GLORIA RIVAS MURIEL, LA POESÍA DE LA NATURALEZA QUE SE HACE SOCIAL CON CADA VERSO

 

 

 

 

        Llega a las páginas de Crear en Salamanca la obra de una salmantina nacida y criada en las tierras del Campo Charro, en el paisaje de Buenamadre y La Fuente de San Esteban, rodeada de encinas seculares y legado antiguo. Una salmantina que habita en Valladolid, dedicada a la docencia con la misma entrega con la que ha practicado una poesía que también es divulgación, descubrimiento del otro, curiosidad… Sabe Gloria Rivas de raíces y alas, del viaje, de la belleza del haiku, de la estepa rusa que alimenta su narrativa. Sabe Gloria Rivas mucho de abrir las puertas del corazón y la alacena de la lectura sentida, primero por su carácter abierto y generoso, segundo, porque para la poeta, autora de microrrelatos y divulgadora cultural, publicar poesía es abrir esas puertas del corazón, mostrar la vulnerabilidad, rendirse y redimirse.

 

La poeta Gl0ria Rivas (foto de Salamanca RTv al día)

 

 

       Publicada su poesía reunida por Castilla Ediciones, la de Gloria Rivas es una escritura entendida como paisaje, como literatura, como forma de indagar el mundo. “Siempre vamos los mismos a dar al mismo sitio”, escribe en uno de sus más reveladores versos. Versos que vuelven una y otra vez a la naturaleza, flora y fauna, a la literatura, “Vivo en los participios/como Pedro Salinas/habitaba en pronombres/personales sujeto/atado a la deixis/nada más” y sobre todo, a la poesía “Ne vengo a la poesía como la cría a su madre./La cara más amable de esta vida penosa”. Una poesía, la suya y la de los otros, de la que ahora es antóloga, de la mano también de Castilla Ediciones, en un intento de recorrer a los poetas de la región castellano y leonesa haciendo mapas de “Poéticas del interior” y “Versos para la lluvia”. Antologías donde Gloria Rivas Muriel recorre a los poetas amigos y amigos poetas que representan lo mejor de una tierra de hondos autores entre los que descuella esta escritora humilde, siempre admirada por la obra de los otros, partícipe en todo proyecto que cuente con su prosa aparentemente sencilla, con su poesía de insospechada hondura. Y de actualidad siempre atenta a la desdicha. Gloria Rivas viste de colores vivos, de alegría generosa, pero su poesía muestra aquello que más duele, da protagonismo a la víctima de todos los horrores. Y sorprende con su poesía que horada como el pozo del secano la tierra poderosa, una poesía de la que ofrecemos esa muestra que tiene que ser primer paso para la lectura de una obra que tanto merece la pena. Obra de clave bien templada, al arrullo de los paisajes de la tierra que viera nacer a Gloria Rivas.

 

 

Gloria Rivas Muriel, la poesía de la naturaleza que se hace social con cada verso

 

 

LA HERIDA Y LA CURA

 

Tiemblan bajo el dintel las cariátides

De los templos de Atenas democrática

Y Fidias enfadado por la furia

De los brutos

También tiembla.

 

 

Las escritoras

También las costureras

Las golondrinas y las maestras de recta vocación

Salvarán de las bestias

A los más indefensos y a los menesterosos.

Dadle palabras e hilo

Dadle barro y pizarras

Para que la cordura

Resuelva los estropicios

De la maldad.

La tormenta de finales de septiembre

Inundó el barbecho y taponó los hormigueros.

Algunas hormigas fallecieron ahogadas.

Las de dentro se afanaban

En ordenar los granos.

Será largo y monótono el tiempo hasta la primavera.

Una cigarra herida en su garganta

Llama a la puerta del hormiguero.

Si traes acordeón

Puedes entrar y quedarte,

Le respondieron casi todas las hormigas.

 

 

Algunos elementos desechables

Llegan a conmoverme mucho más

Que la máscara de oro de Ramsés.

La cáscara de un huevo, por ejemplo,

Deja un hueco de vida por delante

Más libre y más decente

Que el trono sempiterno y tan brillante

De un faraón de oro y pacotilla.

Más me conmueve el calcio de la cáscara,

Habitáculo azul de una paloma,

Que un imperio glorioso de esclavitud.

 

 

La tarde que volví a leer romances de Lorca.

Me vengo a la poesía como la cría a su madre,

La cara más amable de esta vida penosa,

Recurro a los poetas, asesores de imágenes,

Y recursos de estilo para los días del frío.

Vuelvo, como hace años, a la orilla del río

Guadalquivir, que lleva las cáscaras al mar,

Amarillas, redondas como las lunas de antes

De las guerras civiles. Las lunas inocentes.

Voy y vengo a la fragua con un niño gitano

Y canto como ellos aunque con menos ganas.

Presumo por el monte de haberte conocido,

A riesgo de sufrir la ira de los necios.

Ya vienen otra vez abriendo la caverna,

No nos dejan tranquilos, relucen los charoles.

 

Cómo crecí con dudas crecía poco

Y me duró el abrigo tres inviernos.

En verano, buscando el crecimiento,

Me puse unos tacones son sonido

Para mirar las sombras cavernosas

Por encima del hombro.

No sé qué fue peor,

Si nutrir una duda esperanzada,

Entre el paño cheviot de manga ancha,

O la evidencia empírica de la sinrazón

Que acababa de darme un golpe de estado

En los filis vulnerables,

Junto al mismísimo talón de Aquiles.

No he tirado el abrigo todavía.

 

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