LAS ENVOLVENTES DISCURSIVAS EN LA NARRATIVA DEL SIGLO XXI. SOBRE LA NOVELA ‘LA ÚNICA HORA’, DE ALBERTO HERNÁNDEZ. POR JULIA ELENA RIAL

 

 

 

1 El escritor venezolano Alberto Hernández

 El escritor venezolano Alberto Hernández

Crear en Salamanca se complace en publicar la reseña escrita por la ensayista argentina Julia Elena Rial, en torno a la primera novela del escritor Alberto Hernández (Calabozo, Venezuela 1952), poeta, narrador y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar (Caracas) en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria. Ha representado a su país en diferentes eventos literarios: Universidad de San Diego, California, Estados Unidos, y Universidad de Pamplona, Colombia. Encuentro para la presentación de una antología de su poesía, publicada en México, Cancún, por la Editorial Presagios. Miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo, Venezuela. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua, Venezuela. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al italiano y al árabe.

 

 

 

2 Portada de la novela

 

 

LAS ENVOLVENTES DISCURSIVAS EN LA NARRATIVA DEL SIGLO XXI,

                    LA NOVELA LA ÚNICA HORA DE ALBERTO HERNÁNDEZ

-POR JULIA ELENA RIAL-

 

 

La desolación, la nostalgia, la inter e intratextualidad, un eros mecanizado, la otredad, un  topos  y logos extraños e inhóspitos, todo envuelto en la lengua propia, lírica y operante, es la tragedia que nos entrega Alberto Hernández en su novela “La Única hora” (Editorial Estival 2016). Una hora que se congela, para sus protagonistas, en la intemperie espiritual que marca el Big-Ben del reloj de la Torre de Londres. Ciudad donde dos jóvenes: Ingrid e Ignacio, llegan a vivir para profundizar sus estudios de ciencias y letras.  Ignacio huye de  la represión política que el gobierno de Venezuela ha desencadenado contra quienes disienten de su ideología stalinista, y denuncien la verdad del desastre social y económico en el que viven inmersos los ciudadanos de su país.

 

Leemos un discurso cuyo lenguaje lírico –narrativo permea orillas y centros, con la sensualidad que cada palabra contiene en sí misma, en cada letra y en su visión verbal, para con ella interiorizar reminiscencias del complejo mundo psico-literario que embarga la novela. Mundo que el escritor transforma en los sugeridos y posibles significados, que tientan al lector, para hurgar en la búsqueda de sus referentes. Y para debatir con los derechos de un narrador que inventa y desaparece personajes a su antojo, porque como dice Antonio Muñoz Molina en “Como la sombra que se va”: “Desaparecer es el privilegio exclusivo de los personajes inventados.”

 

Se trata de un narrador que se empeña en ahondar la soledad de sus protagonistas, en desafiar los afectos invernales de  Londres, que incrementan la locura, hasta entonces adormecida,  de  una Ingrid que carga en su subconsciente la figura de la madre, rechazada en sus recuerdos infantiles. Locura, cuya intensidad y frecuencia van “in crescendo”, hasta llegar a ser permanente. Narrador que no puede contener la ira y agresividad de un Buda que, sin ser invitado, se entromete, no sólo en la vida de Ingrid sino en todo el trayecto narrativo.  Personaje que estimula la presencia de “la otra”, invasora del cuerpo de la protagonista, quien recita a escritores que desconoce: “Desnuda, moreno el cuerpo tembloroso. Bella bajo la luna que entraba por la ventana, Ingrid recitaba o cantaba a trechos los versos del feo Dante.”

 

3 El Big Ben de Londres

 

 

El escritor envía mensajes, nos va acercando a sus referentes a través de un interesante entramado narrativo. Hernández asume la semiótica postmoderna de la recuperación de pasados literarios. Plantea la búsqueda de procesos e ideas cuya arqueología se ubica tan pronto en el Renacimiento de Dante Alighieri, como en el Romanticismo de Nerval, el surrealismo de Sánchez Peláez o en la tan comentada saga filosófica de Foucault. Todos ellos arropados por el lenguaje del “desatino” que, algunas veces, con un tono muy borgiano, sugiere al lector la búsqueda de referentes que no existen.

 

Pero la literatura, como el arte, revela la verdad de una época y modifica los significados pasados y los rasgos que la constituyen. En “La Única hora” se manifiestan en  la expresión de las experiencias estéticas de la incertidumbre del caos que, para sobrevivir, debe dejar la puerta abierta a los rasgos portadores  de la historia literaria del mundo.

 

La narrativa redimensiona el discurso, es lo que trasmite Alberto Hernández, y él comienza por transformarse a sí mismo como referente. Lo demuestra con el poema “Metáfora del amor loco”: “Ya no se trata de una mujer desnuda/   Se trata de retornar a la ventana/ donde quedaron los últimos deseos/ Donde se alistaron los primeros sueños/ Los que ahora son oscuras pesadillas/ En los ojos imperfectos de una loca/ Alterada por la luna y sus tormentos/ Digo te amo y despierto en el silencio de la noche.” 

 

El poema se convierte en la Ingrid de “La Única hora”, digresión de la Venezuela escindida, cuya violencia en la novela está inserta en la alegoría de un Eros brusco, intempestivo, que plantea un erotismo cuya  autonomía desconoce la seducción. La locura de Ingrid se transforma en el oxímoron entre dos mujeres que se repelen en  un solo cuerpo, con las cuales tiene que convivir Ignacio. La locura deshecha la conciencia estética del erotismo para encontrar el lenguaje que lo objetive. Eros pierde su libertad en el cuerpo de “la otra”, que ignora la atractiva creación de los diferentes estilos eróticos.

 

4 Despedidas en Maiquetia

Despedidas en Maiquetia

 

 Logra así Alberto Hernández afianzar a “la otra”, en un intercambio de otredades que sumergen al lector en el inframundo literario, que tanto ha dado de que hablar en un Borges que inventaba “Un Yo que deseaba ser otro”, o Gerard de Nerval para quien “El sueño es una segunda vida… las puertas de marfil que nos separan del mundo invisible”. Y el citado Pessoa, inventor de  múltiples otros porque soñaba con “La gran felicidad de no ser Yo”. Ellos ingresan en “La Única hora”, escondidos unos, sugeridos otros, para arropar y justificar con la literatura la necesidad de transformar la intemperie del relato. La de Ingrid e Ignacio en un exilio cuya sintaxis cotidiana londinense destruye cualquier signo de cálido aliento. Como dice Roberto Bolaño en “Amuleto”: “Todos iban creciendo en la intemperie latinoamericana. La intemperie más grande, la más escindida, la más desesperada.”  Una intemperie que en la novela de Alberto Hernández se vuelve transtemporal y transgenérica, poesía-narrativa-ensayo, adquieren valor dramático—cultural, en un discurso del siglo XXI,  que también vive en la intemperie porque aún no ha logrado definirse.

 

Al llegar al final nos damos cuenta de que el escritor nos fue marcando la ruta de lectura con los Epígrafes. Con la soledad primordial de Marguerite Duras. La trágica sátira de Ambroise Bierce. El tiempo ficcional y la atmósfera de incertidumbre a lo William Faulkner. La incesante búsqueda de la huella del yo de Vila-Matas. Todos ellos invitados a este abigarrado discurso de “La Única hora”, cuyo autor es el imprudente que libera tiempos, lenguajes y que, con su reconocido intelecto, nos enseña que “la narrativa  de hoy es un  desatino”.

 

 

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La ensayista  Julia Elena Rial

 

 

 

 SOBRE LA ENSAYISTA

 

Julia Elena Rial nació en la ciudad de Tandil (Argentina), en 1931. Su infancia transcurrió feliz entre juegos de rayuela y bicicletas. Empezó a escribir a los 11 años pequeños poemas y obras de teatro que llegaron a ser reconocidos y representados en concursos escolares. Su inquietud literaria fue fomentada por sus padres, quienes la motivaron y orientaron en la lectura. Estudió docencia en Literatura en el Instituto de Profesorado de Buenos Aires. Allí también realizó estudios de Filosofía e Historia del Arte como complemento de su formación. Al culminar, ejerció la docencia y también escribió algunos ensayos. En 1953, viajó a Chile para realizar unos cursos de postgrado en Literatura Latinoamericana y en Historia de las Ideas. En Santiago, conoció a un médico venezolano exiliado con quien se casó y se vino a Venezuela en 1958, tras ser derrocado el General Marcos Pérez Jiménez. Llegó a Caracas y, después de un tiempo, se mudó a Altagracia de Orituco (Guárico), donde ejerció la docencia; más tarde fue despedida por motivos políticos y esta experiencia la impulsó a retomar su oficio de escritora. Vivió en varias ciudades hasta que se mudó a Maracay (Aragua) donde se estableció definitivamente. Siente que el estilo ensayístico es parte de ella, su escritura natural, su voz.

 

 

PREMIOS Y RECONOCIMIENTOS

 

  • Graduada de Profesora de Literatura en el Instituto del Profesorado de Buenos Aires.
    • Se especializó en Historia de las Ideas y Literatura Latinoamericana en la Universidad de Chile.
    • Cursó la Maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad Pedagógica de Maracay.
    • Profesora de Castellano y Literatura en el Instituto del Profesorado de Buenos Aires. 
    • Jurado de los premios de ensayo “Augusto Padrón” 2001 y “Marita King” 2005. 
    • Dicta talleres sobre narrativa del petróleo y ensayo en Maracay desde 2002.
    • Presidenta de la Asociación Literaria “Pie de Página”.
    • Bienal de Literatura “Miguel Ramón Utrera”, Mención Ensayo, 1998. 
    • Premio de Ensayo “Augusto Padrón”, Mención de honor, 2005

PUBLICACIONES 

  • La fábula rota (cuento).
    • El esperpento en Tirano Banderas de Valle Inclán.
    • La poesía social de José Martí.
    • Las masacres: ortodoxia histórica, heterodoxia literaria, 1999.
    • Constelaciones del petróleo, 2002.
    • Memoria e identidad en José León Tapia, 2006.
    • Identidad, memoria y olvido, 2007.
    • Colaboradora de la revista brasileña Hispanista y Letralia. 

 

 

 

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