LA CREACIÓN POÉTICA DE PÉREZ ALENCART. COMENTARIO DEL VENEZOLANO JOSÉ PULIDO

 

 

A. P. Alencart leyendo en el claustro del Convento de San Esteban (foto de Jacqueline Alencar, 2016)

 

 

Crear en Salamanca tiene el privilegio de publicar este comentario escrito por  José Pulido (Caracas, 1945). Periodista, poeta y narrador venezolano. Fue director de las páginas de arte de El Universal (1996-98), El Diario de Caracas (1991-1995) y El Nacional (1981-1988). Entre otros reconocimientos recibió el Premio Municipal de Poesía Distrito Libertador, 2000, por el poemario Los Poseídos. Actualmente vive en Génova (Italia).

Este texto sirve de prólogo al libro de ensayos ‘En torno a la poesía de Pérez Alencart’, donde se recopilan ensayos y reseñas del polígrafo venezolano Enrique Viloria Vera y acaba de srer publicado por la Editorial Betania, de Madrid, El retrato de la poeta es obra del cubano-español Luis Cabrera Hernández.

 

 

 

Portada ‘En torno a la poesía de Pérez Alencart’ (Betania, Madrid, 2019)

 

 

 

LA CREACIÓN POÉTICA DE PÉREZ ALENCART

 

La poesía de Alfredo Pérez Alencart revela todo lo que es significativo y admirable en la vida según su sensibilidad, su formación, su sabiduría y la aventura existencial que lo ha modelado. Muy pocos poetas han llevado la pasión de escribir al extremo de que cada verso escrito parece contener todos los minutos vividos, sentidos y meditados. Sus versos son fragmentos rezados de la existencia. Su alma se extiende y crece asumiendo el diseño sustancial de la poesía.

 

Pérez Alencart es un hombre poeta, un hombre verdad. Un ser humano hecho de palabras primordiales pronunciadas por lenguas antiguas y sagradas en la garganta de los tiempos. Pérez Alencart es un libro.

 

Por si fuera poco, en cada palabra suya colocada en el papel con el inquietante arte del espíritu, hay un sudor de Jesús, una humildad de Jesús, un tono de voz que parece venir desde lejos; una parábola constante que comparte el pan de la comprensión y la bondad. Su palabra expresa el desierto donde se medita. Un territorio que ha atravesado en soledad de intensa fe, irreverente fe, pero también en compañía del inseparable amor. El desierto donde ha luchado y ha vencido se reconoce por la calidez amistosa de su transitar cotidiano. 

 

Salamanca la ciudad; Salamanca la Universidad; Salamanca el idioma, son una sola realidad, una mina de pensamientos que Alfredo Pérez Alencart ha observado como si sus ojos constituyeran una talla de diamantes, cuyas facetas ideales son inteligencias fundadoras de luz como las de Miguel de Unamuno y Fray Luis de León.

 

También se ha escrito mucho sobre él, su poesía y su incansable voluntad de promover y difundir la obra poética, la escritura, el arte, la cultura, de un conglomerado mundial de creadores. Se han mencionado su humildad y su nobleza, su generosidad y amplitud. Sobre la fortaleza mestiza de su voz se ha dicho lo justo y verdadero.

 

 

 

Alencart, Jacqueline Alencar, Iraida Páez y Viloria, en la Plaza Mayor de Salamanca (foto de José Amador Martín, 2015)

 

Pero siempre queda mucho por opinar respecto a su poesía y su persona. Cada año que pasa hay más, porque Alfredo es una fuente inagotable, no solo de trabajo, de actividad impulsadora, motivadora: su poesía se escribe y se transforma en modos, en querencias y objetos todos los santos días.

 

“¿Qué rúbricas firmaban las nubes que por mil quinientos setenta y uno cubrían el espacio de este suelo?” dice uno de sus poemas. Y con eso te manda al espacio, te eleva a las alturas de un pasado atravesado por historias disímiles, que sin embargo ratifican la importancia del conocimiento convertido en sabiduría. Ese fue el año en que el mexicano don Diego de Castilla, fue elegido rector de la Universidad de Salamanca.

 

(También ha cantado esto para Unamuno: “Funciona poco buscarte de templo en templo: Tú resucitas en mi corazón de niño anclado en el asombro”. Y para Fray Luis de León: “Pasa que pernocto en Salamanca/ sólo para que Fray Luis se me descuelgue/ desde el recuerdo carnoso de sus liras”)

 

Su reflexión poética se afinca en lo espléndido porque parte de un núcleo sentimental llamado Amazonia y la Amazonia es espléndida con los sentidos; es un regalo para mirar, para respirar, para probar, para escuchar, para tocar y para interpretar. Esa reflexión voló y se posó en la naturaleza de Salamanca. Que es una naturaleza hablada, una espiritualidad conversada y de ahí que su canto sea tan propio de cualquier ámbito salmantino o latinoamericano. Y se manifiesta como espléndido porque reproduce apasionadamente las delicias del castellano, esa invención de Dios, que finalmente ha sido un juego celebratorio como aquello de “hágase El Quijote y El Quijote se hizo”.

 

La creación poética de Alfredo Pérez Alencart define las virtudes que salvan y enaltecen a los seres humanos; pero también destaca la lucidez y la sabiduría que se ha ido sedimentando en libros, en obras de arte, en la música, en la memoria de los pueblos. Esa creación poética de Pérez Alencart refleja el encanto humano de la ciudad, ese transitar desde el arqué de las murallas y la torre de Babel, hasta el lenguaje donde lo urbano se somete al sentir de la gente, al paisaje humano.

 

En definitiva, hay mucho amor ahí. La poesía de Alfredo Pérez Alencart es una flor inmarchitable originaria de la luna amazónica. Solo hay que leerla sabiendo que es una flor, y por lo tanto, debe ser abordada con el ánimo sencillo y asombroso que en la selva o en la ciudad, identifica a las abejas.

 

Génova, junio de 2019

 

 

José Pulido en Génova

 

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