Crear en Salamanca muestra hoy una nueva vertiente de la escritora Charo Alonso, en la que la sensibilidad narrativa encuentra una expresión especialmente íntima a través del verso.
Ilustraciones y fotos: Carmen Borrego de su exposición Líneas habitadas, en Santa Marta de Tormes
Charo Alonso foto Carmen Borrego
Charo Alonso:
sus primeros poemas
Charo Alonso: cuando la palabra busca su respiración más íntima
Hay escritores que un día deciden escribir poemas. Otros, simplemente, descubren que hay experiencias que ya no caben en la narración y necesitan el espacio desnudo del verso. En los poemas que hoy publica Crear en Salamanca, Charo Alonso pertenece claramente a este segundo grupo.
Conocemos desde hace años a la novelista, a la ensayista, a la articulista de mirada inteligente y precisa. Conocemos también a la compañera de tantos itinerarios literarios y culturales por Salamanca, donde sus palabras han dialogado en numerosas ocasiones con mis fotografías. Pero en estos textos comparece otra voz: más despojada, más cercana al temblor de las cosas esenciales.
No pretende construir un universo nuevo. Lo revela. La mesa puesta se convierte en el lugar donde la ausencia adquiere cuerpo; una casa abandonada habla de todos los oficios y de todas las pérdidas; abril deja de ser una estación para convertirse en una forma de la memoria; la rueca, el dedal o el carrete rescatan una simbología doméstica que termina iluminando la fragilidad humana. Incluso cuando el poema nace de la amistad —como sucede en El fotógrafo de Salamanca, que me honra con una dedicatoria generosa—, la autora evita el elogio fácil y prefiere situar la mirada allí donde la luz y la piedra dialogan con el tiempo.
Hay en estos versos una cualidad especialmente valiosa: nacen de la observación. Charo Alonso mira antes de escribir, y esa fidelidad a lo observado impide cualquier artificio. La imagen no busca sorprender; busca decir con naturalidad aquello que solo la poesía puede nombrar.
Quizá por eso estos poemas producen la sensación de haber estado siempre ahí, esperando su momento. Conservan el pulso de una escritora acostumbrada a escuchar el ritmo de las palabras y, al mismo tiempo, encuentran una respiración propia, hecha de silencios, de imágenes y de pequeñas revelaciones cotidianas.
En Crear en Salamanca celebramos esta entrega con la misma alegría con la que se recibe la voz de una amiga que decide compartir una habitación más íntima de su escritura. Toda nueva aventura literaria merece ser acompañada, pero aún más cuando llega sostenida por una trayectoria de rigor, sensibilidad y amor a la literatura.
Ojalá estos poemas sean solo el comienzo de un camino que, a juzgar por estas páginas, posee ya una voz reconocible: la de quien sabe que la verdadera poesía no consiste en hablar de las cosas, sino en permitir que las cosas hablen a través de las palabras.
Entre los poemas que el lector encontrará hay uno dedicado a mi trabajo fotográfico. Lo recibo con emoción y gratitud, no solo por el afecto que encierra, sino porque confirma algo que ambos venimos compartiendo desde hace años: la certeza de que la literatura y la fotografía nacen de una misma forma de mirar.
José Amador Martín
LOS POEMAS DE CHARO ALONSO

Carmen Borrego
En el trémulo gesto de alisar el mantel
Me faltas.
Los pliegues que caen de la mesa,
Como el sudario dulce de este cuerpo,
El cuidado de un pétalo
Desprendido de los jarrones
Que no alcanza a elevar
La belleza de las flores.
Tiene la mesa puesta
Cualidad de cuerpo ofrecido
Y sin embargo,
No hay alegría en el cristal que elevamos
No hay comida en el vacío redondo
De platos como ojos que devuelven tu ausencia
Hambrientos y desnortados.

foto: José Amador Martín
El fotógrafo de Salamanca
(Para José Amador Martín)
Ciudad letrada.
Tendida junto al río que nos lleva.
Cordel de puentes
Une tus dos orillas.
Caudal de nombres
Cruzan tus pasos,
Alimentan tus aceñas.
El tiempo dora de luz piedras y gentes.
Tallan allí donde da la vuelta el aire,
Fachadas seculares
Veleta de este sol,
Luna naciente,
Cincel de tu objetivo,
Mágica lente.

Carmen Borrego
Piedrahita
El cantero no canta a la piedra,
Solo la golpea.
Esboza el dintel
Que levantará la puerta.
Sustento en el aire
De muros y hojas.
La casa, vacía, mira hacia la sierra.
De ahí arrancaron los hombres
Madera y piedra
La de todos los afanes
Para alzar el abrigo
Que ahora nada encierra.
Ciegas las ventanas,
Derruidas las tejas,
Vigas carcomidas, escalera quieta.
No hizo el cantero, dintel para el olvido,
Ni talló leñador
Viga que no sustenta.
Vacía la casa.
Ahora es el viento
El que no canta a la piedra.
Solo la golpea.

Carmen Borrego
La España vacía
Levantad carpinteros,
Decía la poeta,
La viga del tejado.
Para que pasen los novios
Y acrecienten la tierra.
Nadie pasa por el dintel,
De las ruinas enhiestas.

Carmen Borrego
Me traen poemas los amigos
Viene el poeta con un manuscrito
Bajo el brazo como barra de pan,
Botella de vino para la mesa.
Llegan con el alimento de los renglones,
A pacer en el mantel compartido,
La antología generosa en nombres,
La lista de los más leídos.
Llega el poeta amigo con su último libro,
Un ramo de flores en forma de poema,
Un manojo de rimas para poner en la cena.
Y devoramos todos el postre del colofón,
Un tanto ahítos después de la lectura,
También algo envidiosos de lo bien que le publican…
Y lo rico que está el postre con una contraportada
Que nos comparte el amor y la belleza.

Carmen Borrego
Abril
Abril es el mes más cruel, dice el poeta.
La belleza es puntual, y florecen las lilas.
Abre Dios las manos amarillas en el cementerio del pueblo,
Camposanto de nuestros recordados,
Olvidados queridos.
Y mientras nos acostumbramos a la luz, la pena,
Ilumina los días con mañanas más claras.
Abril tiene esa cualidad de aromas,
Esa tristeza que aparece, emboscada y radiante.
Deja su rastro feliz en las lágrimas que brotan.

Carmen Borrego
Hila la rueca
La tejedora ha perdido el huso de la rueca,
Los dedos y su dedal, el ojo de la aguja.
Costurera del vacío, mueve las manos desnudas.
Se cayeron los anillos en algún momento del agua.
Ni siquiera sabemos cortar la hebra del carrete,
Hilvanar los días que pasan sin labores,
Retales de faena que no corta la tela de las tardes.
Y mientras, en el costurero de la memoria,
Que custodio sin saber hacer más que enredar la madeja,
Aparecen, rodando, los dedales de la falta,
Costurera sin dedal…
Y sigo sin saber en qué dedo poner el hueco que me falta.

Charo Alonso, Foto de Carmen Borrego
Sobre la autora
Charo Alonso nació en Salamanca. Es doctora en Filología y realizó la primera tesis doctoral dedicada a la escritora mexicana Elena Poniatowska. Su investigación se ha centrado en la literatura mexicana escrita por mujeres, el testimonio hispanoamericano, el teatro de Hugo Argüelles y la obra de Poniatowska.
Ha ejercido como profesora de Lengua y Literatura en enseñanza secundaria y desarrolla una intensa actividad como colaboradora en distintos medios de comunicación en el ámbito de la cultura. Dirige y presenta un programa dedicado a los libros en la Radio de la Universidad de Salamanca.
Es autora de dos novelas, dos libros de relatos, ha participado en diversas antologías y ha publicado varios libros de carácter periodístico dedicados a la ciudad de Salamanca.



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