JOVEN ORQUESTA SINFÓNICA «CIUDAD DE SALAMANCA». TERCER CONCIERTO DE TEMPORADA. ANÁLISIS CRÍTICO

«Crear en Salamanca» para cumplir el objetivo de revista cultural en todas sus manifestaciones publica hoy un comentario crítico sobre el Tercer Concierto de Temporada, que tuvo lugar el pasado domingo 22 de febrero en el CAEM

PROGRAMA

I

«PARA ELIZABETH»

Antonio García

O.BÖME

CONCIERTO PARA TROMPETA Y ORQUESTA EN FA MENOR, OP.18

Alegro moderato

Adagio Religioso – Allegretto

Rondó

(Solista: Pablo Pérez Hernández)

II

CUADROS DE UNA EXPOSICIÓN

M. Mussorgsky (Rabel)

COMENTARIO CRÍTICO

 

El concierto ofrecido por la Joven Orquesta Ciudad de Salamanca el domingo 22de febrero,  en el CAEM de Salamanca estuvo marcado por una clara coherencia artística, fruto del trabajo del director Andrés Ramos Navarro, cuya labor resultó fundamental para dar unidad a un programa estéticamente diverso. Su dirección, atenta al detalle y al equilibrio entre secciones, permitió que cada obra encontrara su propio espacio expresivo sin perder el hilo narrativo del conjunto. Desde el podio, supo modelar el tiempo musical con sensibilidad, favoreciendo una escucha profunda tanto en los momentos de mayor introspección como en los de mayor despliegue sonoro.

El programa se articuló como un viaje a través del tiempo y de la memoria, utilizando la orquesta como un lugar donde la música se transforma en imagen y evocación. El público, receptivo desde el inicio, acompañó este recorrido con una actitud de escucha concentrada, convirtiendo la sala en un espacio de experiencia compartida.

La apertura con “Para Elizabeth” de Antonio García situó al oyente en un tiempo suspendido, casi interior. La obra no se desarrolla como un relato lineal, sino como una sucesión de instantes sonoros que apelan a la memoria más que a la acción. La escritura orquestal, centrada en el color y la textura, convierte el sonido en materia sensible, donde cada gesto adquiere un peso expresivo propio. El silencio del CAEM durante la interpretación fue especialmente significativo, revelando una conexión íntima entre la propuesta estética del compositor y la disposición del público a habitar ese tiempo contemplativo.

El Concierto para trompeta y orquesta Op. 18 de Oskar Böhme introdujo un cambio en la percepción del tiempo musical, devolviendo al oyente al discurso romántico y a la expresión individual. En esta obra, el solista adquiere un papel casi narrativo, como voz que emerge del conjunto para dialogar con la orquesta. La interpretación del trompetista Pablo Pérez Hernández destacó por su musicalidad y control expresivo, más allá del evidente dominio técnico. Especialmente en el segundo movimiento, supo construir un discurso lírico de gran calidez, con un fraseo cuidado y una sonoridad flexible que evocaba un canto íntimo y nostálgico. La orquesta, dirigida con atención y contención, sostuvo este diálogo con equilibrio, permitiendo que la trompeta respirara y se expresara con libertad. El público acompañó este momento con una concentración casi palpable, culminando en un aplauso largo y sincero.

Tras el descanso, los Cuadros de una exposición de Modest Músorgski, en la célebre orquestación de Maurice Ravel, llevaron al oyente al terreno de la imagen sonora. Concebida originalmente como una suite para piano inspirada en los cuadros de Viktor Hartmann, la obra plantea una reflexión directa sobre la relación entre música y pintura, entre sonido e imagen. La versión de Ravel transforma esta idea en un auténtico despliegue de color orquestal, donde cada timbre actúa como pincel.

El tiempo musical se fragmenta aquí en escenas sucesivas, como un paseo por una galería imaginaria. La Joven Orquesta Ciudad de Salamanca supo articular este recorrido con claridad y energía, dotando a cada “cuadro” de una personalidad definida. El contraste entre la melancolía suspendida de El viejo castillo y la monumentalidad de La gran puerta de Kiev resultó especialmente efectivo, generando una respuesta creciente del público, que pasó del silencio absoluto a una ovación entusiasta y prolongada al final de la obra.

El concierto concluyó así como una experiencia estética completa, donde dirección, interpretación y escucha se alinearon en un mismo gesto artístico. Pero más allá del resultado musical inmediato, la velada puso de relieve el valor humano y pedagógico del proyecto. Los músicos, pese a su juventud, demostraron una madurez interpretativa poco común, fruto no solo del talento individual, sino de una verdadera formación musical compartida. En este sentido, la orquesta se revela no solo como un conjunto sinfónico, sino como una auténtica escuela de música y de escucha, un espacio donde se aprende a tocar con otros, a respirar en común y a comprender la música como experiencia colectiva. El público, consciente de ello, respondió con una ovación que fue también un reconocimiento al trabajo, al esfuerzo y al proceso formativo que sostiene cada interpretación. Así, la Joven Orquesta Ciudad de Salamanca reafirmó su papel esencial como semillero artístico y como uno de los pilares más vivos de la vida cultural de la ciudad.

 

 

Aún no hay ningún comentario.

Deja un comentario