ROSANA LARGO, CREATIVIDAD Y FANTASÍA DE UNA DE LAS ARTISTAS MAS RECONOCIDAS DE NUESTRA TIERRA.

 

“Crear en Salamanca” presenta a sus lectores una entrevista a la artista vallisoletana, de orígenes palentinos y salmantinos, Rosana Largo. Considerada una de las 100 artistas más influyentes del mundo, sus obras artísticas hiperrealistas se han mostrado en los principales museos y ha recibido numerosos galardones como el Premio Miguel Ángel, el Leonardo Da Vinci, el Caravaggio, la Medalla de Oro de la Sociedad de Artistas de Paris y el Premio Pegassus en el Festival de Venecia. Dedicada a sus museos, el de los Cuentos en la Villa del Libro de Urueña y el de los Cuentos y la Ciencia en Paredes de Nava, Rosana Largo está entregada a su tierra y a una creatividad sin límites que recorre de la mano de Charo Alonso, periodista cultural, escritora y conocedora de su trabajo. Un trabajo más allá  del lienzo, con impresionantes esculturas volumétricas, que nació en la librería de sus padres entre libros de arte y cuentos troquelados y que en la actualidad, muestra vestidos que desfilan en los más diversos escenarios, como la última edición de Fitur en la que sus vestidos cuadro y esculturas vestidos salieron a la Plaza de Callao con gran admiración por parte del público. Unidas por el arte y la literatura, la pintora y la escritora pasan revista a una particular trayectoria artística que sorprende por su originalidad y conmueve por su cercanía y su apasionamiento.

 

Entrevista de Charo Alonso

Fotografías de Fernando Sánchez Gómez.

 

       Rosana Largo . Foto de carmen Borrego, en la Casa Lis, Salamanca

 

Llega a la preciosa plaza vallisoletana llena de gente envuelta en el aura de la que apenas es consciente. Siempre vestida de colores vivos, Rosana Largo parece trazada con una pincelada amarilla, roja, intensa, sorprendente. Y su voz tiene un eco de cristal y sorpresa, interesada por el interlocutor, presta a la pregunta, al afecto, al cariño, pura cadencia. Estamos junto a Rosana Largo y cuando pensamos en su obra, su extensa, su increíble obra artística, nos preguntamos dónde reside la magia de esta mujer salida directamente de un cuadro renacentista.

Charo Alonso: Rosana, los que conocemos tu trabajo apenas podemos creer que no hayas estudiado Bellas Artes, ni siquiera acudido a una academia.

Rosana Largo: Nada, todo es mí es autodidacta. Lo que he hecho siempre es ir experimentando, trabajando de continuo con materiales. Yo no he acudido a clase y no he tenido mayor referente que los clásicos a la hora de descubrirlo todo. Llevo estudiándolos desde que era cría, son la mejor fuente de inspiración, los clásicos, sobre todo la pintura flamenca, que me apasiona, o la pintura renacentista. Todo eso es lo que realmente me ha enseñado.

Foto: Fernando Sánchez Gómez

 

Ch.A.: Pero es increíble que no te hayan enseñado perspectiva, dibujo técnico… algo…

R.L.: La verdad es que ha sido todo a base de ensayo y error. Yo sabía unas pautas porque es verdad que he leído mucho desde siempre. De niña ya iba al Museo del Prado, te estoy hablando de que con siete años contemplaba las gamas de colores las desestructuraba por así decirlo y aprendía esos tonos del rojo, los azules, los opuestos. Era algo que yo tenía asimilado porque lo leía, me apasionaba, era como un juego hacer una ruleta para el estudio de los colores, los opuestos, los complementarios…

Ch.A.: Pero en algún momento dejaría de ser un juego para convertirse en un trabajo.

R.L.: Empecé como empezamos todos en pintura, en plan hobby.  Luego ya vamos profesionalizándonos cuando hacemos la primera exposición más seria. La mía fue en el Palacio Pimentel en Valladolid. Debía tener 19 años, 21 como mucho. Ahí dije, esto es lo mío porque observas que la gente tiene interés por tu trabajo, haces feliz a quien ve tu trabajo.

Ch.A.: Eras muy joven para empezar en un lugar tan importante ¿Cómo les convenciste de que tu trabajo merecía ese espacio?

R.L.: Fue algo muy particular. Una persona que trabajaba en Diputación, Raquel Prieto, visitó nuestra librería familiar en Urueña y se dio cuenta de que ahí había materia prima. Me dijo: “Rosana, yo quiero que esto lo exhibas en la Diputación Provincial de Valladolid”. Para mí aquello era todo un mundo y ella fue la que se encargó de mediar para que yo pudiera poner ahí mi primera exposición. Imagínate, yo que siempre he admirado tanto la historia y decir, aquí nació Felipe II y yo voy a exponer ahí. Ese fue un primer paso muy importante. Después, lo siguiente fue el Museo de la Ciencia de Valladolid, porque digamos que ahí doy un paso de gigante: pasar de representar la literatura propiamente infantil, como son los cuentos, a abordar otra temática, que son los cuentos vinculados a la ciencia. Ahí hay un antes y un después, porque empiezo a hacer exposiciones científicas que combinan ese trinomio que son los cuentos, la ciencia y el hilo conductor del arte. Y así hasta derivar en el actual Museo de los Cuentos y las Ciencias de Paredes de Nava que es, digamos, el epicentro de todo mi trabajo.

Foto: Fernando Sánchez Gómez

 

Ch.A.: Visité Urueña con mi hija pequeña y la fotografié delante del Ratoncito Pérez. Cuando te conocí allí en la presentación de una de la ediciones de “Contamos la Navidad” apenas me podía creer que fueras la autora de la obra de aquel museo.

R.L.: Es la magia. Digo siempre que entiendo a Alicia en el País de las Maravillas, porque a veces veo que vivo en un mundo un tanto surrealista que me hace muy feliz. Ese encuentro que tuvimos en el que me contaste esto y esa sinergia que se formó después con la portada de la antología de cuentos de Castilla Ediciones Contamos todas, para mí fue algo mágico, pero eso es mi día a día. Intento innovar en mi trabajo, pero sobre todo, para hacer feliz a la gente, que la gente disfrute con mi arte. Eso parece algo muy lógico, muy cotidiano y muy manido, pero es así, el deseo de que a la gente le guste lo que hago, que se identifique, que llore incluso con mi trabajo, es mi empuje.

Ch.A.: No te veo yo como un artista que llores trabajando, que sufras pintando.

R.L.: No, todo lo contrario. Soy feliz pintando, sufriría si no lo hago. Lo peor que me podría pasar es no poder coger un pincel, lo que para mí es un hábito, algo sumamente natural y perfectamente integrado en mi día a día. Es como comer, yo necesito pintar y necesito crear de continuo, no puedo tener unas vacaciones, la cabeza está continuamente en marcha, divagando. Incluso me levanto por las noches para apuntar ideas en el papel…

Ch.A.: No tienes vacaciones, no tienes vida social.

R.L.: No tengo vida social. He prescindido bastante de ella porque de niña me detectan altas capacidades, lo que supuso para mí un calvario más que una virtud. Aunque lo positivo de aquello fue, aunque te aísle y vivas tu propio mundo, que me permitió proyectarme hacia lo que yo quería, hacia la pintura, hacia el arte. Si hubiera vivido otras circunstancias o salido más quizás no me hubiera dedicado tan intensamente a este mundo. Lo descubrí, me fascinó y fue algo muy íntimo porque yo misma buscaba esa intimidad. Era una niña de altas capacidades y eso, que en algunas personas y ocasiones es un calvario, siempre se enfocó, en mi caso, hacia la pintura, me permitió ir hacia el arte y canalizarlo todo.

Ch.A.: Y tan centrada en el arte… ¿cómo lograste sobrevivir a cinco años de Derecho en la universidad?

R.L.: La carrera fue realmente una imposición por parte de mi madre, pero yo sabía que eso que acabaría algún día y que luego me podría dedicar a lo que realmente me apasionaba, que era el mundo artístico. Cuando tú te formas, el poder de decisión, las posibilidades, se acrecientan, porque contemplas el bosque, no te cierras. Cuando yo estuve segura de que lo mío era el mundo artístico enfocado a la profesionalización de mi arte así lo hice.

Ch.A.: Y dejaste contenta a tu madre

R.L.: Y dejé contenta a mi madre, a mi familia, que me dijo que tenía que contemplar más posibilidades y después, elegir mi camino… y sobre todo quedé contenta yo, porque estaba convencida de que mi camino era el mundo del arte y que tenía que profesionalizarme.

 

Foto: Fernando Sánchez Gómez

 

Ch.A.: Fuiste paciente y aceptaste el consejo. Pero volvamos a tus inicios, ¿cómo os disteis cuenta de que algo era especial, diferente, Esperanza?

Esperanza Rodríguez: Yo estaba estudiando empresariales y le dije a la niña que me dibujara un círculo, lo hizo perfecto y se lo comenté a la pediatra que lo dejó pasar: Bueno, es su madre, qué va a decir su madre. Tenía dos años, ella pensó, es un acto sin más, que le ha salido. Vio a la niña y cuando esta le pintó una circunferencia la borró, la repitió y entonces dijo: estamos hablando de algo más, es imposible que una niña que apenas coge el boli pueda hacer esto.

R.L.: El arte ha sido inherente en mí desde siempre. Ya está.

Ch.A.: Pero pronto te das cuenta de que el lienzo no es suficiente para ti. Tus obras desde el principio son diferentes.

R.L.: Muy pronto empiezo a abordar el trabajo a partir de la idea de que el lienzo es una tela y como tal, está lleno de posibilidades. Por ejemplo, me da la posibilidad de llevarlo a trípticos con un soporte de madera por detrás, o de usar otros materiales como el cristal, el mármol, la propia madera. No podía reducirme al solo soporte de un lienzo que me aburría un poco, ceñirte a algo cuadrado, algo rectangular, algo redondo… quería más.

Foto: Fernando Sánchez Gómez

 

Ch.A.: Y empezaste con tus trípticos, tus cajas, tus escenografías tan detalladas de cuento… esa caja de Alicia que me vuelve loca en tu museo…

R.L.: Exacto, pero esto tiene una explicación, en la librería familiar de Urueña éramos especialistas en los libros troquelados, el pop up, lo que llaman ingeniería en papel. Yo he tenido siempre un sentido muy acusado de la naturaleza del objeto, siempre me ha apasionado la ingeniería, por qué, cómo se montan las cosas, primero destruirlas y luego montarlas. Pronto pensé en hacer composiciones tridimensionales, porque yo decía, la ilustración es maravillosa, me apasiona, pero quiero algo más allá de lo bidimensional para que la gente pueda tener esa experiencia inmersiva. Que pusiera disfrutar, retrotraerse de una forma mucho más visual, muy estética. Entonces tuve que recurrir al arte para conseguir esa estética con los cuentos.

Ch.A.: Rosana Largo pinta cuadros, pero también practica el arte objeto y construye arte instalativo, estructuras volumétricas complejas.

R.L.: Empecé con estructuras que se van haciendo cada vez más grandes, y ahora alcanzan los cuatro metros y medio. Pero no se trata solo de pasar del lienzo a la instalación, mi trabajo fue evolucionando hacia la crítica. Por ejemplo, en la Exposición “Científicas olvidadas jamás contadas” hacemos hincapié en el papel de la mujer inventora que ha pasado, por desgracia, a un segundo plano en numerosas ocasiones. No se trata solo de cuidar la estética, sino también de educar, como cuando relacionamos al cuento con los pintores de la historia.

Ch.A.: Tu trabajo tiene que tener un componente muy didáctico.

R.L.: Eso es muy importante para mí y cada vez más. Ahora hemos dado pasos de gigante abordando el trabajo de los grandes pintores de la historia desde el cuento, pero también desde el aspecto neurocientífico de cómo funciona nuestro cerebro cuando contemplamos una obra de Gaudí. Gaudí que decía “mi cliente no tiene prisa”, refiriéndose a Dios. Tenemos que pensar en cómo aborda nuestro cerebro el hecho de que toda obra tiene un principio y un fin, o cómo reacciona ante los colores, o el simbolismo que tiene el cuadro. Es algo que me apasiona y que mueve mi trabajo ahora.

Ch.A.: Siempre dices “apasionar”, y me imagino que te apasionas y te documentas y trabajas sin parar en el Museo.

R.L.: No sé hacerlo de otra manera, leo y leo y ahora mucho sobre neurociencia. En el Museo de Paredes de Nava vamos a incorporar tres apartados nuevos, uno será el Codex de Leonardo para niños, ¿por qué Leonardo para niños? Leonardo usa las matemáticas para sus inventos, eso es muy manido, pero yo busco abordarlo con una visión más humana de Leonardo, desde su persona. Por ejemplo, hay una obra muy particular que aborda la perspectiva cónica, con los fallos que tenía en la perspectiva, porque le costó muchísimo llegar a ella hasta que lo consiguió. Pero eso lo llevamos a la realidad, es decir, no lo vamos a ver en un plano bidimensional, vamos a verlo dentro de un triángulo con su punto de fuga, en madera. Tú a un público que no entiende lo que es una perspectiva cónica, porque es normal no entenderla, hay que hacer que la vea, que observe que todo parte de un punto, que los discípulos en la mesa de la Última Cena están posicionados de una forma.

Ch.A.: ¡Qué ganas de verlo!

R.L.: ¡Espero que pronto! Y algo muy original que me llamó mucho la atención y que no está muy tratado, que es la ciudad ideal de Leonardo Da Vinci. Ahí se relacionará con los grandes mecenas del Renacimiento, con los comerciantes… ¡Y a la vez veremos a los tres cerditos intentando montar su casa, porque son ingenieros, haciendo la casa de ladrillo, de paja, de madera! La ciudad ideal de Leonardo estará representada en un mobiliario que tenemos de tres metros de madera de alto, que ya expusimos en la Casa de las Ciencias en Logroño, y donde la gente estudiaba allí con minuciosidad esos gremios, por llamarlos gremios, dentro de esa ciudad. Y está diseñada con ese urbanismo que entendía Leonardo. Vamos a intentar generar más espacio en el Museo porque lo pide.

Ch.A.: Paredes de Nava, el pueblo de Palencia donde está tu museo se sentirá contentísimo contigo.

R.L.: Mi historia con el pueblo ha sido de cuento. Si hablamos de la magia, y de alguien que todo te lo pone fácil, tengo un referente que es Luis Caldero. Cuando una persona te da facilidades y tú eres una persona creativa, todo resulta sumamente fácil y dices, ahora lo voy a hacer muchísimo mejor. Todo surge de una forma un tanto coloquial, porque yo hablo con Carmen Hernández Caballero, que fue senadora y me dice: “Rosana, creo que tu obra tiene que tener un sitio fijo.  ¿Por qué no llamas a Luis, alcalde de Paredes, os reunís? Si hablé con ella a finales de diciembre ya estábamos reunidos nada más pasar el año y todo pasó el consenso de todo el Ayuntamiento, por supuesto.

Ch.A.: No hay nada mejor que un alcalde visionario que sea práctico, resolutivo y sepa ver lo que le ofrecen.

R.L.: Es una persona sumamente intuitiva, una persona que mira realmente por el pueblo de verdad y ese entusiasmo que me hizo tener por Paredes de Nava es lo que me ha hecho mostrar este pueblo allá donde voy. Me siento sumamente orgullosa de ser partícipe de todos sus proyectos y de reconocer que es el alcalde el que me nutre de ese entusiasmo. Este entusiasmo ha marcado el museo y el pueblo me ha marcado a mí. Ya sido una apuesta en toda regla

Ch.A.: Tu proyecto se une a lo que es propio de Paredes de Nava, Berruguete, Jorge Manrique, numerosas iglesias además de la desacralizada que acoge tu Museo… muchas cosas.

R.L.: Fíjate qué reencuentro más bonito. Yo tengo, aparte del vínculo familiar y afectivo con Paredes de Nava, una historia especial. Voy de pequeña a la iglesia de Santa Eulalia y allí veo la obra de Pedro Berruguete, el retablo maravilloso que hay ahí, me quedo con esa imagen y digo, yo tengo que pintar así el techo de casa, qué maravilla, quién es este señor. Te estoy hablando de que era una cría… Pinté un retablo en el techo del salón de casa de mis padres con once años inspirada por esa obra.

Foto: Fernando Sánchez Gómez

 

Ch.A.: Ahí el mérito lo tuvieron tus padres. Si mi hija me dice que me quiere pintar el pasillo le dejo una esquina del patio…

R.L.: Le dejarías el pasillo, no lo dudo. Mira, en el 2023, cuando llego a Nueva York a Times Square, y me dicen que quieren exhibir mi trabajo ahí, digo, realmente mi trabajo ha empezado en Paredes de Nava, y no solamente por el arte sacro, sino por el Renacimiento, por Pedro Berruguete y tengo que hacerle mi pequeño homenaje a través de una gran pantalla. Entonces puse de fondo al rey David y yo en una esquinita. Para mí fue un momento de júbilo tremendo porque qué maravilla volver a reencontrarnos otra vez, Rey David de la iglesia de Paredes de Nava, tú ahí y yo aquí. La vida a veces funciona como un cuento. Ves esas paredes del Museo y dices, aquí entre estas paredes tardogóticas tienen que dormir, tienen que habitar mis personajes. Fueron dos años de montaje intenso durante la pandemia pero fue sumamente ilusionante porque esas piedras, esos muros me acogieron sumamente bien a mí y a mis obras. Y socialicé muy bien con el pueblo, algo importantísimo. ¿Por qué? Porque yo al principio todos los materiales me los traía de la ciudad y dije, pero si hay aquí una carpintería, tengo aquí unos recursos maravillosos, por qué no empezar por ahí. Y pedí las maderas, comí en el pueblo..

Ch.A.: Cuando fuimos nos encantó pasear, visitar Paredes, que tiene una estupenda gastronomía, muchos lugares hermosos… ¡Vamos a divulgar lo nuestro!

R.L.: Está muy cuidado el pueblo, cada vez vamos a más. Te diré, se ha estrenado un centro destinado a la poesía, maravilloso, vamos a mil por mil y me siento absolutamente identificada con todos los proyectos que se están haciendo porque si hay alguien que se ha preocupado en extremo por esta España vaciada es este Ayuntamiento. Por ejemplo, cuando estalla la guerra de Ucrania, el primer pueblo que recibe refugiados, sin recursos, solo con el apoyo municipal, es Paredes de Nava. Se les acogió, se les dio casa, se les dio comida, todo. Y yo me identifico con ellos. Me han hecho una banda de Paredes de Nava y la llevo cuando tengo que ir a la Embajada. Tenemos que volver a nuestra esencia, a nuestras raíces. Buscar las tradiciones, la música, los atuendos… todo, que no se pierda, porque todo eso, cuando lo he llevado fuera, realmente causa admiración.

Ch.A.: En Salamanca tenemos un músico, artista visual llamado Lemus que está combinando muy bien la tradición con la modernidad.

R.L.: Lo voy a buscar. No está reñida la modernidad con la tradición. Paredes de Nava es la cuna del Renacimiento español, cuando alguien me habla del pueblo solo por el Museo digo, señores, documéntense, sepan quiénes han nacido ahí, qué casas blasonadas pueden ver en este pueblo tan maravilloso que ha tenido tanta entidad. El hecho de que haya personas que traten de proyectar, emocionar, es algo fantástico. Ahora mismo hay una persona de Zamora y una empresa que se llama Iberolea que ha hecho una inversión impresionante dando trabajo con un proyecto sobre el aceite. Si hay facilidades todo fluye. Les he conocido y les he dicho que tenemos algo en común, porque soy una de las pocas pintoras que pintan con aceite, con aceite de oliva virgen extra. Mira qué vínculo tenemos y cómo se van ampliando horizontes, vas tirando del hilo y uniendo a personas y empresas.

Ch.A.: Tú ahora con los vestidos estás ampliando horizontes ¡Aunque pienso que llevarlos es bastante complicado!

R.L.: Cierto, es arte en movimiento, están llenos de recursos arquitectónicos y están muy policromados y pueden resultar incómodos, porque están concebidos como piezas únicas para llevarlas en una ocasión especial. Los voy aligerando ahora cada vez más porque es verdad que parecen piezas para una exposición. Se ponen para un desfile y las modelos deben ralentizarse, el traje tiene un peso.

Ch.A.: Tuvo mucha repercusión el vestido que llevó la Ministra de Igualdad en la entrega de los Goya del 2024. ¡Ese sí parecía muy ligero!

R.L.: Era muy ligero, sí, tengo que mostrar mi agradecimiento, siempre lo digo, a Ana Redondo, la Ministra de igualdad por su apuesta. Primero, porque ella apostó por Valladolid, porque yo soy vallisoletana; segundo, porque me lo puso sumamente fácil, lo dejó todo en mis manos y se fio de que todo fuera a ir bien. Tuvimos un balance de críticas sumamente favorables, aunque evidentemente, para gustos los colores. Ella lo disfrutó, siempre ha apoyado y valorado mi trabajo, con lo cual me siento muy agradecida porque creo que es una persona que tiene una sensibilidad especial hacia el arte.

Ch.A.: El último despliegue de tus vestidos ha sido en Madrid bajo el sello de la Junta y de la Diputación.

R.L.: Fue sumamente bonito porque conseguí lo que quería. Primero hicimos el desfile en Callao, una apuesta de la Diputación Provincial de Valladolid en la que vestimos el patrimonio de alguna forma, consiguiendo que hubiera mucha gente castellano y leonesa que se acercaban y te decían que no estaban buscando el traje en sí mismo, sino su esencia. ¿Dónde está Tordesillas? Oye, que no veo dónde está Rueda, por ejemplo.

Ch.A.: Era una propuesta muy original, no se trataba de trajes solamente, sino de mostrar la provincia y sus características.

R.L.: Era una propuesta por el patrimonio desde otra perspectiva. La gente se identificaba, incluso, se implicaba… decían, “El más bonito es el de Medina de Rioseco”, “No, el más bonito es el de Urueña”, “No, mejor el de Semana Santa”. Fíjate, conseguir que haya debate es porque gusta. Ese debate tan familiar y tan espontáneo, que salía de la gente que se acercaba, que vivía en Madrid pero que era de nuestra tierra y se emocionaba. Ver eso fue maravilloso. Mi agradecimiento a la Diputación, a Yolanda, que fue la que tuvo esa idea de hacerlo en Callao, salir de Fitur para representar a Valladolid allí en el corazón de la capital.

Ch.A.: Eres muy agradecida. ¿Te sientes bien tratada por las instituciones?

R.L.: Pues sí. No puedo decantarme por ninguna institución en particular, me he sentido muy arropada por Valladolid, sumamente arropada por Palencia. ¡Tengo el corazón partido! El Pasaje de los Cuentos de Urueña fue una apuesta del que es ahora actual alcalde de Valladolid y supone mis inicios, por eso me siento sumamente vinculada a la Villa del libro y muy bien tratada ahora por la actual directora, Laura Martín. No me puedo quejar, creo que han apostado y se han fiado de mi trabajo, que no es poco.

Ch.A.: Pero es mérito tuyo, deslumbras en todas partes y tu trabajo se impone. Has sido considerada una de las 100 artistas actuales más influyentes y recibido premios en París y en otros países.

R.L.: Yo creo que han sido un acierto las primeras apuestas que son las que más en mente tengo y que nunca olvidaré, porque cuando tú eres, no alguien, sino que cuando ya te consideran un poco en el mundo del arte, es fácil confiar en ti. Pero cuando estás empezando, esos primeros empujes son los que siempre recuerdas. Le estoy muy agradecida a Urueña, a Inés Rodríguez Hidalgo, la directora del Museo de la Ciencia que es un referente para mí, a la Diputación de Valladolid, a la Junta, a todos los que me han apoyado.

Ch.A.: Tus cuadros hiperrealistas se venden por todo el mundo y diversificas tu trabajo. Incluso en la Semana Santa de Valladolid se muestra tu Paño de la Verónica. Nos has dicho que nunca dejas de trabajar. ¿En qué te centras ahora?

R.L.: Ahora estoy tratando de tocar varios palos: uno son los cuadros, otro las exposiciones científicas, otra la moda en este campo de promocionar el patrimonio. El tema de los cuadros en el exterior me los llevan distintos representantes, lo que me deja a mí la única preocupación de crear.

Ch.A.: Y de montar esas estructuras volumétricas que nos tienen tan admirados.

R.L.: Y que son cada vez más grandes. En la nave me he montado un andamio maravilloso y voy por las alturas con un arnés. La nave tiene que estar bien ventilada en algunas zonas para pintar con aerosol… trabajo con madera, con hierro, no es fácil, no es un estudio al uso.

Ch.A.: Pero tendrás ayuda para trabajar con el hierro o para la madera, claro.

R.L.: No, ninguna, lo hago todo yo menos cortar largos paneles de madera. A veces miro el Museo y me admiro, pero no de que quede más bonito o más feo, sino del trabajo que conlleva, el que se ve y el que no se ve. Mucho trabajo físico.

Ch.A.: No me lo puedo creer, enséñame las manos.

R.L.: Vas a ver una manicura francesa estupenda y algo más. Me dicen que es imposible que con esas “manos tan finas” haya trabajado tanto, pero pásame los dedos por aquí y sentirás los callos de esa tarea diaria. Uso materiales diversos, pinto con las yemas de los dedos y sin guantes, he tenido muchos accidentes. Una vez me cayó pintura en uno de los ojos y casi lo pierdo. Me quemo con la silicona, me corto…

Ch.A.: Pero con los vestidos sí tienes ayuda…

R.L.: Ahí sí necesito ayuda, me he hecho con un equipo de bordadoras maravilloso. Son Bordados Domínguez, los de toda la vida, que me han confeccionado cosas magníficas para Fitur y en tiempo record. Yo diseño y luego lo pinto y trabajo… A veces todo se complica, hace poco hemos tenido una exposición en León, he viajado a Londres, a París, una cosa en Laguna de Duero…

Ch.A.: En todos los viajes que haces con tu obra, ¿te da tiempo a ver museos, a disfrutar un poco?

R.L.: Normalmente cuando viajo tengo toda la agenda marcada. Ahora tengo un equipo de comunicación con Celia Benito, que me ayuda mucho, así como las personas que se ocupan del museo. Y tengo asesores que me representan en diferentes países. Al principio todo lo hacía yo, pero ahora es imposible. Eso sí, en redes sociales yo contesto a todo el mundo, agradezco cada muestra de interés por mi trabajo. Además, hay que cuidarse de mi imagen que esa es otra historia. Yo antes no me ocupaba de eso, ahora está tan vinculada mi imagen a mi trabajo que hay que cuidarla, porque en determinadas revistas, espacios, es tan importante la imagen como lo que ofreces.

Ch.A.: Siempre te he conocido impecable, pero ahora tienes que disimular la ampolla de la silicona y los cortes de las manos….

R.L.: Esto ha sido desde hace poco, porque yo antes iba absolutamente normal, sin preocuparme. Pero ahora, cuando vas a cualquiera de estos eventos en los que representas a España, te das cuenta de que las fotos están muy medidas, milimetradas, tienen importancia. Si me piden un reportaje en Nueva York tiene que ser así y mi imagen pasa a ser un activo a mayores.

Ch.A.: Hemos mirado hacia atrás, pero ahora, miremos hacia adelante ¿Qué quieres seguir haciendo?

R.L.: No pienso en el futuro, le doy demasiada importancia al presente. Creo que el mundo del arte, a diferencia de otras profesiones, no tiene fin, es tan inherente a mí lo que voy haciendo, que no hay edad, no hay jubilación para las ideas, solo trabajo.

Ch.A.: Esa cabeza tuya que está constantemente pensando.

R.L.: Como un buen escritor, como tú. La creatividad es lo que nos hace vivir.

Ch.A.: Una creatividad que exige trabajo, trabajo y trabajo. Y cercanía, hemos hablado de tus impresionantes vestidos, pero me gustaría saber si pensáis en algo más “ponible” para aquellos que admiramos tu trabajo.

R.L.: Si, me parece importante y hemos pensado en ello. A mí, ya te he dicho, me gusta contestar a la gente en redes sociales, porque si una persona se ha sentido influida por tu trabajo y te pone un comentario, tienes que responderle, te debes a esa persona. Y sé que mucha gente querría llevarse un recuerdo, alguna cosa bonita y estamos trabajando en una línea de ropa “ponible” con mi marca. Que sea posible llevarse ese recuerdo, ese marcapáginas, esa camiseta, complementos… y para eso necesitamos una marca registrada que lo cuide todo, incluso vestidos para un evento como el de la ministra, o una línea de moda.

Ch.A.: Es una estupenda noticia, y una muestra de que no paras, porque sigues, porque tienes nuevos planes siempre centrada en tu tierra.

R.L.: Sí, ahora quiero trabajar con un recurso maravilloso que es la lana y que hay que poner en boga. Te hablo de la lana porque Paredes de Nava es, históricamente, un punto de exportación a distintos puntos, tiene un papel dentro de nuestra historia y lo tiene que tener en el mundo de la moda.

Ch.A.: Nunca te cansas, Rosana.

R.L.: Nunca. Tienes que venir a ver la ampliación del Museo, ese es el siguiente paso.

 

Foto: Fernando Sánchez Gómez

 

 

 

 

 

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