«Crear en Salamanca» se complace en presentar este conjunto de poemas y autores para celebrar la Poesía y con ella hacer de la Primavera la Fiesta de la Poesía.

INTRODUCCIÓN
(José Amador Martín)
El presente conjunto de poemas se configura como un corpus plural en el que la palabra poética actúa no solo como vehículo estético, sino también como forma de conocimiento y de indagación en la experiencia humana. A través de una notable diversidad de registros expresivos, estos textos articulan un espacio común donde convergen lo sensorial, lo simbólico y lo reflexivo.
Uno de los ejes vertebradores de la selección es la relación entre el ser humano y la naturaleza, entendida no únicamente como marco paisajístico, sino como sistema de significación. Los elementos naturales —la luz, el agua, la vegetación, el ciclo de las estaciones— adquieren una dimensión semántica que trasciende lo descriptivo para convertirse en correlato de estados interiores, revelando una constante oscilación entre lo visible y lo íntimo.
De manera paralela, la memoria se erige como un dispositivo estructurador del discurso poético. No se trata de una evocación meramente retrospectiva, sino de una reconfiguración afectiva del pasado, donde la experiencia vivida se somete a un proceso de decantación simbólica. En este sentido, el recuerdo aparece atravesado por la tensión entre presencia y ausencia, entre lo que permanece y lo que inevitablemente se desvanece.
El tratamiento del amor, lejos de una formulación unívoca, se despliega en múltiples direcciones: como impulso vital, como espacio de comunión, pero también como herida o como huella persistente. Esta ambivalencia dota a los textos de una intensidad emocional sostenida, en la que la expresión de lo afectivo se articula desde una notable contención formal.
Asimismo, una parte significativa de los poemas introduce una dimensión metapoética, reflexionando sobre la propia naturaleza del lenguaje y sobre los límites de la representación. La poesía aparece entonces como un territorio de resistencia frente a la fragmentación de la experiencia contemporánea, así como un intento de nombrar aquello que, por su propia complejidad, se sitúa en los márgenes de lo decible.
No se eluden, por otra parte, zonas de sombra vinculadas a la fragilidad de la existencia, la conciencia del tiempo o la dimensión social del sufrimiento. Sin embargo, incluso en estos registros más sombríos, la escritura mantiene una voluntad de sentido que se manifiesta en la búsqueda de una forma, de un ritmo o de una imagen capaz de sostener la experiencia.
En conjunto, esta selección poética propone una lectura que trasciende lo meramente estético para situarse en el ámbito de lo vivencial y lo cognitivo. Se trata de una invitación a una lectura atenta, casi meditativa, en la que cada poema funciona como un espacio de resonancia donde el lector no solo interpreta, sino que también se reconoce.
Fotos.: José AmadorMartín

MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ
El musgo
abre
su mano
en la retícula
afilada
de lo real.
Nudo verde,
diéresis
que el agua
disemina:
espora de lenguaje
hacia lo vivo.
No urge
ningún modo
de sintaxis
o
tallo
para crecer
sobre esta línea
vertical.
Turba tan obstinada:
ligadura.
ANTONIO COLINAS
Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz
Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz
por vez primera, dejo también el corazón.
No pasará otra onda rumorosa del río,
no quedará este chopo envuelto en fuego verde,
no cantará otra vez el pájaro en su rama,
sin que deje en el aire todo el amor que siento.
Aquí, en estas riberas que llevan hasta el llano
la nieve de las cumbres, planto sueños hermosos.
Aquí también las piedras relucen: piedras mínimas,
miniadas piedras verdes que corroe el arroyo.
Hojas o llamas, fuegos diminutos, resol,
crisol del soto oscuro cuando amanece lento.
Qué fresca placidez, que lenta luz suave
pasa entonces al ojo, que dulzura decanta
el oro de la tarde en el cuerpo cansado.
Hojas o llamas verdes por donde va la brisa,
diminuto carmín, flor roja por el césped.
Y, entre tanta hermosura, rebosa el río, corre,
relumbra entre los troncos, abre su cuerpo al sol,
sus brazos cristalinos, sus gargantas sonoras.
Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz
por vez primera, miro arder todas las tardes
las copas de los álamos, el perfil de los montes,
cada piedra minúscula, enjoyada del río,
del dios río que llena de frutos nuestros pechos.
Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz
por vez primera, dejo también el corazón.
CELIA CORRAL CAÑAS
HERMENÉUTICA
Primero nos amaron como a santas,
símbolos de la paz, nos definieron.
Ahora, sin embargo, nos detestan,
nos llaman, con desdén, ratas aladas.
Nosotras solo somos las de siempre.
Nosotras siempre les tuvimos miedo.
(De La voz del animal bajo tu piel, Editorial BajAmar, 2017)
ANNIE ALTAMIRANO
El camino de las luciérnagas
A la hora en que los álamos relucen de atardecer,
cerca del río croan las ranas y comienza
la insistente convocatoria de los grillos.
Cae la noche en los sauces.
La oscuridad se dilata
y la impaciencia del verano se demora en la sierra.
En una esquina del ventanal llama la Cruz del Sur –
recompensa que tenemos
quienes trasnochamos en aquel hemisferio –
y comienza el balbuceo inasible
de las luciérnagas encendidas.
Vuelvo a los primeros manantiales
con el pecho abierto a las ausencias –
el corazón no sabe cómo narrar las migraciones –
y con la memoria amontonada en las arterias
escribo despacio el verso que los nombra.
Las estrellas se deprenden de la noche,
siguen su propia ruta,
antigua huella labrada.
Separo cuidadosamente los recuerdos,
el sosiego de aquellas voces
que conozco desde siempre,
y regreso al lugar donde dormía
siguiendo el camino de las luciérnagas.
@Annie Altamirano, en Manual para habitar los bordes sin cortarse, Ed. Tarqus, Marzo 2026

ALFREDO P. ALENCART
SOSIEGO
Recuéstate
sobre un campo de trigo
enverdecido
y celebra
bajo tus párpados
que no pugnas
por lujos o prebendas;
celebra que tu sudor
no es destilación
de angustias.
Recuéstate
canturreando melodías
que sosiegan
como los arrullos
del agua.
ARACELI SAGÜILLLO
Este cielo azul, tan azul,
estas manos apretando el día,
este clamor tan extraño,
del fondo de algún sentimiento.
El claustro enramado en el árbol
del amor, vive su pequeño mundo.
La voz y su dominio observa
que la cumbre más alta que la luna,
la más clara y más radiante de todas
las claridades en el cielo, prevalezca.
Se busca la verdad del amanecer,
los besos se respiran con el fulgor
latente de la noche.
Antes que la trama de la vida llegue,
estrenas el día sin nadie ya presente.
Desde el alto ciprés cansado de crecer,
alguien lanza un grito paralelo al sol.
SOLEDAD SÁNCHEZ MULAS
Poética de la consunción
Es mi cuerpo un prado bendecido
por tu templada escarcha,
por tu luz soberana
que lo retorna manso y sortilegio.
Me someto a tu espalda,
al camino que traza tu columna
hacia lo impredecible,
mientras nievas en tus propios mundos
ajenos a mis sueños.
Conquistas mis secretos,
a los que llegas ebria de tu lluvia
después de profanar los continentes
que nos nombraron una,
con la sola conciencia de tu musculatura,
potente brida de metal, cilicio,
helada cruz.
Eres mi ensalmo,
rara piedra de alquimia,
que quema si se toca,
por su candente frío.
MARCOS JOSÉ COBOS MUÑOZ
AMANECER
Montaña de polvo indiscreto que vuela
Apoyado en una corriente de aire con olor a catedral,
Que se luce bajo el manto del primer rayo de la mañana
Compelido a atravesar el imponente campanario
Cuyo ámbar de Villamayor acierta a pronunciarse
Reflejado en una gota de rocío
Que se llora a sí misma, verde hoja abajo
Como despedida de un invierno.

JOSÉ ANTONIO VALLE ALONSO
SONETO A LA POESÍA
Te vi llegar cometa, aroma rosa.
Te vi llegar temprana primavera.
Te vi llegar hermosa a mi quimera
versátil flor, en flor de mariposa.
Y revolotear versos y prosa
en mis ensueños de cristal y esfera.
Te vi llegar desnuda, verdadera
amor en el amor de cualquier cosa
Te vi llegar sencillamente, mía.
Y seguir el camino con mis pasos
rimando versos por si me perdía
Te vi llegar con luz de tercioleo
Y entrar por mi ventana sueños rasos.
Te acariciaron alas de mi anhelo.
IVÁN MANJÓN GARCÍA
POEMA A TI, MI POESÍA.
Uno,
leyendo poesía,
se transporta dónde el tiempo no emana.
Pues,
los segundos no nadan.
Pues,
los minutos no fluyen.
Pues,
las horas no rompen.
Uno,
escribiendo poesía,
se transporta al lugar que imagina,
pues es el que (d)escribe.
Mas, lo hace en balde.
Aquello imposible de imaginar,
no lo puede añadir.
Un horizonte tuyo y mío.
Solos.
Tú y yo.
Uno,
sintiendo la poesía,
en un mundo tan vagamente humano,
no siente su existencia.
Existe en el cosmos.
Existe en el universo.
Sempiterno.
Sólo,
existo y vivo,
en ti,
Amor Mío
MUSTAPHÁ AMARI
Huella en la brisa de la ausencia
Pregunté a la piedras,me respondió el silencio cubierto de una capa de sal
La luz del día arrastra una caña rota
Y la noche con todo su esplendor cayó sobre los hombros
Todos los que partieron
Con ellos llevaron los toques plasmados en las ventanas
Solo quedaron algunos asientos
Y la brisa de un aire que me acompaña a todo momento
La memoria perdió su esencia como un jardín que florece en tierra de nadie, en la nada
Y tu
No eres la luna, solo una chispa de luz
Una chispita que brilla en el bolsillo de un extraño para guiarle en la oscuridad.
FERNANDO GIL VILLA
BOTÁNICA DEL DESPOJO
Ese cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,
¿ha empezado a retoñar?
(T. S. Eliot)
Despojo melodioso de la soluble primavera
se lo lleve río abajo la crecida de llanto.
(Aníbal Núñez)
Ya he visto cómo las flores corrompen
el aliento de la augural montaña o cómo la nave
se eyecta sobre la inmundicia
-esa nube que forman los sueños
de los pobres- para ver otra oscuridad.
Entre tanta hoja de ventana dolorida
no lograba regular la niebla en salsa
de memoria su luz flamígera de recién parida
-aún cansada de sostener las aguas bravas-
Demos una vuelta, dije, Mejor in situ naufragar, pensé.
Tanto oleaje sin con pasión
en las orillas de la plaza, tanto sudario
planchado que ni lo ves o no recuerdas
que fue la luna quien habitó el recuerdo
de su rostro impreso en tu sábana
para impedir que pudieras
deshacerte de ella.
Luego a la altura del Entierro
sobadas gemas de saludos
con helado de yogur
remiendan la celebración:
¡Cuánto has crecido Flagelito
en este invierno y qué bonitos cardenales
en ese falso moradito! ¿Ya te enseñaron en la escuela-
cofradía por qué las hijas golondrinas
no quieren más los balcones
sino sótanos o garajes
donde anida combustión?
Se sobreentiende la respuesta:
Eso será ahora en primavera
con la migración del profesor unicornio
que enhebra dientes de León
Pero la centella de tu perfume seguía
otras procesiones -el protocolo de la esperanza
en caso de incierta preocupación-.
La verdad
es que no sé cómo se entierra
un pequeño animal como el invierno
en primavera.

LEONOR MARTÍN MERCHAN
ÁNGELES
Siento aún más hoy el
latido,
en la desnudez del alma
sin ropaje,
que no veo tu dinero ni tú traje, sino alas que me
marcan el camino.
La blancura de tu piel a
manos llenas,
se desborda en el amor
con que abrigaste,
la lección del Maestro
bien curtido
al alumno que dormido despertaste.
Santa Cruz que mediaste
en el camino,
con tu fuerza
Omnipotente al
alabarte,
has fijado sanación en
mi destino y en tu
nombre sanarás a quien
se agarre
a esa Luz que despierta
a lo Divino
con el alma desprendida
a tu bagaje.
CHARO ALONSO MARTÍN
En el trémulo gesto de alisar el mantel
Me faltas.
Los pliegues que caen de la mesa,
Como el sudario dulce de este cuerpo,
El cuidado de un pétalo
Desprendido de los jarrones
Que no alcanza a elevar
La belleza de las flores.
Tiene la mesa puesta
Cualidad de cuerpo ofrecido
Y sin embargo,
No hay alegría en el cristal que elevamos
No hay comida en el vacío redondo
De platos como ojos que devuelven tu ausencia
Hambrientos y desnortados.

ELBA MARIBEL HERNÁNDEZ MIRANDA
Carta para otra primavera
Aunque desde el valle no se divisa
cómo retoñan jubilosas
fantasías urbanas,
lo cierto es que alguien
trazó en el sendero luces sin
señales de aviso.
Una palabra desde lejos entonces
informa: se ha visto al ruiseñor
debutar con la flauta de pico,
sobrevolar las fogatas nocturnas
donde se templan la madera y el alba.
En este paisaje soledad se intuye solo
girar el carrusel del pueblo en la alameda,
pero nada falta ni nada sobra
-lo mismo daría ahora hablar de pájaros
o patrias, bajo la misma lucidez
conmovedora-.
Nada ha envejecido en el deseo.
ANA SÁNCHEZ DÍAZ DE COLLANTES
A Carmen
Andar playas
abandonar
el pie con donaire entre prímulas doradas
flotar contra el alba
lejos, lejos.
ARÁNZAZU AGUDO
Para Luisa, mi madre amada.
TODOS FINGEN FORTALEZA
Todos fingen fortaleza.
El sol de la mañana,
las manos laboriosas,
los ojos enlutados,
la calle anhelando tus pasos,
el sonido de juventud que guardaba tu memoria.
Pero sabe el aire de tu ausencia
como el dolor de la espina y, aun así,
brotan las rosas mansamente.
Evita la boca nombrarte
y te guarda en el último beso.
Construye mi ansia un silencio ladrillado.
Mientras…
Florecen tus hortensias sintiendo
el útero materno que ahora te cobija.
ISAURA DÍAZ FIGUEIREDO
El primer amor
La suave brisa del alba
me trae
en la distancia,
el perfume del ramo de rosas
que un día me entregaste
creyendo que nuestro amor
era una eterna primavera.
Fue
nuestro reencuentro,
un lindo sueño
el cruce de dos almas que esperaban
la eterna primavera:
Tu y yo
somos un sueño del que no quiero despertar.
Tejimos castillos de arena
sin miedo al tiempo,
y seremos siempre
eterna primavera
donde no mueren los sueños
ni terminan las fronteras.
Siempre estaré a tu lado como la primavera y la flor.
con la pasión de dos que entre sueños se entregan.
como la primavera y flor.

MÓNICA VELASCO
A Margarita Ferreras
Poeta de la Generación del 27
Rival celeste
En el arranque de la nuca
la aguja fría del deseo
y un tizón en el pecho
como llama rotunda.
Ni argolla ni dogal
quiero ser en amor
incandescente noche o ámbar
en la fiebre de tu lengua,
bosque de un vientre más oscuro.
Vivamos este duelo hasta la sangre
y cuando apenas de tu cuerpo
y el mío queden
la ceniza y el oro
vivamos más aún, soñemos
que la carne sobrevive, abandono,
lumbre en el cosmos donde te hallo.
JOSÉ ALFREDO PÉREZ ALENCAR
ALJABA DEL ASOMBRO
En la cuna de Séneca,
todas las calles se precipitan
sobre una flor de Damasco
donde santos enjaulados,
conservan el ineludible legado.
La península de ocho siglos,
lustrando su dorado barroquismo,
culminando el trémulo sincretismo
del gozado mestizaje,
recitando en la aljaba del asombro
a dioses de múltiples columnas,
anunciando la menguante Grecia
o la coronación de un Cristo
bajo el auge de la diáspora.
La prístina búsqueda del albedrío
aferrándose a esta danza arquitectónica,
son los estigmas y el profeta que,
opacándose en la lengua de las Sibilas,
enrojecen los aceros con el credo ajeno.
El credo, de la colosal oración
preguntando al enjambre,
habitante en sus muros,
sobre el verdadero cielo,
sobre los nombres sepultados,
sobre aquella veleidosa Tierra Santa
descrita virtud en el arte implacable
soliviantando las puertas del Guadalquivir.

ISABEL BERNARDO
EL SACRIFICIO DE LAS FLORES
I
NO ME PREGUNTÉIS por qué ha sucedido.
Yo tan solo miraba el árbol sin mirar.
Un manzano silvestre que en pocos días
se había cuajado de flores, tan delicadas,
que se despeñaban al aire con cualquiera
de mis más leves pestañeos.
Sin embargo los gorriones iban y venían
en travieso alboroto por sus ramas, sin destrabar
siquiera, alguno de aquellos pequeños pétalos
suspendidos en tan frágil hermosura.
La lluvia de la tarde tampoco pudo arrumbar
una sola flor
a las ramblas que reptaron, poco después,
la gravedad sur del jardín.
No me consuela saber que la naturaleza y los hombres
hace siglos que no hablan el mismo lenguaje.
Lo único que me perturba es llegar a creer
que mis ojos
ya solo tienen mirada para el sacrificio de las flores.
Lo único que me inquieta es regresar
de esta guerra
a un réquiem vacío de ángeles en el jardín.
II
NO NEGARÉ que distraigo las horas
paseando mi pensamiento por las islas lejanas
de los rosales de mi padre. Todo tipo de soledad
se complace con la conquista de una flor. Las mías
hoy se han aparecido blancas y bellísimas en la brisa y
se multiplican
se multiplican
se multiplican
sobre sus símbolos
en la fascinante arquitectura que levantan los silencios
apuntalados a la paz de los cipreses.
III
YA NO SON MÍAS sino del aire.
Un ventarrón se ha llevado las flores caídas al andén
oscuro de la noche. No me atrevo siquiera a mirar
la estela de su blanca desdicha. Tan solo
me he decidido a cantar. Sí,
cantaré.
Que sea mi voz un largo vuelo, un inagotable viaje
hacia toda suerte de imprecisión,
hacia toda suerte de olvido.
Publicado en la antología “Poesía de interior [Cuarentena poética]”, Sial Pigmalión,
MARIAN DE VICENTE
“Voces que a veces vienen de lo alto
vestidas de hermosura
y nos cantan sin miedo
esa otra canción que nos aguarda.”
(Carlos Aganzo en Las voces encendidas)
UN CANTO QUE BROTABA
Esas voces llegaron en la infancia
y sanaban, traían
la música con ellas, y palabras
que entendías o no, pero eso no importaba
-voces que no te herían-
que abrazaban el ritmo de tu cuerpo,
que se hacían en ti, y liberaban
lo que yacía escondido:
eso que los silencios
o las voces de casa no dejaban
expresarse, salir.
Llegaban
las voces encendidas
y podías ser tú:
un canto que brotaba.
ELENA DÍAZ
PÁJAROS DEL SILENCIO
Antigua tarde.
Pájaros antiguos.
C.M. Gaite
Los pájaros
han llegado del silencio
para posarse en el vértice del frío
y habitar la soledad.
Sobrevuelan el ocaso
que acaricia la piel de la tierra,
vienen con semillas en sus picos
a sembrar la tarde,
renace la vida bajo su mirada
y vuelan hacia la luz.
MAR MARTÍN
OLOR A LEÑA
Los rastros del olvido,
el ensueño de una escena.
¿Cómo canta la primavera
ahora que ya te vas?
El viaje sin retorno,
el nido que se abandona,
la salida del laberinto,
la aventura que no aprisiona.
¿Y ahora que mataste al Minotauro
quién te acecha por las noches?
Buscaste un camino de bosques,
que llevo en mis vigilias,
seguiste el sendero y partiste
dejándome ardida en el lago.
¿Me recordarás sin máscaras
cuando el reflejo de luna
respire a tus espaldas?
Entonces mis manos
al refugiarse entre tus blancas costillas
te harán ver:
que el próximo invierno será cálido
cuando huelas desde la distancia
el incienso del árbol caído,
la madera de la encina.
Los rastros imborrables en tu abrigo
CARMEN PRADA
LA ÚLTIMA BRASA
Hay ojos que ya no suplican,
que se perdieron en cocinas estrechas,
entre cuerpos que se marchitaban.
Miran como quien contempla de lejos
una casa en peligro,
sin correr, sin gritar,
sin intentar salvar nada.
Aprendieron que las promesas
son mentiras delicadas,
que el amor nunca es victoria,
que las alegrías tienen precio,
y que el tiempo no cura,
solo acostumbra.
Sedimentan el dolor,
y lo convierten en paisaje,
miran sin esperar,
recuerdan sin consuelo,
respiran sin proyecto.
Saben que lo más cruel no es la muerte,
es sentir cómo el cuerpo se apaga.
Son ojos que callan
y se vuelven huecos
como si hubieran sido saqueados.
Vivir fue acumular fuego,
para acabar siendo ceniza consciente.
Han visto demasiado,
lo dicen sin palabras,
con el gesto leve
de quien cierra la ventana
antes del viento.
En esa quietud resignada
hay una ternura secreta:
la de quien supo arder
y ahora protege
su última brasa.
JUAN CARLOS LÓPEZ PINTO
NIÑOS DOWN
( El 21 de marzo es el día de la. poesía y también el día del síndrome de Down: para ellos ese poema, para mis muchos amigos Down)
Para avivar colores, son fantásticos.
Para encender la luna, imprescindibles.
Para alzar el corazón sobre la música,
Ellos tienen abierta la boca y la garganta llena de alondras.
Ellos tienen la llama itinerante capaz de hacer florecer una amapola en un campo de trigos,
Capaces de dar dulzor al caramelo.
Ellos son, en resumen, mensajeros del cielo.
Y todo por capricho de la naturaleza: que les tocó una noche de luna para otorgarles un gen de más.
Niños DOWN: ¡Sublime inocencia!, Ternura infinita.
Prometí dedicarles un un escrito en prosa poética y lo hago, especialmente dedicado a las familias que acogen a un niño DOWN.
La llegada de la discapacidad a una familia suele ser tan repentina como insospechada. Un auténtico tsunami que atraviesa las vidas de todos.
Los niños DOWN no son niños con un síndrome; ¡SON NIÑOS!

BENITO GONZÁLEZ
Deja tu cuerpo,
solo tu cuerpo junto al mío
…y mira conmigo la noche.
Besaré tus pupilas
anhelantes de versos
con la felicidad
que me incendia.
Hilaré las palmas de tus manos
con la lírica solitaria
de un poema.
Oraré a las lunas sumerias
para que iluminen
el sentir crecido
en nuestro lecho de rosas
y puedas sentir
el alba recostada
entre las ramas de tus dedos cansados.
Y así, mientras escuchas
el sonido amante del silencio
te entregaré el mundo entero,
yo, que solo poemas poseo.
J.M. FERREIRA CUNQUERO
ANOCHECE
Los parques insólitos en la afueras
son un paisaje de óxidos y ruina,
de abandonos que no pueden
recobrar antiguos ajetreos.
Las acequias de un ocre barrizal expanden
el sudor herido que recorre
en sonámbula humedad de la tristeza
el vientre inmaculado de la noche.
Recolectores de cartón
limosnean en las esquinas silenciosas
la heredad de los hijos de la nada,
mientras en los fríos arrabales
que brotaron (pobre lujuria de cemento)
marginal se va infiltrando
el canto helador de la miseria.
MANUEL MARCOS ROBLES
Suena y baila el agua
Ruido de río
y sol de primavera.
Verde el campo,
flores de frutales
y canción en la ribera.
Dejamos el invierno
en la carretera.
Andamos el camino,
jugamos con los charcos
de abril y torrenteras
JOSÉ AMADOR MARTÍN
PAISAJE DE CRISTAL, VUELO DE PÁJAROS
Paisaje de cristal, vuelo de pájaros,
paraíso alado de mis ansias;
rompe la mañana sus colinas al viento
y las nubes son flores de sueños
sobre los valles de Luz, bajo colinas de nata
donde se desliza la esencia más pura
de un sueño de árboles enredado en tu cuerpo.
Navega mi esperanza por los mares de espumas,
en la sonora Luz de los arroyos
deshielos de las nieves que cubren tus cimas.
Los pétalos de las flores siembran los aledaños
de la casa vacía, en la alfombra que pisan mis pasos
y vuelve a ser la mañana luz y paisaje
crisálida desperezada al borde del invierno.
En los abismos de la sombra es dulce la Luz
que abre coronando el brillo de los labios
de la flor de los días, cuando se enciende el sol.
Un río de cristales anuncia la madrugada
y hace brillar los árboles que florecen al tiempo
de los sueños furtivos en tu esencia divina.
Una melodía dulce llena los valles y las cimas de nata,
aún blancas de las ultimas nieves del invierno que muere.



Deja un comentario
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.