olga Orozco (Un fulgor de cada orilla, 2001); António Salvado (Los dominios de la mirada, 2000, y La hora sagrada (2011), Hugo Mujica (La altura del vuelo, 2013); Reynaldo Valinho Alvarez (Medida del mundo, 2009); Álvaro Alves de Faria (Habitación de olvidos, 2007); Aníbal Núñez (Explicación de la derrota, 2017) o Nancy Morejón (El huerto Magnífico de todos, 2008). Otro, como Basho, orbita en todo mi poemario Savia de las antípodas. Y así seguiríamos…

 

Y si de rescatar se trata, prefiero siempre la obra completa o las antologías con los textos esenciales del poeta que admiro y me conmueve. Veamos qué les traigo para este Donoso escrutinio:

 

EMPECEMOS POR FRAY LUIS: DECÍAMOS AYER

MIGUEL DE CERVANTES: AL HIDALGO POETA

MIGUEL DE UNAMUNO: DI TÚ QUE HE SIDO

GASTÓN BAQUERO: POESÍA COMPLETA Y PALABRAS DEL INOCENTE

LEÓN FELIPE: HE MUERTO… Y HE RESUCITADO

ALEJANDRO ROMUALDO: MAPA DEL PARAÍSO

TERMINEMOS. LA BIBLIA Y SU MANANTIAL POÉTICO

 

***

 

Me he decantado por la Poesía porque, como bien estimaba Calímaco, “Contra todos los males Poesía es el fármaco apropiado” (Epigrama XLVI).

 

Así lo entiendo y así lo siento.

 

 

(*) La amplia intervención de Alencart aparece editada entre las páginas 59 y 88 del libro. Por eso solo se señalan los títulos de los libros por él abordados.

 

 

 

6 María Ángeles Pérez López, en las murallas de Ávila

María Ángeles Pérez López, en las murallas de Ávila

DEL ESCRUTINIO Y OTROS MODOS DE RESPIRACIÓN

María Ángeles Pérez López

 

 

Mi escrutinio no es donoso. Está atravesado por la intensidad y la asfixia, de forma que solo me voy a referir a aquellos libros sin los que no habría aprendido a respirar.

 

Aquellos que me enseñaron el asma, el balbuceo y la desesperación al inhalar oxígeno. Sé bien (creo saber bien) que los libros ocupan bibliotecas hexagonales y perfectas ante

las que solo queda la consternación de quien las transita. Puede que únicamente tengan, como soñó Borges, 410 páginas por libro, 40 renglones por página y 80 símbolos por renglón, pero a mis ojos siempre han sido infinitas. Han contenido la totalidad. Y nosotros nos movemos en ellas como quien ha entrado en el laberinto y persigue con su hilo de Ariadna el modo de regresar hasta sí. Entre la estupefacción y el deslumbramiento, así me siento yo ahora.

 

Comenzaré impugnando el fuego ante los libros, rechazándolo. Sé que el fuego alguna vez fue un animal y aprendimos a domesticarlo. Pero la pregunta que siempre me he hecho es quién domesticó a quién. En todo caso, los nombres siempre bajan hasta el fuego: bajan las lanzas, las manos perfumadas de resina, los códices que Diego de Landa quemó en Yucatán, la Biblioteca de Alejandría con su despiadado recuento de volúmenes perdidos y el año 33 en la Plaza de la Ópera en Berlín (quemar cuerpos y libros termina pareciéndose, alguna vez el fuego fue un cuerpo insólito, como el de un animal).

 

7 Lectura de María Ángeles Pérez López

Lectura de María Ángeles Pérez López

 

¿Es posible entonces celebrar la misma ceremonia?

 

Propongo un imaginario distinto: ni el laberinto exasperante de Borges ni la altura del fuego ante los alfabetos rotos, sino el de la isla desierta con aquello que resulte imprescindible… Aunque aquí yo también naufrago porque son tantas las personas y páginas (y más personas y páginas) que me he hundido sin empezar siquiera a navegar.

Pero imagino entonces que los libros conforman brújulas para la noche de la especie, son la vela con la que soñó el viento y cedo agradecidísima a la preciosa invitación de la Biblioteca Pública de Ávila, a través del poeta José María Muñoz Quirós, para proponer los siguientes libros como los compañeros de una vida (¿de catorce vidas?).

 

TRILCE DE CÉSAR VALLEJO

 

Me he preguntado en otra ocasión si es posible salir indemne de este libro. Mi respuesta es antigua y nueva: en 1962, el antipoeta Nicanor Parra fue el encargado de pronunciar el discurso de recepción de su compatriota Pablo Neruda como miembro académico de la Universidad de Chile. Sus palabras iniciales fueron: «Hay dos maneras de refutar a Neruda:/ una es no leyéndolo, la otra es leyéndolo/ de mala fe. Yo he practicado ambas,/ pero ninguna me dio resultado».

 

(…)

8 José Ben-Kotel y María Ángeles Pérez López, en Filología

José Ben-Kotel y María Ángeles Pérez López, en Filología

 

LLAMANDO AL YETI DE WISLAWA SZYMBORSKA

 

De la gran poeta polaca Wislawa Szymborska (1923-2012), Premio Nobel de Literatura en 1996, traigo un poema que siempre me ha acompañado, porque creo con Gelman que la poesía mira a los ojos de la muerte y me pregunto qué se acercará ese día hasta mí:

 

NATURALEZA MUERTA CON GLOBO

 

A la hora de morirme

en vez de los recuerdos

solicito el retorno

de las cosas perdidas.

Que entren por las ventanas y puertas

el paraguas, la maleta, los guantes, el abrigo,

para que pueda decir:

de qué me sirve todo esto.

Los imperdibles, el peine, ese y aquel,

una rosa de papelina, una cuerda, un cuchillo,

para que pueda decir:

no siento pena por nada.

Dondequiera que estés, oh llave,

procura llegar a tiempo,

para que pueda decir:

es herrumbre, querida, es herrumbre.

Caerá una nube de certificados,

pases y encuestas,

para que pueda decir:

el pequeño sol se pone.

Oh reloj, sal a flote del río,

déjate coger entre las manos,

para que pueda decir:

finges la hora.

Aparecerá también un globo

raptado por el viento,

para que pueda decir:

aquí no hay niños.

Vuela por la ventana abierta.

Vuela por el ancho mundo

y que alguien exclame: ¡Ay!

para que pueda llorar.

 

 

(…)

 

 

VALSES Y OTRAS FALSAS CONFESIONES DE BLANCA VARELA

 

La poeta peruana Blanca Varela (1926-2009) es una de las autoras contemporáneas a las que vuelvo permanentemente. Porque escribió que había que hacer la luz aunque cueste la noche. Revisó con intensidad el lenguaje religioso, así como sus símbolos e imágenes centrales. En ella, lo sacro y su ausencia son vacío del que brotan la ira y el dolor….

 

(…)

 

9 Salvador Retana, Antonio Oteyza, María Ángeles Pérez López y J. M. Muñoz Quirós

Salvador Retana, Antonio Oteyza, María Ángeles Pérez López y J. M. Muñoz Quirós

 

DESCRIPCIÓN DE LA MENTIRA DE ANTONIO GAMONEDA

 

 

Escribí hace tiempo palabras que retomo porque siguen siendo contundentes para mí: es difícil salir de Descripción de la mentira. Algunos poemas tienen esa extraña cualidad, la de convertirse en casas, hospitales, morgues. Territorios en los que se fija el ser y deja jirones de sí cuando consigue marcharse.

 

Así me ocurre con Descripción de la mentira. Podría pensar en otros textos de Antonio Gamoneda (1931) igualmente imprescindibles –como el Libro del frío–, pero hay en Descripción de la mentira una cualidad material asfixiante que se convierte en una poética del ahogo (moral, verbal, tonal). La lengua se oxida porque es la que nombra

la mentira, la crueldad, a los pequeños que sueñan con cuchillos, y su óxido hace deseable el silencio aun sabiendo que duele tanto porque se trata de la salud que sucede a la desesperación.

 

(…)

 

LA CASA ROJA DE JUAN CARLOS MESTRE

 

En este libro, que fue Premio Nacional de Poesía en 2009, Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, 1957) afronta a uno de los dilemas más complejos de nuestro tiempo: el de nombrar, en una lengua que se sabe desgastada, los perfiles de la imaginación que persigue «la salud del bien» y se propone por tanto como un esfuerzo de «repoblación espiritual del mundo». Son términos con los que el propio Mestre se

ha referido a su tarea como creador, aunadas por una búsqueda de lo poético como matriz y cuya sustancia generadora es siempre un compromiso ético inalienable.

 

(…)

 

Llegados hasta aquí, regreso al fuego y su boca sin boca. Alejo de él los libros, incluso los insulsos, los agostados por su propia banalidad, los terribles, los odiosos, los aburridos, los que tal vez no merecieran la clorofila gastada en ellos, pero que también fueron escritos y puestos en pie en el mundo.

 

Alejo del fuego todos los libros. En los pocos que traje hasta aquí busco el oxígeno que falta: el que entregan, el que restan.

 

 

(*) La intervención de Pérez López está incluida entre las páginas 89 y 100 del libro.

 

 

 

10 Pilar Álvarez Areces, Pérez López y Alencart (sentados, de izqda a dcha.) en una lectura en Ávila

Pilar Álvarez Areces, Pérez López y Alencart (sentados, de izqda a dcha.) en una lectura en Ávila

 

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