«NADA, SALVO EL CAMINO». POEMAS DE MAITHAM ALHARBI. TRADUCCIÓN DE ABDUL HADI SADOUN

«Crear en Salamanca» se complace en presentar esta colección de poemas en una traducción de Abdul Hadi Sadoun del poeta y académico Maitham Alharbi,  quien  nació en Babilonia en 1981 y vive en Bagdad. Es una de las figuras activas en la vida cultural y uno de los poetas más destacados de la etapa posterior a la invasión de Irak en 2003. Estudió lengua y literatura árabes, y obtuvo el título de doctor en filosofía del lenguaje por la Universidad Al-Mustansiriya. Ha publicado La inocencia de la lluvia, Digo ay, y los perros repiten mi ladrido, Cargué mis palabras y me fui, y Nada salvo el camino.

 

Traducción; Abdul Hadi Sadoun

Maitham Alharbi

 

POEMAS

 

Guía del camino

Nuestra señal hacia el muerto: una nube,
y hacia el asesino: la marca (X).
Los hilos de la evidencia
los recoge un viento furioso.

 

 

El camino de las probabilidades

El plan era
seguir discutiendo con el viento;
pues lo que queda
es un país que limpia su pistola esta noche,
para su amanecer.

 

 

El camino del borrador

¿Qué significa retocar una imagen?
¿Borrar penas que persisten y añadir otras?
¿Escribir ideas y borrar sentimientos?
¿O escribir sentimientos y borrar ideas?
¿Caer sobre la realidad y que ella caiga sobre ti…?
Intercambiar cadáveres, muchas veces… siempre.

 

El camino del viento y las puertas

 

El viento y las puertas tienen la idea del silbido.
El viento y las puertas: un canto sobre las sombras.
El viento y las puertas tienen un puño obstinado.
El viento y las puertas: poseen el final.
El viento y las puertas tienen un horizonte de trampas.
El viento y las puertas: cuando envejecen las cicatrices.
El viento y las puertas tienen muchos nombres.
El viento y las puertas: nuestro lugar, ahogado en alabanzas.
El viento y las puertas se parecen al crepúsculo.
El viento y las puertas: cada vez que brillan los balcones.
El viento y las puertas guardan el pozo del recuerdo.
El viento y las puertas: los que lo vieron todo.
El viento y las puertas tienen la herida del eco.
El viento y las puertas: presas que pisan su propio aliento.
El viento y las puertas poseen un ataúd de elocuencia.
El viento y las puertas: nuestro festival leve…

 

 

El camino del sospechoso

Sincero, como un espejo,
y un pecho ancho, como un cenicero.
Toma un tren hacia la dirección equivocada,
y las estaciones arrojan sobre sus hombros sus desechos.
De una parada a otra,
añade su pálido color a los transeúntes,
y pregunta:
¿cuánto queda del trayecto?

 

El camino de la vida breve

(Antes de que se marchite) la flor del corazón,
(Antes de que se apague) la llama en el alma,
(Antes de que encanezcan) todos los cabellos negros…
¡Mata los arcos y lo que contienen!

 

 

El camino de la restauración del afecto

Es oscuro y extraño
que la pérdida ocurra en el amor por su imagen,
y desaparezcas dentro del agua.
Es una bestia solitaria que deambula por la historia:
el rostro de los muertos que ha vomitado,
el rostro del asesino que perdió sus llaves
en las leguas de la masacre.
El tránsito de ceniza en ceniza
lo convirtió en una bestia solitaria que vaga por la historia,
llenando la tristeza de los vientos
y las colas de las noches y los días,
con venganza.

 

El camino del desarmado

Se debilita la luz de la existencia sobre las cortinas,
y la noche, con sus títulos sucesivos,
sangra de los muros.
En el corazón del salón, el silencio deja su campanilla,
y la vela del dolor limpia la mesa.
El desarmado pensó en la pérdida y sus monedas,
en el silbido de la debilidad entre quintas y sextas,
en los tropiezos,
su más bello bastón…

 

El camino del olvido

De vez en cuando,
nos llegan sus voces, y vienen:
con el sonido de la palabra “fuego”, brillante y firme,
con el sonido de la palabra “ceniza”,
rasgando el ir y venir,
con el sonido de la palabra “días”,
cuando se ocultaron en la curva,
y en el hueco de la palabra “silencio”,
donde resonaron sus pasos…
Aquellos que no olvidaremos:
cercanos como una aguja,
lejanos, detrás de un rastro de paja de palabras.

 

El camino de la elegía del enemigo

Dice:
Una vida fugaz he vivido,
y los finales se amontonan.
Soy un enemigo impulsado,
por la canción de cuna de las madres, hacia el resplandor.
Viajo enfermo,
entre las garras de niños dormidos.

 

 

El camino de los finales

Al final,
aquí estamos reuniendo los ritmos:
el eco resonante,
la sucesión de las sombras,
el crujir de las ilusiones;
volteamos la bola de cristal, y vemos:
que cantábamos,
o empujábamos un barco de papel hacia su idea.
Al final,
apagamos el lugar,
apagamos el poema,
¡y nos fundimos con la tormenta!

Portada del libro Nada salvo el camino

 

 

 

 

 

 

 

 

Aún no hay ningún comentario.

Deja un comentario