COMENTARIO DEL POETA ESPAÑOL LUIS M. IRUELA , SOBRE LA OBRA «HORAS FRÍO» Y ALGUNOS POEMAS

 

 

«Crear en Salamanca se complace en publicar una reseña del poeta Luis M. Iruela cobre «Horas Frío», libro de Paulina Merino Salazar y algunos poemas de la obra

Libro ‘Horas Frío’ de Paulina Merino Salazar. 

Paulina Merino Salazar (Quito, 1976) cursó estudios de Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y en la Universidad de Bergen, Noruega. Poeta y docente universitaria. En 2020, publicó en formato digital la primera edición del poemario “Bildung”, bajo el sello Hebel Ediciones y luego su segunda edición en papel desde el sello editorial NoteBook Poiesis (2022).Segundo volumen que aparece de la poeta ecuatoriana en la Colección BlueLine de NoteBook Poiesis (2022). 

 

Luis M. Iruela, es poeta y escritor español. Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Psiquiatría. Jefe Emérito del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro, Madrid. Profesor Asociado (jubilado) de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid.

 

TENSIÓN PASIÓN

Decía Luis Cernuda de la poesía de Manuel Altolaguirre: “(…) el del alzar su palabra en el aire por virtud de la música con que la anima, que es una de las pruebas de que nos hallamos ante un poeta indudable.”

 

Mutatis mutandis, podría decirse lo mismo de este libro de Paulina Merino Salazar, que es un poemario escrito por una poeta indudable y que se lee de corrido (lo que es excepcional en poesía) gracias a la tensión con la que está escrito. Los versos se engarzan entre sí con un ritmo que lleva al lector hacia adelante, hacia algo que se intuye como una epifanía y que llega al final con el poema Origen. El reencuentro entre el hombre y la mujer como la paz perpetua de la que hablaba Kant.

 

Mientras tanto un camino de pasión (no siempre erótica), sufrimiento y visión de las negras ventanas de la muerte a través del amor tomado aquí no solo en un sentido romántico o carnal, sino también metafísico y salvador.

 

El amor y la mujer, sufriente y salvadora. Una poesía esencialmente femenina que acerca a todo lector a una sensibilidad a la que la parte masculina del mundo no está acostumbrada y en la que puede zambullirse en este libro y descubrir todo un continente nuevo. En tal sentido es muy significativo el poema Irredimible.

 

En el prólogo de su sueño El mundo por de dentro dejó Quevedo escritas estas palabras: “Dios te libre, lector, de prólogos largos y de malos epítetos.”

 

No se encuentra en los versos de Paulina Merino un solo adjetivo tópico, vulgar, manoseado o siquiera mal colocado, lo que contribuye a darlos esa fluidez de torrente poético que toca la emoción.

 

Por otro lado, no he querido yo incurrir en el dicterio de Quevedo y preceder con un farragoso preludio a un poemario que sabe hablar (y muy bien) por sí mismo si se detiene a escuchar el lector.

 

Dr. Luis M. Iruela

Madrid, 23 de septiembre de 2022

 

LOS TRES PRIMEROS POEMAS DEL LIBRO

 

 

EL HÉROE

 

 

I

 

La vergüenza de haber amado

la curo como Ulises su nostalgia:

cantándola ante los comensales.

Créanme, no ha sido fácil.

Soy una mujer y cada vez que amé

luché con las armas de la carne y la visión.

Mis dedos de niña que enlazan en juegos

el eco impasible de la Idea primera.

Mi rostro surcado por águilas blancas,

que amables remontan en su danza incrédula.

Mis palabras tercas que no pueden ser,

viejos crímenes retornados en melodías

de muerte y de vida,

rosas de brote incesante sembradas

por la victoria de la inocencia de todo amor.

 

 

II

 

Fui a perderme en un lecho lloroso.

Me dejó para siempre una voz dolida.

Voz de mi cuerpo que añora tu canto

de ave regente de un reino sin nombre.

Tú eras así,

halcón de vuelo inverso.

Te amé y te temí por tus ojos de cielo penante.

Estuvimos juntos,

ansiar de las piernas signado de luna.

No fallamos jamás.

Después de ti, tuve mil nuevos nombres.

No termino aún de hablarlos,

pero esto sé por seguro:

el último será el primero, el mío, el de siempre.

Yo soy así,

halcón de habla vasta y de oído feliz.

 

 

 

MESÍAS

 

 

Para salvarnos el uno al otro hacía falta el amor.

El amor con sus ojos solares que imaginan mundos,

y que posa a los que se aman en el pulso de una visión.

Tras el velo turquesa, el aliento de ella, el cabello de él,

la luz que ríe mientras los envuelve,

que suave, vuela, revolotea y consiente.

 

Me pregunto si tal vez sí te salvé.

Mi cuerpo vistió el color de tu cuerpo desolado,

mas fue tan bello y exacto que me dejó más sola a mí.

Sola en soledad sagrada, fui diosa incasta en asunción perenne.

Sin temores me di, besada mi frente por el verbo de mi madre.

Ella había dicho: “Ama, está bien.”

Y así lo hice.

Por ti mi piel gimió un poema de dioses tristes,

atrapados en la aspereza de unas gruesas faldas negras.

 

 

 

ABANDONADA

 

 

Sobre el altar descubierto

queda intacto el salmo que invocó a la dicha

y el vino defraudado casi por sangrar.

 

 

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