
Portada del libro, Magdalena Biota y Luis Cruz-Villalobos
Crear en Salamanca tiene el agrado de presentar con sus lectores un texto del científico Diego A. Golombek, que introduce el nuevo libro del psicólogo y poeta chileno Luis Cruz-Villalobos y la académica y poeta argentina Magdalena Biota, titulado Neurociencia y Poesía: cognición, emoción y salud (William James Ediciones, Colección Manuales Mínimos, 2026), el cual que aborda las significativas conexiones que se han descubierto entre neurociencia y poesía.
El Dr. Diego A. Golombek (Buenos Aires, 1964) es un biólogo argentino (Lic. y Ph.D. por la UBA) dedicado a la cronobiología, el campo que estudia cómo el sueño y los ritmos circadianos organizan la vida biológica y afectan la salud. En el sistema científico argentino se desempeña como investigador superior del CONICET, con proyectos centrados en la regulación del sueño y los ritmos circadianos en humanos y sus consecuencias sociales y sanitarias. Además de su producción académica, Golombek es una figura clave en la divulgación científica: en 2015 fue distinguido con el Premio UNESCO Kalinga por su comunicación pública de la ciencia, y se destacó, entre otras cosas, por impulsar espacios donde ciencia y cultura dialogan, como el área científico-tecnológica del Centro Cultural Ricardo Rojas. Actualmente también está vinculado a la Universidad de San Andrés, donde dirige un laboratorio interdisciplinario sobre tiempo y experiencia, y su trayectoria reúne premios y reconocimientos internacionales y nacionales.
Los autores del libro, por su parte, son el Dr. Luis Cruz-Villalobos (Santiago de Chile, 1976), quien es poeta, psicólogo clínico y académico chileno, autor de más de 60 libros de poesía y ensayos de psicología, filosofía y espiritualidad. Es especialista y posgraduado en psicología clínica por la U. Chile y Ph.D. por la V. U. Amsterdam, dedicado al estudio del afrontamiento postraumático y la hermenéutica aplicada. A su vez, la Dra. Magdalena Biota (Buenos Aires, 1981) es poeta, narradora y música argentina. Traductora pública en lengua inglesa por la U.N. de La Plata y Ph.D. por la U.N. de Quilmes. Es especialista en Gestión de Bibliotecas, con estudios de Letras en la U.B.A. Autora de varios libros de poesía y coordinadora de formación y divulgación en CONICET.
POESÍA: UNA EXPERIENCIA NEUROCOGNITIVA COMPLEJA
… en el cerebro flores pequeñas
danzando como palabras en la boca de un mundo
―Alejandra Pizarnik
¡Ay del que quiera describir todo eso!
―Hans Magnus Enzensberger
Durante mucho tiempo se creyó ―y todavía se cree― que explicar es destejer. Que comprender es despojar de misterio. John Keats lo dijo con una mezcla de melancolía y reproche cuando acusó a Newton de haber “destejido el arco iris”, de haberle robado a los colores su magia al someterlos a la ley del prisma. Edgar Allan Poe fue aún más explícito: “¿Por qué aprisionas el corazón del poeta?”, le pregunta a la ciencia, “¿cómo podría él amarte, cómo podría creerte sabia, si no has querido dejarlo vagar en sus ensueños en busca de tesoros?”. En esa tradición —tan persistente como engañosa— la ciencia aparece como una fuerza secadora, incapaz de convivir con la belleza, y la poesía como un territorio sagrado que debe ser protegido de toda explicación.
Este libro parte de una convicción radicalmente opuesta. Comprender no empobrece: amplifica. Entender qué hace la poesía en el cerebro, en el cuerpo y en la emoción no la vuelve menos poética; la vuelve aún más asombrosa. Como diría Gertrude Stein, un poema es un poema es un poema: lo seguirá siendo aunque sepamos (o, quizá, precisamente porque sabemos) que su ritmo sincroniza oscilaciones neuronales, que sus metáforas reclutan redes profundas de la cognición, que su música verbal modula la emoción y deja huellas duraderas en la memoria. La poesía no pierde magia cuando se la mira de cerca; la gana.
Luis Cruz-Villalobos y Magdalena Biota proponen aquí una exploración tan ambiciosa como cuidadosa: pensar la poesía como una experiencia neurocognitiva compleja, sin reducirla nunca a un simple epifenómeno cerebral. A lo largo del libro, la rítmica, la rima, la musicalidad, la estructura visual del verso, el lenguaje figurado y la metáfora aparecen como componentes activos, cada uno dejando su propia marca neural. La poesía emerge así como lo que los autores definen con precisión: una tecnología emocional de alta complejidad. Esto no es una metáfora elegante, sino una hipótesis fuerte: el poema como artefacto cultural afinado, a lo largo de siglos, para modular atención, emoción, memoria y sentido.
En ese marco, la poética neurocognitiva ocupa un lugar central. El diálogo con la neuroestética, la lingüística cognitiva y los estudios contemporáneos de neuroimagen, incluyendo palabras aparentemente tan prosaicas como resonancia magnética funcional, electroencefalografía o modelos computacionales, no buscan cartografiar la poesía para encerrarla, sino para seguirle el rastro. Mapear la experiencia literaria significa abrir nuevas preguntas: ¿cómo se encarna una metáfora?, ¿por qué ciertos versos producen placer, inquietud o consuelo?, ¿qué diferencia a la lectura poética de la prosa en términos de activación cerebral?, ¿qué sucede cuando escribimos poesía y no solo cuando la leemos? En estas páginas, la neurociencia aparece no como juez, sino como aliada de una experiencia estética profundamente humana.
Uno de los aportes más potentes del libro es extender esta reflexión al campo de la salud mental. La poesía no solo emociona: puede cuidar, reparar, acompañar. La evidencia revisada aquí muestra su potencia terapéutica en contextos de dolor, ansiedad, trauma y estrés, y habilita una afirmación aún más fuerte: el poder de la poesía en contextos de encierro, vulnerabilidad y pérdida de sentido. Allí donde el lenguaje cotidiano fracasa, el lenguaje poético abre grietas, ofrece formas de simbolización y permite reconstruir una experiencia de sí y del mundo. Quizá esto pueda extenderse a la inquietante aplicación de talleres de poesía en contextos de encierro: los poetas en ciernes no dudan en calificarlos como un momento de libertad.
Pero este no es solo un libro para pensar la poesía; es también un libro para hacerla. El anexo final, con veinticinco actividades prácticas cuidadosamente diseñadas, funciona como un verdadero taller de neuropoética: ejercicios que invitan a experimentar en primera persona aquello que el libro conceptualiza. Leer, escribir, escuchar, intervenir el lenguaje como forma de exploración cognitiva y emocional. Teoría y práctica, aquí, no se opone, sino que se retroalimentan.
No es casual que este cruce lo propongan autores que habitan ambos mundos. Cruz-Villalobos y Biota son poetas y académicos, formados en las ciencias sociales, la psicología y la filosofía, con una mirada atenta y no ingenua sobre la neurociencia contemporánea. Esa doble pertenencia se percibe en cada capítulo: rigor sin dogmatismo, sensibilidad sin misticismo, ambición intelectual sin perder nunca de vista la experiencia viva del poema.
Entender la poesía y sus efectos es, en última instancia, entendernos a nosotros mismos: cómo pensamos, cómo sentimos, cómo percibimos, cómo construimos sentido y consciencia. Las grandes preguntas de la neurociencia, la emoción, la memoria, la imaginación, el yo, atraviesan la poesía desde siempre. Este libro demuestra que ese cruce no solo es posible, sino necesario.
La poesía es un arma cargada de futuro.
Como el cerebro.
Diego Golombek, Ph.D.
Universidad de San Andrés / CONICET
Buenos Aires, verano de 2026
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