CASIANO MAROTO. LA VERDAD QUE HABITA EN LAS PALABRAS. POEMAS

 

 

 

“Crear en Salamanca”, se complace en presentar a sus lectores una muestra poética de Casiano Maroto, en una selección del mismo autor perteneciente al libro “Muescas de tiempo” publicado por la editorial Cuadranta  en marzo de 2025, y un poema, Un Dedal (inédito)

 

La verdad que habita en las palabras

«Una palabra que no pretende deslumbrar, sino revelar.»

 

Hay poetas que escriben para comprender el misterio de vivir. Casiano Maroto pertenece a estos. Su poesía nace de una mirada que ha sido educada por la filosofía, pero que encuentra en el poema el lugar donde la razón ya no basta y comienza el territorio de la verdad interior.

Nacido en Arévalo (Ávila) en 1960 y licenciado en Filosofía por la Universidad de Salamanca, ha dedicado gran parte de su vida a la enseñanza. Sin embargo, como él mismo reconoce, la poesía ha permanecido siempre «encubierta, como un río subterráneo», acompañando silenciosamente su búsqueda de sentido. Esa doble condición de filósofo y poeta no supone una contradicción, sino un diálogo permanente entre el pensamiento y la emoción.

Su obra se adentra en los grandes temas de la existencia: el tiempo, la memoria, la identidad, el amor, la naturaleza y la fragilidad del ser humano. En sus versos conviven la contemplación y la reflexión, la emoción contenida y la precisión del lenguaje. No hay artificio ni retórica vacía; hay una palabra sobria que busca iluminar aquello que suele permanecer oculto.

Los poemas que hoy presentamos son una buena muestra de esa diversidad. En Un dedal, un pequeño objeto cotidiano se convierte en símbolo de la memoria y del amor materno, demostrando que la poesía puede rescatar del olvido aquello que parecía insignificante. Nuestros contemporáneos ofrece una mirada crítica sobre la sociedad tecnológica y el riesgo de una existencia deshumanizada. En Dulce ramal, el agua que discurre lentamente se transforma en metáfora del tiempo y de la vida, mientras que Sueños barrocos reivindica la imaginación y la libertad frente a las limitaciones impuestas por la realidad. Otros poemas, como Entre túneles sin luz, revelan la lucha del poeta con las palabras, esa búsqueda incesante de un lenguaje capaz de nombrar lo esencial.

Casiano Maroto ha obtenido diversos reconocimientos, entre ellos el Premio Local de las Justas Poéticas Castellanas de Laguna de Duero en dos ediciones, el premio «Justo Alejo» y ha publicado los libros Trozos de cuarzo, Como un regato, Llamando a otras puertas, Prefiero los desvanes, Atardeceres y otras miradas… e Itinerario. Pero quizá su mejor carta de presentación sea una afirmación que resume toda una concepción de la creación poética: «La poesía es verdad o no es.»

Quien se acerque a estos poemas encontrará precisamente eso: una palabra que no pretende deslumbrar, sino revelar. Una poesía que nace de la experiencia, del pensamiento y de la emoción, y que invita al lector a detenerse, mirar más despacio y descubrir que, detrás de las cosas más humildes, sigue latiendo el misterio de la condición humana.

Es un placer dar la bienvenida a Crear en Salamanca a la voz serena y profundamente humana de Casiano Maroto, un poeta que nos recuerda que las palabras siguen siendo uno de los lugares donde la verdad puede hacerse visible.

POEMAS

 

UN DEDAL

 

En el cesto de mimbre que encontré

guardado en el fondo del armario

descubrí el dedal que se ponía

mi madre para hacer sus labores.

Con qué paciencia enhebraba una aguja,

cómo cogía el bajo de un vestido,

cómo hilvanaba con puntadas largas

alguna pieza para un dobladillo.

cómo zurcía el roto de una sábana,

con qué sutil destreza hacía un pespunte.

Son sus manos, su gesto, su cuidado,

su delicado tacto, su mirada,

su amor, su estilo, su rigor, su olfato,

su fina desconfianza y su dulzura.

Estaba allí, en hilos enlazados

en una tela ausente sin sus ojos;

como si te hubieras ido triste,

o yo no fuera a verte, como quieres.

 

 

NUESTROS CONTEMPORÁNEOS

 

Hombres de plasma, vidas enlatadas,

ocultos entre plástico y metal,

que conversan sin comunicación

en una nube nueva sin atmósfera;

expropiados, sin piel y sin palabra,

con la responsabilidad diluida,

desvertebrados, lábiles imágenes

sin carne, extraviados monigotes

que viven en una pantalla plana,

indolentes sin alma ante el horror;

hijos de una cultura sin destino,

ajenos al dolor y la memoria,

que reproducen mundos de silicio,

espectáculo, copias industriales

de un ideal estético banal,

mercancías para el consumo en masa,

ficticios personajes, simulacros,

dichosos habitantes de salón,

hábil gobierno de la superficie,

ingenuos animales, tristes súbditos

de un estado global enajenado.

 

 

DULCE RAMAL

 

Contemplo cómo corre lenta el agua

del canal, cómo pasa por el puente

mientras lame las piedras de la orilla

con un runrún monótono constante.

Como un manto verdoso se desliza

por el cóncavo cauce silencioso,

humeante, pacífica, tranquila,

hacia donde la lleve la corriente.

Sin conciencia transporta su sustancia

vital hasta crecer en los sembrados.

Ramal, venero dulce, sangre verde

del corazón del Duero, que tu piel

me acaricie al andar a tu regazo.

¿Qué oculta muda tu líquida mirada?

¿A dónde te diriges mansamente?

¿Con qué profundos mares sueñas, parda,

sibilante serpiente movediza?

Los juncos ni los álamos lo saben.

Sólo fluye al azar y continúa.

 

 

SUEÑOS BARROCOS

 

Esta tarde de mayo me he subido

como el Barón rampante a los árboles

para volar al aire dulce de las flautas,

como ángeles alegres con sus cantos.

Yendo de copa en copa por los campos

sembrados de inocencia inmaculada

he oído crecer la hierba desde el cielo.

Sonaba una sonata de Corelli

en las ramas caídas de los sauces,

como si el viento fuera una cantata

dedicada al amor de los amantes,

mientras Cosimo duerme con la luna

en el regazo de una gran encina.

Quién pudiera saltarse para siempre

las normas de los hombres y marcharse

con la música fuera de este enclave.

 

GUARDO MIS SUEÑOS EN UNA ALCANCÍA

Guardo mis sueños en una alcancía

de barro humilde que me regaló

un viejo alfarero

y que no romperé, aunque esté llena,

porque he metido joyas intangibles

que morirán conmigo:

tu cuerpo, tu calor, tu piel de seda.

Son mi tesoro oculto, ahorrado

día a día contigo.

Aquí los llevo, aquí los tengo, míos,

en mi alcancía blanca duermen, quedan.

 

 

ENTRE TÚNELES SIN LUZ

 

Agarro las palabras, impaciente,

casi ansioso, con miedo de que escapen

antes de que me escuchen y me esperen.

No sé cómo he sabido defenderme

de la amenaza aciaga de los nombres,

porque me han rehuido como a la muerte.

Sigo expuesto al olvido de los signos.

Siempre extraviado y oculto en mi guarida,

como un topo, he recorrido a ciegas

galerías oscuras sin descanso,

perdido entre las grietas del subsuelo,

las tierras húmedas y los gusanos.

No he querido abrir ningún sendero

que no tuviera una raíz a mano

o la ilusión de un niño ya sin tiempo

que durmiera conmigo sólo un rato,

como un sueño guardado en mi regazo,

pues debajo de un hueco anida un verso.

 

 

 

 

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