Cuatro poemas de Javier Burguillo

 

 

Bachillerato

 

Andaré a pasos cortos alrededor de ti

aunque pongan caballos a Lisboa.

Aunque inventen jardines de Francia

con sonidos de orquesta, y encontrara

en ellos todo el Adriático

en unos ojos distintos

a los tuyos,

yo elegiría siempre el portal de tu casa

esperando a que salgas diciendo mi nombre.

 

* * *

Boceto de un atardecer

 

Las praderas perfiladas del sol

y en abrazo las llamas abrasando los montes.

Escrito está en mi alma vuestro gesto,

espejo, estigma, catarata de Dios.

Tibi laus, tibi gloria, tibi gratiarum actio,

de coros angélicos.

 

Y holocausto del cielo en sangre.

Y homenaje del cielo a los hombres inclinado.

Y silencio después, y sólo ausencia.

 

– Millones de palabras por pintarte así

regalaría, hermosura furtiva

que huyes de mis letras.

 

* * *

Retrato no vulgar de Lisi

 

Violentos cuellos de cítara raptada

en tensión musical,

tallos de trigo,

aristas con aroma

que buscan la sombra, saltarinas,

aguamaniles mellados de cerámica azul,

corceles negros que son fiesta del mirar,

tus ojos son dragones de feria;

cresta felina, relámpago, tus manos;

manzana, códice, cantoral

tus dedos,

y en mirador de huertas

y arrozales, tus pasos son limpios

y pequeños.

 

– Que sean estas palabras, Lisi,

mi tributo, y que adornen por siempre

tu nombre, jubilosas.

 

* * *

 

Tarde de noviembre

 

Noviembre. Un viaje

hacia el exterior de la meseta;

el recuerdo familiar de una despedida;

entre mis manos, inútilmente

hermoso, un libro antiguo;

el deseo insólito de querer vivir

en la marea cosmopolita

del metro londinense y, juntamente,

suspirar por un naufragio ecuatorial,

por una isla sin nombre

con nativos felices e ignorantes…

 

Noviembre que anocheces la tarde

y que de nuevo me niegas

las palabras

con que hubiera querido

escribir este poema.

 

* * *

2 comentarios
  • avatar
    Santiago Redondo Vega
    mayo 23, 2013

    Hermosa geografía sentimental, Javier. Poesía para releer con gusto.

  • avatar
    Juan Ángel
    mayo 25, 2013

    Resulta la aliteración del abrazo de las llamas abrasando los montes un encendido y pequeño homenaje al Pentecostés, pero no solo esto salta a la vista, sino también un profundo homenaje a nuestra tradición literaria y al mayor lirismo que arde y desaparece…

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