CELEBRACIÓN DE LA POESÍA EN PRIMAVERA. POEMARIO

«Crear en Salamanca» se complace en presentar este conjunto de poemas y autores para celebrar la Poesía y con ella hacer de la Primavera la Fiesta de la Poesía.

INTRODUCCIÓN

(José Amador Martín)

El presente conjunto de poemas se configura como un corpus plural en el que la palabra poética actúa no solo como vehículo estético, sino también como forma de conocimiento y de indagación en la experiencia humana. A través de una notable diversidad de registros expresivos, estos textos articulan un espacio común donde convergen lo sensorial, lo simbólico y lo reflexivo.

Uno de los ejes vertebradores de la selección es la relación entre el ser humano y la naturaleza, entendida no únicamente como marco paisajístico, sino como sistema de significación. Los elementos naturales —la luz, el agua, la vegetación, el ciclo de las estaciones— adquieren una dimensión semántica que trasciende lo descriptivo para convertirse en correlato de estados interiores, revelando una constante oscilación entre lo visible y lo íntimo.

De manera paralela, la memoria se erige como un dispositivo estructurador del discurso poético. No se trata de una evocación meramente retrospectiva, sino de una reconfiguración afectiva del pasado, donde la experiencia vivida se somete a un proceso de decantación simbólica. En este sentido, el recuerdo aparece atravesado por la tensión entre presencia y ausencia, entre lo que permanece y lo que inevitablemente se desvanece.

El tratamiento del amor, lejos de una formulación unívoca, se despliega en múltiples direcciones: como impulso vital, como espacio de comunión, pero también como herida o como huella persistente. Esta ambivalencia dota a los textos de una intensidad emocional sostenida, en la que la expresión de lo afectivo se articula desde una notable contención formal.

Asimismo, una parte significativa de los poemas introduce una dimensión metapoética, reflexionando sobre la propia naturaleza del lenguaje y sobre los límites de la representación. La poesía aparece entonces como un territorio de resistencia frente a la fragmentación de la experiencia contemporánea, así como un intento de nombrar aquello que, por su propia complejidad, se sitúa en los márgenes de lo decible.

No se eluden, por otra parte, zonas de sombra vinculadas a la fragilidad de la existencia, la conciencia del tiempo o la dimensión social del sufrimiento. Sin embargo, incluso en estos registros más sombríos, la escritura mantiene una voluntad de sentido que se manifiesta en la búsqueda de una forma, de un ritmo o de una imagen capaz de sostener la experiencia.

En conjunto, esta selección poética propone una lectura que trasciende lo meramente estético para situarse en el ámbito de lo vivencial y lo cognitivo. Se trata de una invitación a una lectura atenta, casi meditativa, en la que cada poema funciona como un espacio de resonancia donde el lector no solo interpreta, sino que también se reconoce.

 

Fotos.: José AmadorMartín

 

 

 

MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ

El musgo

abre

su mano

en la retícula

afilada

de lo real.

Nudo verde,

diéresis

que el agua

disemina:

espora de lenguaje

hacia lo vivo.

No urge

ningún modo

de sintaxis

o

tallo

para crecer

sobre esta línea

vertical.

Turba tan obstinada:

ligadura.

 

ANTONIO COLINAS

 

Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz

 

Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz
por vez primera, dejo también el corazón.
No pasará otra onda rumorosa del río,
no quedará este chopo envuelto en fuego verde,
no cantará otra vez el pájaro en su rama,
sin que deje en el aire todo el amor que siento.
Aquí, en estas riberas que llevan hasta el llano
la nieve de las cumbres, planto sueños hermosos.
Aquí también las piedras relucen: piedras mínimas,
miniadas piedras verdes que corroe el arroyo.
Hojas o llamas, fuegos diminutos, resol,
crisol del soto oscuro cuando amanece lento.
Qué fresca placidez, que lenta luz suave
pasa entonces al ojo, que dulzura decanta
el oro de la tarde en el cuerpo cansado.
Hojas o llamas verdes por donde va la brisa,
diminuto carmín, flor roja por el césped.
Y, entre tanta hermosura, rebosa el río, corre,
relumbra entre los troncos, abre su cuerpo al sol,
sus brazos cristalinos, sus gargantas sonoras.
Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz
por vez primera, miro arder todas las tardes
las copas de los álamos, el perfil de los montes,
cada piedra minúscula, enjoyada del río,
del dios río que llena de frutos nuestros pechos.
Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz
por vez primera, dejo también el corazón.

 

CELIA CORRAL CAÑAS

 

HERMENÉUTICA

 

Primero nos amaron como a santas,

símbolos de la paz, nos definieron.

Ahora, sin embargo, nos detestan,

nos llaman, con desdén, ratas aladas.

 

Nosotras solo somos las de siempre.

Nosotras siempre les tuvimos miedo.

 

(De La voz del animal bajo tu piel, Editorial BajAmar, 2017)

 

 

ANNIE ALTAMIRANO

 

El camino de las luciérnagas

 

A la hora en que los álamos relucen de atardecer,

cerca del río croan las ranas y comienza

la insistente convocatoria de los grillos.

Cae la noche en los sauces.

La oscuridad se dilata

y la impaciencia del verano se demora en la sierra.

 

En una esquina del ventanal llama la Cruz del Sur –

recompensa que tenemos

quienes trasnochamos en aquel hemisferio –

y comienza el balbuceo inasible

de las luciérnagas encendidas.

 

Vuelvo a los primeros manantiales

con el pecho abierto a las ausencias –

el corazón no sabe cómo narrar las migraciones –

y con la memoria amontonada en las arterias

escribo despacio el verso que los nombra.

 

Las estrellas se deprenden de la noche,

siguen su propia ruta,

antigua huella labrada.

Separo cuidadosamente los recuerdos,

el sosiego de aquellas voces

que conozco desde siempre,

y regreso al lugar donde dormía

siguiendo el camino de las luciérnagas.

@Annie Altamirano, en Manual para habitar los bordes sin cortarse, Ed. Tarqus, Marzo 2026

 

 

ALFREDO P. ALENCART

 

SOSIEGO

 

Recuéstate

sobre un campo de trigo

enverdecido

y celebra

bajo tus párpados

que no pugnas

por lujos o prebendas;

celebra que tu sudor

no es destilación

de angustias.

Recuéstate

canturreando melodías

que sosiegan

como los arrullos

del agua.

 

ARACELI SAGÜILLLO

 

Este cielo azul, tan azul,

estas manos apretando el día,

este clamor tan extraño,

del fondo de algún sentimiento.

El claustro enramado en el árbol

del amor, vive su pequeño mundo.

 

La voz y su dominio observa

que la cumbre más alta que la luna,

la más clara y más radiante de todas

las claridades en el cielo, prevalezca.

 

Se busca la verdad del amanecer,

los besos se respiran con el fulgor

latente de la noche.

 

Antes que la trama de la vida llegue,

estrenas el día sin nadie ya presente.

Desde el alto ciprés cansado de crecer,

alguien lanza un grito paralelo al sol.

 

SOLEDAD SÁNCHEZ MULAS

 

Poética de la consunción

 

Es mi cuerpo un prado bendecido
por tu templada escarcha,
por tu luz soberana
que lo retorna manso y sortilegio.

Me someto a tu espalda,
al camino que traza tu columna
hacia lo impredecible,
mientras nievas en tus propios mundos
ajenos a mis sueños.

Conquistas mis secretos,
a los que llegas ebria de tu lluvia
después de profanar los continentes
que nos nombraron una,
con la sola conciencia de tu musculatura,
potente brida de metal, cilicio,
helada cruz.

Eres mi ensalmo,
rara piedra de alquimia,
que quema si se toca,
por su candente frío.

 

MARCOS JOSÉ COBOS MUÑOZ

 

AMANECER

 

Montaña de polvo indiscreto que vuela

Apoyado en una corriente de aire con olor a catedral,

Que se luce bajo el manto del primer rayo de la mañana

Compelido a atravesar el imponente campanario

Cuyo ámbar de Villamayor acierta a pronunciarse

Reflejado en una gota de rocío

Que se llora a sí misma, verde hoja abajo

Como despedida de un invierno.

 

 

JOSÉ ANTONIO VALLE ALONSO

 

SONETO A LA POESÍA

 

Te vi llegar cometa, aroma rosa.

Te vi llegar temprana primavera.

Te vi llegar hermosa a mi quimera

versátil flor, en flor de mariposa.

Y revolotear versos y prosa

en mis ensueños de cristal y esfera.
Te vi llegar desnuda, verdadera

amor en el amor de cualquier cosa

Te vi llegar sencillamente, mía.

Y seguir el camino con mis pasos

rimando versos por si me perdía

Te vi llegar con luz de tercioleo

Y entrar por mi ventana sueños rasos.

Te acariciaron alas de mi anhelo.

 

IVÁN MANJÓN GARCÍA

 

POEMA A TI, MI POESÍA.

Uno,

leyendo poesía,

se transporta dónde el tiempo no emana.

Pues,

los segundos no nadan.

Pues,

los minutos no fluyen.

Pues,

las horas no rompen.

 

Uno,

escribiendo poesía,

se transporta al lugar que imagina,

pues es el que (d)escribe.

Mas, lo hace en balde.

Aquello imposible de imaginar,

no lo puede añadir.

Un horizonte tuyo y mío.

Solos.

Tú y yo.

Uno,

sintiendo la poesía,

en un mundo tan vagamente humano,

no siente su existencia.

Existe en el cosmos.

Existe en el universo.

Sempiterno.

Sólo,

existo y vivo,

en ti,

Amor Mío

 

 

MUSTAPHÁ AMARI

 

 

Huella en la brisa de la ausencia

 

Pregunté a la piedras,me respondió el silencio cubierto de una capa de sal

La luz del día arrastra una caña rota

Y la noche con todo su esplendor cayó sobre los hombros

Todos los que partieron

Con ellos llevaron los toques plasmados en las ventanas

Solo quedaron algunos asientos

Y la brisa de un aire que me acompaña a todo momento

La memoria perdió su esencia como un jardín que florece en tierra de nadie, en la nada

Y tu

No eres la luna, solo una chispa de luz

Una chispita que brilla en el bolsillo de un extraño para guiarle en la oscuridad.

 

 

FERNANDO GIL VILLA

 

 

BOTÁNICA DEL DESPOJO

 

Ese cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,

¿ha empezado a retoñar?

(T. S. Eliot)

Despojo melodioso de la soluble primavera

se lo lleve río abajo la crecida de llanto.

(Aníbal Núñez)

 

Ya he visto cómo las flores corrompen

el aliento de la augural montaña o cómo la nave

se eyecta sobre la inmundicia

-esa nube que forman los sueños

de los pobres- para ver otra oscuridad.

Entre tanta hoja de ventana dolorida

no lograba regular la niebla en salsa

de memoria su luz flamígera de recién parida

-aún cansada de sostener las aguas bravas-

Demos una vuelta, dije, Mejor in situ naufragar, pensé.
Tanto oleaje sin con pasión

en las orillas de la plaza, tanto sudario

planchado que ni lo ves o no recuerdas

que fue la luna quien habitó el recuerdo

de su rostro impreso en tu sábana

para impedir que pudieras

deshacerte de ella.

Luego a la altura del Entierro

sobadas gemas de saludos

con helado de yogur

remiendan la celebración:
¡Cuánto has crecido Flagelito

en este invierno y qué bonitos cardenales

en ese falso moradito! ¿Ya te enseñaron en la escuela-

cofradía por qué las hijas golondrinas

no quieren más los balcones

sino sótanos o garajes

donde anida combustión?

Se sobreentiende la respuesta:
Eso será ahora en primavera

con la migración del profesor unicornio

que enhebra dientes de León

Pero la centella de tu perfume seguía

otras procesiones -el protocolo de la esperanza

en caso de incierta preocupación-.

La verdad

es que no sé cómo se entierra

un pequeño animal como el invierno

en primavera.

 

 

LEONOR MARTÍN MERCHAN

 

 

ÁNGELES

 

Siento aún más hoy el

latido,

en la desnudez del alma

sin ropaje,

que no veo tu dinero ni tú traje, sino alas que me

marcan el camino.

 

La blancura de tu piel a

manos llenas,

se desborda en el amor

con que abrigaste,

la lección del Maestro

bien curtido

al alumno que dormido despertaste.

 

Santa Cruz que mediaste

en el camino,

con tu fuerza

Omnipotente al

alabarte,

has fijado sanación en

mi destino y en tu

nombre sanarás a quien

se agarre

a esa Luz que despierta

a lo Divino

con el alma desprendida

a tu bagaje.

 

CHARO ALONSO MARTÍN

En el trémulo gesto de alisar el mantel

Me faltas.

Los pliegues que caen de la mesa,

Como el sudario dulce de este cuerpo,

El cuidado de un pétalo

Desprendido de los jarrones

Que no alcanza a elevar

La belleza de las flores.

Tiene la mesa puesta

Cualidad de cuerpo ofrecido

Y sin embargo,

No hay alegría en el cristal que elevamos

No hay comida en el vacío redondo

De platos como ojos que devuelven tu ausencia

Hambrientos y desnortados.

                                

ELBA MARIBEL HERNÁNDEZ MIRANDA

 

Carta para otra primavera

 

Aunque desde el valle no se divisa

cómo retoñan jubilosas

fantasías urbanas,

lo cierto es que alguien

trazó en el sendero luces sin

señales de aviso.

 

Una palabra desde lejos entonces

informa: se ha visto al ruiseñor

debutar con la flauta de pico,

sobrevolar las fogatas nocturnas

donde se templan la madera y el alba.

 

En este paisaje soledad se intuye solo

girar el carrusel del pueblo en la alameda,

pero nada falta ni nada sobra

-lo mismo daría ahora hablar de pájaros

o patrias, bajo la misma lucidez

conmovedora-.

Nada ha envejecido en el deseo.

 

 

ANA SÁNCHEZ DÍAZ DE COLLANTES

A Carmen

Andar playas

abandonar

el pie con donaire entre prímulas doradas

flotar contra el alba

lejos, lejos.

 

 

ARÁNZAZU AGUDO

 

Para  Luisa, mi madre amada.

 

TODOS FINGEN FORTALEZA

 

Todos fingen fortaleza.

El sol de la mañana,

las manos laboriosas,

los ojos enlutados,

la calle anhelando tus pasos,

el sonido de juventud que guardaba tu memoria.

Pero sabe el aire de tu ausencia

como el dolor de la espina y, aun así,

brotan las rosas mansamente.

Evita la boca nombrarte

y te guarda en el último beso.

Construye mi ansia un silencio ladrillado.

Mientras…

Florecen tus hortensias sintiendo

el útero materno que ahora te cobija.

 

 

ISAURA DÍAZ FIGUEIREDO

 

El primer amor

 

La suave brisa del alba

me trae

en la distancia,

el perfume del ramo de rosas

que un día me entregaste

creyendo que nuestro amor

era una eterna  primavera.

 

Fue

nuestro reencuentro,

un lindo sueño

el cruce de dos almas que esperaban

la eterna primavera:

Tu y yo

somos un sueño del que no quiero despertar.

Tejimos castillos de arena

sin miedo al tiempo,

y seremos siempre

eterna primavera

donde no mueren los sueños

ni terminan las fronteras.

Siempre estaré a tu lado como la primavera y la flor.

con la pasión de dos que entre sueños se entregan.

como la primavera y flor.

 

 

MÓNICA VELASCO

 

A Margarita Ferreras

Poeta de la Generación del 27

 

 

Rival celeste

En el arranque de la nuca

la aguja fría del deseo

y un tizón en el pecho

como llama rotunda.

Ni argolla ni dogal

quiero ser en amor

incandescente noche o ámbar

en la fiebre de tu lengua,

bosque de un vientre más oscuro.

 

Vivamos este duelo hasta la sangre

y cuando apenas de tu cuerpo

y el mío queden

la ceniza y el oro

vivamos más aún, soñemos

que la carne sobrevive, abandono,

lumbre en el cosmos donde te hallo.

 

 

JOSÉ ALFREDO PÉREZ ALENCAR

 

ALJABA DEL ASOMBRO

 

En la cuna de Séneca,

todas las calles se precipitan

sobre una flor de Damasco

donde santos enjaulados,

conservan el ineludible legado.

 

La península de ocho siglos,

lustrando su dorado barroquismo,

culminando el trémulo sincretismo

del gozado mestizaje,

recitando en la aljaba del asombro

a dioses de múltiples columnas,

anunciando la menguante Grecia

o la coronación de un Cristo

bajo el auge de la diáspora.

La prístina búsqueda del albedrío

aferrándose a esta danza arquitectónica,

son los estigmas y el profeta que,

opacándose en la lengua de las Sibilas,

enrojecen los aceros con el credo ajeno.

 

El credo, de la colosal oración

preguntando al enjambre,

habitante en sus muros,

sobre el verdadero cielo,

 

sobre los nombres sepultados,

sobre aquella veleidosa Tierra Santa

descrita virtud en el arte implacable

soliviantando las puertas del Guadalquivir.

 

 

ISABEL BERNARDO

 

EL SACRIFICIO DE LAS FLORES

 

 

I

NO ME PREGUNTÉIS por qué ha sucedido.

Yo tan solo miraba el árbol sin mirar.

Un manzano silvestre que en pocos días

se había cuajado de flores, tan delicadas,

que se despeñaban al aire con cualquiera

de mis más leves pestañeos.

Sin embargo los gorriones iban y venían

en travieso alboroto por sus ramas, sin destrabar

siquiera, alguno de aquellos pequeños pétalos

suspendidos en tan frágil hermosura.

La lluvia de la tarde tampoco pudo arrumbar

una sola flor

a las ramblas que reptaron, poco después,

la gravedad sur del jardín.

No me consuela saber que la naturaleza y los hombres

hace siglos que no hablan el mismo lenguaje.

Lo único que me perturba es llegar a creer

que mis ojos

ya solo tienen mirada para el sacrificio de las flores.

Lo único que me inquieta es regresar

de esta guerra

a un réquiem vacío de ángeles en el jardín.

 

II

NO NEGARÉ que distraigo las horas

paseando mi pensamiento por las islas lejanas

de los rosales de mi padre. Todo tipo de soledad

se complace con la conquista de una flor. Las mías

hoy se han aparecido blancas y bellísimas en la brisa y

se multiplican

se multiplican

se multiplican

sobre sus símbolos

en la fascinante arquitectura que levantan los silencios

apuntalados a la paz de los cipreses.

 

III

YA NO SON MÍAS sino del aire.

Un ventarrón se ha llevado las flores caídas al andén

oscuro de la noche. No me atrevo siquiera a mirar

la estela de su blanca desdicha. Tan solo

me he decidido a cantar. Sí,

cantaré.

Que sea mi voz un largo vuelo, un inagotable viaje

hacia toda suerte de imprecisión,

hacia toda suerte de olvido.

 

Publicado en la antología “Poesía de interior [Cuarentena poética]”, Sial Pigmalión,

 

MARIAN DE VICENTE

 

 “Voces que a veces vienen de lo alto

vestidas de hermosura

y nos cantan sin miedo

esa otra canción que nos aguarda.”

(Carlos Aganzo en Las voces encendidas)

 

UN CANTO QUE BROTABA

 

Esas voces llegaron en la infancia

y sanaban, traían

la música con ellas, y palabras

que entendías o no, pero eso no importaba

-voces que no te herían-

que abrazaban el ritmo de tu cuerpo,

que se hacían en ti, y liberaban

lo que yacía escondido:

eso que los silencios

o las voces de casa no dejaban

expresarse, salir.

Llegaban

las voces encendidas

y podías ser tú:

un canto que brotaba.

 

ELENA DÍAZ

 

PÁJAROS DEL SILENCIO

 

 

Antigua tarde.

Pájaros antiguos.

C.M. Gaite

 

Los pájaros

han llegado del silencio

para posarse en el vértice del frío

y habitar la soledad.

Sobrevuelan el ocaso

que acaricia la piel de la tierra,

vienen con semillas en sus picos

a sembrar la tarde,

renace la vida bajo su mirada

y vuelan hacia la luz.

 

 

MAR MARTÍN

 

OLOR A LEÑA

 

Los rastros del olvido,

el ensueño de una escena.

¿Cómo canta la primavera

ahora que ya te vas?

 

El viaje sin retorno,

el nido que se abandona,

la salida del laberinto,

la aventura que no aprisiona.

 

¿Y ahora que mataste al Minotauro

quién te acecha por las noches?

 

Buscaste un camino de bosques,

que llevo en mis vigilias,

seguiste el sendero y partiste

dejándome ardida en el lago.

 

¿Me recordarás sin máscaras

cuando el reflejo de luna

respire a tus espaldas?

 

Entonces mis manos

al refugiarse entre tus blancas costillas

te harán ver:

 

que el próximo invierno será cálido

cuando huelas desde la distancia

el incienso del árbol caído,

la madera de la encina.

Los rastros imborrables en tu abrigo

 

CARMEN PRADA

 

LA ÚLTIMA BRASA

 

Hay ojos que ya no suplican,

que se perdieron en cocinas estrechas,

entre cuerpos que se marchitaban.

Miran como quien contempla de lejos

una casa en peligro,

sin correr, sin gritar,

sin intentar salvar nada.

Aprendieron que las promesas

son mentiras delicadas,

que el amor nunca es victoria,

que las alegrías tienen precio,

y que el tiempo no cura,

solo acostumbra.

Sedimentan el dolor,

y lo convierten en paisaje,

miran sin esperar,

recuerdan sin consuelo,

respiran sin proyecto.

Saben que lo más cruel no es la muerte,

es sentir cómo el cuerpo se apaga.

Son ojos que callan

y se vuelven huecos

como si hubieran sido saqueados.

Vivir fue acumular fuego,

 

para acabar siendo ceniza consciente.

Han visto demasiado,

lo dicen sin palabras,

con el gesto leve

de quien cierra la ventana

antes del viento.

En esa quietud resignada

hay una ternura secreta:

la de quien supo arder

y ahora protege

su última brasa.

 

JUAN CARLOS LÓPEZ PINTO

NIÑOS DOWN

 

( El 21 de marzo es el día de la. poesía y también el día del síndrome de Down: para ellos ese poema, para mis muchos amigos Down)

Para avivar colores, son fantásticos.
Para encender la luna, imprescindibles.
Para alzar el corazón sobre la música,
Ellos tienen abierta la boca y la garganta llena de alondras.
Ellos tienen la llama itinerante capaz de hacer florecer una amapola en un campo de trigos,
Capaces de dar dulzor al caramelo.
Ellos son, en resumen, mensajeros del cielo.
Y todo por capricho de la naturaleza: que les tocó una noche de luna para otorgarles un gen de más.
Niños DOWN: ¡Sublime inocencia!, Ternura infinita.

Prometí dedicarles un un escrito en prosa poética y lo hago, especialmente dedicado a las familias que acogen a un niño DOWN.
La llegada de la discapacidad a una familia suele ser tan repentina como insospechada. Un auténtico tsunami que atraviesa las vidas de todos.
Los niños DOWN no son niños con un síndrome; ¡SON NIÑOS!

 

 

BENITO GONZÁLEZ

 

Deja tu cuerpo,

solo tu cuerpo junto al mío

…y mira conmigo la noche.

 

Besaré tus pupilas

anhelantes de versos

con la felicidad

que me incendia.

 

Hilaré las palmas de tus manos

con la lírica solitaria

de un poema.

 

Oraré a las lunas sumerias

para que iluminen

el sentir crecido

en nuestro lecho de rosas

y puedas sentir

el alba recostada

entre las ramas de tus dedos cansados.

 

Y así, mientras escuchas

el sonido amante del silencio

te entregaré el mundo entero,

yo, que solo poemas poseo.

 

 

J.M. FERREIRA CUNQUERO

 

ANOCHECE

 

Los parques insólitos en la afueras

son un paisaje de óxidos y ruina,

de abandonos que no pueden

recobrar antiguos ajetreos.

Las acequias de un ocre barrizal expanden

el sudor herido que recorre

en sonámbula humedad de la tristeza

el vientre inmaculado de la noche.

Recolectores de cartón

limosnean en las esquinas silenciosas

la heredad de los hijos de la nada,

mientras en los fríos arrabales

que brotaron (pobre lujuria de cemento)

marginal se va infiltrando

el canto helador de la miseria.

 

MANUEL MARCOS ROBLES

 

Suena y baila el agua

Ruido de río

y sol de primavera.

Verde el campo,

flores de frutales

y canción en la ribera.

 

Dejamos el invierno

en la carretera.

Andamos el camino,

jugamos con los charcos

de abril y torrenteras

 

JOSÉ AMADOR MARTÍN

 

PAISAJE DE CRISTAL, VUELO DE PÁJAROS

 

 

Paisaje de cristal, vuelo de pájaros,

paraíso alado de mis ansias;

rompe la mañana sus colinas al viento

y las nubes son flores de sueños

sobre los valles de Luz, bajo colinas de nata

donde se desliza la esencia más pura

de un sueño de árboles enredado en tu cuerpo.

Navega mi esperanza por los mares de espumas,

en la sonora Luz de los arroyos

deshielos de las nieves que cubren tus cimas.

Los pétalos de las flores siembran los aledaños

de la casa vacía, en la alfombra que pisan mis pasos

y vuelve a ser la mañana luz y paisaje

crisálida desperezada al borde del invierno.

En los abismos de la sombra es dulce la Luz

que abre coronando el brillo de los labios

de la flor de los días, cuando se enciende el sol.

Un río de cristales anuncia la madrugada

y hace brillar los árboles que florecen al tiempo

de los sueños furtivos en tu esencia divina.

Una melodía dulce llena los valles y las cimas de nata,

aún blancas de las ultimas nieves del invierno que muere.

 

 

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