UN AUTOR, UN POEMA . ANA SÁNCHEZ DÍAZ DE COLLANTES. «MUSA»

«Crear en Salamanca», inicia con esta publicación la sección Un autor un poema. Hoy iniciamos con la  Escritora Salmantina Ana Sánchez Díaz de Collantes,  novelista, poeta y cuentista salmantina y su poema «Musa»

Ana Sánchez Díaz de Collantes, Viajera incansable, tras licenciarse en Filología por la Universidad de su ciudad natal, ha trabajado como profesora de Lengua  Española y Literatura, además de en España,  en diferentes lugares del mundo como Europa, Estados Unidos o Asia Central.

Posee publicaciones de diferente índole que la llevan de la investigación filológica  a la creación, a través de medios como The Breeze – James Madison University ,USA-, El Papel de la Efepe, el Instituto per la Cooperatione Universitaria( Italia), El Norte de Castilla, Los Libros o Crear en Salamanca, entre otros.

Publicó su primer libro, titulado “Faltaba África”, en 2005, el relato de un viaje por el continente negro, cuyos beneficios íntegros van destinados a orfanatos ubicados Malí, África. Otro título, en una línea diferente y realizado un año más tarde, es “Salamanca, Plaza Mayor de Europa”.

En el año 2011 presentó un grueso volumen de poesía, “La Espuela y el Halda”, obra de carácter antológico que recibió una muy buena acogida en los medios por parte de la crítica, entre la que figuran nombres como A. Gamoneda, A. Gala, A. S. Zamarreño, Luis A. de Cuenca o L. G. Jambrina.

En 2014 publicó con éxito su primer libro de relatos, “El cofre del expedicionario”, una ‘aventura vital y trascendente’.

En la actualidad, continúa publicando poemas y textos en volúmenes de diversa índole y es colaboradora frecuente de eventos relacionados con la cultura y la literatura.

 

«MUSA»

El poema que inicia esta serie  pertenece al libro «La espuela y el halda», ed Vitrubio

El poema “MUSA” traza un recorrido interior donde el yo poético avanza con esfuerzo y obstinación por un camino incierto, casi ritual. Las imágenes iniciales —el muro que se deshoja, el bosque, la niebla— construyen un paisaje simbólico de búsqueda y desgaste, en el que crear o avanzar implica atravesar lo velado y lo fragmentario. La presencia de sonidos susurrados y presagios sugiere una realidad que no se revela de forma directa, sino a través de señales sutiles, como si la inspiración misma hablara en clave.

El hablante se muestra vulnerable (“costado penitente”), pero también atravesado por una luz contradictoria: un contraluz altanero, constelado, que al mismo tiempo hiere y orienta. Esa tensión entre cansancio y revelación sostiene el poema hasta el cierre, donde la fe poética se condensa en una imagen delicada: la luz escondida en una “rosa oculta”. Allí, lejos y silenciosa, habita la esperanza, no como certeza inmediata, sino como candor persistente que justifica el camino.

 

Me afano

me empeño en el camino aguatinta

tras el muro,

aquél que se deshoja al pie

del bosque.

 

Tejedores de niebla murmuran

un presagio de romanzas a mi paso

en los barandales de la tarde.

 

Por mi costado penitente

un contraluz se enreda

constelado y altanero.

 

Mas

            creo

que, enlunada y remota

en alguna rosa oculta

está la Luz

y habita,

el candor de la esperanza.

 

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