SEIS POEMAS DEL ESCRITOR BENITO GONZÁLEZ

CREAR EN SALAMANCA presenta una selección de seis poemas de Benito González García, poeta y novelista  salmantino, en los que la emoción y la palabra recorren, como un mismo cauce, los territorios siempre inciertos del deseo, la memoria y la esperanza.

En estos seis poemas el lector recorre ciudades interiores, ventanas abiertas a la espera, cauces antiguos y caminos que conducen siempre hacia un que unas veces está presente y otras se aleja hasta confundirse con el silencio. Pero en ese recorrido permanece la palabra: el poema como refugio, como memoria y también como una forma de seguir esperando.

Hay en estos versos una voluntad de convertir la experiencia íntima en paisaje poético. El amor se hace ciudad, lluvia, noche, desierto, río o ventana; y el poeta continúa avanzando por ese territorio, consciente de que, en ocasiones, escribir es también una manera de no perder aquello que amamos.

 El poeta Benito González

 

POEMAS

 

 

 

Aquí

 

 

Aquí, en la claridad de tu piel,

intacto el tiempo se hace sangre en mis venas,

y grito alrededor del alba

tu nombre existencial

con la intensidad de la noche.

 

En una tregua de ausencia

voy narrando mi historia

en un papiro antiguo,

donde la madurez de una pluma

deja su tinta hirviendo en los surcos del recuerdo.

 

Fuera de aquí, de mi entorno,

se hace inocencia el silencio

con ese mutismo que desconcierta

y me expulsa de tus sueños cada madrugada,

como un torrente de versos

en los labios de este insaciable poema.

 

Lejos de aquí, acuchillo

la vereda oscura de mis secretos,

mis inconfesables anhelos

de ser incendio en tus piernas,

prolongando este amor

que alimenta este desgaste del alma

que soy sin ti.

 

Porque aquí, solo aquí,

voy recogiendo el préstamo del abismo

que ha de amordazarme

a un desierto sin dunas,

al costado herido de la oscuridad,

sobre el que he de morir

…amándote.

 

 

 

Atraviesa

 

 

Atraviesa esta ciudad desierta

que se expande en mí,

este universo de noches de hotel

en el que busco incansable

la droga de tu cuerpo.

 

Ven, no dejes en un breve escalofrío

la penumbra de mi necesidad,

alza las sabanas

y en la longitud del tacto

adéntrate buscando el delirio,

el verso exacto de mi piel.

 

Derrumba en la extensión de un beso

el sonámbulo recorrido

de las calles vacías de mis dedos,

las angostas avenidas de mi cuello,

que sean tus manos

un tropel de caballos

cabalgando sobre la nieve

de mi pecho.

 

No dejes en los cantares de derrotas

la posibilidad de alcanzar las nubes

de la extinta lengua de los poetas,

cubre con tu velo azul

el pregón incansable que dejo en las calles

para suavizar mi condena.

 

Pero, llega, y atraviesa

la puerta cerrada de mis labios

y recoge de su interior

todas las estrellas

que brillarán ante tu llegada.

 

 

 

Para soñar

 

 

Para soñar…

has de hilar el aire.

 

Debes escapar de la realidad

prosaica y azul vulgar,

 

Has de salir del embeleso,

imantando poemas

en la piel del viento.

 

Has de abandonar la brisa

en una ensoñación abierta,

donde la frescura de tu cuerpo

limpio y cálido, casi éter,

se ciña a la lluvia

con floración de pétalos.

 

Has de uncir los pies

en una arena violeta,

en el reverbero que deja la luna,

a ras de los besos y el murmullo.

 

Has de arrojar los mortales tacones

para divisar sol rojo de un desierto lento.

 

Y caminar sola,

perdiéndote humilde y descalza

en la ondulación sedosa de las dunas.

 

Y desaparecer…

en una ausencia larga

persiguiendo la estela

de una mano de poeta

que rescatar puedas del vacío.

 

Para soñar…

has de hilar la nieve

que te hace única.

 

 

En algún momento

 

 

En algún momento saldré a la calle
a buscar la silueta de mi pensamiento,
preguntando si alguien vio mis recuerdos.

Preguntaré ¿cuándo fue mi último beso?
Cuando fue aquel tan delicado,
que agitó mi alma al viento.

Aquellos recuerdos que dejé en las ventanas
de todas las farolas desiertas,
entre el bullicio de la gente,
entre los bancos del parque
bajo una luna abierta.

Porque sin ellos soy tan frágil,
un ser vacío, un poeta en el miedo
intentando recuperar su viaje.

Iré usurpando de mi alma la sonrisa
que quedó colgada de mi tristeza
como un rosal abatido por la recóndita brisa.

¡¿Donde? ¿Dónde dejé mis poemas?
Los que te escribía en silencio,
aquellos que creaba para recorrer tu cuerpo.

En algún momento buscaré mis recuerdos,
los que enterré entre la lluvia y el cielo
los que contenían las ansias
de tu mirada y tus besos.

 

 

Mi desolada ventana

 

 

Siempre hay un cielo encendido

en mi desolada ventana,

por la que miro el destino,

en la que soy estatua de sal,

un clavo de la cruz del viento,

un viajero enfermo

en la oculta tristeza de esperarte.

 

Inútilmente ilumino mi casa

con la sangre vieja de mi existencia,

y pinto en el mural del aire

colinas de incienso,

versos de clorofila

con letras azules de recuerdos.

 

Otras veces, recojo la lluvia

en un cesto invisible

y me lavo la cara

para ser lectura amante a tu llegada,

que sea un rosal de abril

mi sonrisa de temblor poético.

 

Me asomo a la ventana,

en esa que veo

el profundo fin que soy

en el rocío de tu ausencia, y aprecio,

el cántaro agónico que surge de mi pecho,

cuando mi ansiedad abandera

esta agonía que salta en mi mirada

…esperando verte llegar.

 

 

 

Viejo cauce

 

Existe un cauce invisible,

de húmeda luz,

en la sombra más anegada,

donde la tibia penumbra

sabe conducirme hacia ti.

 

Accedo por laberintos

a tus manos extendidas,

a través de los candiles blancos

de la memoria,

colmando mis pasos

con la penuria ferviente

de alcanzar tu presencia.

 

Es un cauce quebradizo

sobre el que merodean,

impunes,

los silencios,

las barcas del olvido,

el temblor de los presagios.

 

Alberga el terror desprendido

de los caballeros muertos,

el desaliento de las almas

que liman sus dientes en la sombra,

las sendas frágiles

que descienden al infierno.

 

¡Oh, viejo cauce,

en cuya orilla florecen

las rosas

y los libros de versos,

conmoviéndolo todo

con tu secreto!

 

A veces pasan junto a mí

los antiguos remeros

de todos los barcos perdidos

…navegantes del miedo,

me miran

con sus ojos cargados de siglos,

con el ahogo

de conocer la derrota.

 

Yo les digo

que navego hacia el alto mar

de tu cuerpo.

 

Ellos me entregan

una pluma de tinta

y una flor de hielo,

porque saben

que este cauce

desemboca únicamente

al final de los tiempos.

 

Pero sigo aguardando

que la voz del alba llegue

con uno de tus besos.

 

Entonces,

mansamente me hago lluvia

para volverme manantial

y continuar fluyendo

en el cauce poético

…de mi vida

…esperando tu encuentro.

BENITO GONZÁLEZ

 

Benito González García (Salamanca, 4 de marzo de 1959)
Estudió Relaciones Laborales por la Universidad de Salamanca y posee el máster de Creación Literaria de la USAL.
Se formó en Alemania (hijo de emigrantes), donde comenzó a escribir a través de la admiración de los poetas del romanticismo germano Friedrich Hölderlin y Heinrich Heine.

Fue el poeta del XXX Día de las Casas Regionales de Castilla y León, en la ofrenda floral a la Virgen de San Lorenzo, en Valladolid, a la que asistió el presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez Pérez.

Ganador y finalista de varios premios de poesía y de relatos.

Tiene publicados tres poemarios, Al silencio de tu sonrisa (2005), Orquídeas en poemas de nieve (2022) y Huellas (2026)

Tiene además cinco novelas Tiempo de espinas, Barbarie finalista del Premio Planeta de novela 2021 y finalista del premio Ateneo Ciudad de Valladolid 2020, La Sentencia, ganadora del X Premio Hispania Novela Histórica, Lágrimas de poeta (publicada en español y alemán) y en breve presentará, en dos tomos, la novela Quilintay Luz del anochecer y Quilintay el principio.

En 2024 recibió el primer premio del I Certamen nacional de poesía “Entre adobes y tapiales” por su poema Los días tristes.

En julio de 2025 ha ganado el Premio “Ernest Hemingway”, de literatura en español, convocado en EE. UU.

Es además, locutor de radio, llevando adelante durante 25 años el programa Vinilos a 45 en Radio Oasis Salamanca y presidente de la Asociación Poético Musical HOMERO.

 

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