«LINEAS HABITADAS» EXPOSICIÓN DE CARMEN BORREGO. CUANDO EL DIBUJO APRENDE A RESPIRAR.

 

«Crear en Salamanca» hoy muestra la expresión gráfica de la Creadora, diseñadora, ilustradora y fotógrafa Carmen Borrego, en la Sala Protagonista de Santa Marta de Tormes. en una exposición «Lineas Habitadas» que permanecerá abierta hasta el 3 de Septiembre. Una buena ocasión para conocer el buen hacer de esta artista

Fotos : José Amador Martín

Cartel anunciador de la exposición

 

Carmen Borrego (Foto José Amador Martín)

 

Líneas habitadas: cuando el dibujo aprende a respirar

 

Hay exposiciones que, silenciosamente, nos invitan a detenernos. Líneas habitadas, de Carmen Borrego, pertenece a estas No busca el impacto inmediato ni la espectacularidad; propone algo mucho más difícil: la intimidad de una mirada.

La artista parte de un lenguaje aparentemente sencillo. La tinta delimita los espacios, ordena las formas y sostiene la arquitectura del dibujo. Sin embargo, sobre esa precisión irrumpe la acuarela con la libertad de quien no pretende describir el mundo, sino dejar que el mundo respire dentro del papel. El resultado es una obra situada en ese delicado territorio donde conviven el rigor y la emoción, la estructura y el azar, exactamente como señala el propio planteamiento de la exposición

Lo primero que llama la atención no es la destreza técnica —que la hay—, sino la ausencia de artificio. Carmen Borrego no dibuja para demostrar habilidad; dibuja para comprender. Cada línea parece nacida de una observación lenta, de un tiempo concedido a las cosas antes de fijarlas sobre el papel.

En una época dominada por la imagen inmediata y el exceso visual, esta exposición reivindica la lentitud. Sus obras no gritan. Apenas susurran. Pero ese susurro posee la fuerza suficiente para que el espectador vuelva una segunda vez sobre la misma imagen y descubra nuevos matices.

La temática tampoco responde a la búsqueda de lo extraordinario. Jardines, manos, puertas, árboles, aves, labores cotidianas, paisajes o rincones conocidos se convierten en protagonistas porque la artista sabe que la belleza rara vez necesita escenarios excepcionales. Basta una mirada capaz de descubrir la emoción escondida en aquello que la costumbre ha vuelto invisible.

Existe además una constante presencia humana, incluso cuando las figuras no aparecen. Los objetos conservan la memoria de quienes los han habitado. Las puertas hablan de quienes las cruzaron; las manos cuentan historias sin necesidad de rostro; los paisajes parecen guardar el eco de quienes los contemplaron antes. De ahí el acierto del título: las líneas están habitadas porque contienen vida.

Especial interés presenta la convivencia entre la tinta y la acuarela. La primera aporta precisión, permanencia y estructura; la segunda introduce atmósfera, respiración y silencio. Ninguna domina sobre la otra. Ambas dialogan hasta construir un equilibrio poco frecuente entre el dibujo y la pintura.

También resulta significativo que muchas piezas nazcan de espacios y personas cercanas: Santa Marta, Salamanca, amigos, escritores, paisajes cotidianos… La exposición convierte el entorno inmediato en territorio artístico sin caer en el costumbrismo. No documenta una realidad; la interpreta desde la sensibilidad.

Quien conozca la trayectoria de Carmen Borrego reconocerá además la coherencia de un recorrido construido desde el diseño gráfico, la fotografía, el grabado y la ilustración. Esa diversidad de disciplinas no aparece como dispersión, sino como una formación visual que enriquece cada una de las obras expuestas.

Líneas habitadas es, en definitiva, una invitación a mirar despacio. Frente a la velocidad con la que hoy consumimos imágenes, Carmen Borrego propone detenerse, escuchar el silencio del papel y descubrir que una simple línea puede contener una historia entera.

Quizá esa sea la mayor virtud de esta exposición: recordarnos que el dibujo no consiste únicamente en representar las cosas, sino en revelar la vida secreta que permanece dentro de ellas.

En un tiempo en el que miramos mucho y vemos poco, la exposición de Carmen Borrego nos devuelve el valor de la contemplación. Sus dibujos y acuarelas no pretenden deslumbrar; invitan a permanecer. Nos recuerdan que toda creación artística nace de una forma de atención y que el verdadero artista no solo representa la realidad: nos enseña a descubrirla de nuevo. Al abandonar la Sala Protagonistas llevamos con nosotros algo más que el recuerdo de unas obras bien ejecutadas. Salimos con la sensación de haber aprendido a mirar un poco mejor. Y esa, quizá, sea la mayor conquista a la que puede aspirar el arte.

 

 

 

 

 

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