VIAJE CON “EL VIAJERO INHÓSPITO” DE SERGIO MACÍAS. POR JUSTO JORGE PADRÓN.

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Crear en Salamanca tiene la satisfacción de publicar el prólogo que el ensayista y profesor canario Justo Jorge Padrón ha escrito para ”El Viajero Inhóspito” (Ediciones Vitrubio, Madrid, 2014), último poemario de Sergio Macías (Gorbea, Chile, 1938), vinculado con Salamanca desde que participó en el III Encuentro de Poetas Iberoamericanos, celebrado el año 2000 y en homenaje a Claudio Rodríguez.

1 el poeta chileno Sergio MacíasEl poeta chileno Sergio Macías

Macías es Premio “Gabriela Mistral” (1971), Premio “Pablo Neruda” (1984), Premio “Ciudad de Tetuán” (1986) y Premio “América V Centenario” (1991), entre otros. Ha sido, durante 20 años y hasta su jubilación, asesor cultural de la Emba¬jada de Chile en España. Obra poética: Las manos del leñador (1969), La sangre en el bosque (1974), En el tiempo de las cosas (1977), Mecklemburgo, canción de un desterrado (1978), Nos busca la esperanza (1979), El jardinero del viento (1980), Memoria del exilio (1985), Crónicas de un latinoamericano sobre Bagdad y otros lugares encantados (1988), Noche de nadie (1988), El libro del tiempo (1988), Tetuán en los sueños de un andino (1989), La región de los últimos prodigios (1992), El manuscrito de los sueños (1994), El paraíso oculto (2000), El hechizo de Ibn Zay-dún (2001), Ziryab. El mágico cantor de Oriente (2010), Cantos para Altazor (2012) y El Viajero Inhóspito (2014).

 

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El recién acabado poemario, “El viajero inhóspito”, del poeta chileno Sergio Macías, busca la clave de un universo que se ahonda en la realidad y, al mismo tiempo, la descree o la cuestiona. Este proceso presenta opciones diversas que nuestro creador va sutilmente depurando hasta sus elementos esenciales, proveyendo de metáforas y símbolos a una poesía marcada por la ambientación metafísica ligada a los problemas del tiempo. Como afirmó Antonio Machado en su poética de 1932: “El poeta profesa, más o menos conscientemente, una metafísica existencialista, en la cual el tiempo alcanza un valor absoluto. Inquietud, angustia, temores, resignación, esperanza, impaciencia, que el poeta canta. Son signos del tiempo, y al par, revelaciones del ser en la conciencia humana.”

El sentimiento de la caducidad impregna las reflexiones sobre la vida. Ocasionalmente, en los versos de Sergio Macías irrumpe algún motivo de hondo contenido autobiográfico en los que ofrece, como característica ejemplar, una sobria combinación de lucidez junto a la madura expresión de una emoción contenida de interiorización y esencialización con el mundo sensible proyectado. Pero lo característico de ese proceso es que se materializa en el lenguaje o lo que es lo mismo, una conciencia de ser en el lenguaje. La esencia del ser sólo adquiere existencia en la palabra poética, en el lenguaje frente al lenguaje insuficiente para captar la esencia de lo inefable. El proceso poético no es el resultado de una búsqueda, sino de la plasmación de un encuentro; no el anhelo de la palabra entregada, sino la dirección misma de la palabra fundadora. La utopía se plasma en la palabra poética, es en cuanto es dicha, como afirmaría Heidegger: “Ninguna cosa es donde falta la palabra, es decir el nombre. Solamente la palabra confiere al ser lo esencial.” Toda manifestación sobre el lenguaje conllevará implícitamente una manifestación sobre el ser. Cuando el poeta alcanza esta dimensión creativa-cognoscitiva, percibe toda su producción como una unidad.

 

5 Sergio Macías junto alPacíficoSergio Macías junto alPacífico

Macías intenta ser un poeta total, integrador, buscador de leyes absolutas en relación con los elementos naturales que él pretende mágicos y definitivos como hechicero o chamán de la palabra, transgresor o valladar de una ética civil propia para la cordialidad de lo maravillado. Es un poeta de genuina pureza, de encarnaciones equilibradas cuando la determinación de ser hombre ha sido aún más importante que la disposición de ser poeta, quizás debido a una bonhomía natural que le caracteriza y donde su ternura diluye las aristas dramáticas y deja al poeta inerme, entregado a poemas de gran carga emotiva y de intensa eficacia confidencial. Ha pretendido captar la vida en su perpetua movilidad, en su constante transformación y ha hecho de la imagen y la metáfora el elemento esencial del poema, ya que prefiere la eficacia a la sorpresa. El tono íntimo de su emoción es convincente, cuyo tema fundamental es el tiempo, seguido de la soledad y la muerte.

Toda esta fundamentación nos lleva a una “esencia” que es “conciencia”, donde acontece el encuentro con lo absoluto que evoca el lenguaje de la mística, pero en el caso de Macías, de una mística sin Dios, una mística que tiene que ver mucho con las religiones orientales. Un poeta perdido en un universo sin Dios o habitado por una divinidad agobiada de problemas e incapaz de solucionarlos. El destino de la escritura se vislumbra como destino final, como una necesidad ontológica que sólo adquiere sentido en el lenguaje, como un modo de ser necesario que obligatoriamente habrá de cumplirse. Ese universo que constituye la Obra ha de ser indefectiblemente habitado por un dios que es conciencia de lo absoluto.

Se puede valorar el alto grado de tensión poética que en su despliegue de temas alcanza el planteamiento de ese horizonte expresado. El proceso artístico se entiende como una evaluación moral de la experiencia, en la que el hablante trata de entender en términos racionales y de establecer la clase y el grado motivado por ese entendimiento, aunque llevado a la máxima reducción y esencia de este pensamiento. Tendríamos que decir meramente como sugirió T. S. Eliot: “La poesía sigue siendo una persona que habla con otra”.

En la poesía de Sergio Macías se descubren las señas de identificación con la naturaleza, para quien la literatura es una expresión sugerida del espíritu romántico y existencial, concebido por una conciencia no deífica que, a pesar de ello, necesita del creador como pilar de la cultura occidental, como él fervientemente cree, para interpretar las complejas señales del mundo. La voz del poeta no tiene resonancias proféticas, aunque su dictado resulte visionario y sueñe con descifrar la compleja criptografía del universo.

 

6 Pájaro solitario, de Miguel Elías Pájaro solitario, de Miguel Elías

 

Lleno de cicatrices vitales y marcado con un exquisito sentido de la dignidad y una expresión sutil, en “El viajero inhóspito” son frecuentes las referencias a la condición del poeta, capaz de captar esencias misteriosas y expresarlas en sus versos, aunque no siempre subordine la búsqueda literaria a sus vivencias personales, insertándose de ese modo en la poética de lo indefinible, ocupado en dar salida a algo que apenas lograba entrever y que parecía imponerse ineludiblemente a su voluntad. Sus propios paisajes absorben el contenido metafísico de la realidad en un sentido complejo, pero no difícil de asir. Desde su primer poemario manifestó una sensibilidad abierta hacia el sufrimiento de los demás y, al mismo tiempo, un anhelo gozoso de comunicación con la naturaleza, un panteísmo telúrico, acompañado en ocasiones por un sentimiento de fracaso que configuraba una cosmovisión sombría.

Se liberó de la lírica tradicional adaptando el verso libre, desechando el patrón rítmico endecasilábico, sin dejar de buscar un lenguaje rico en significados, capaz de expresar el dolor del existir y la amargura fomentada por la soledad del exilio. Ofrece una exploración del desamparo, de la precariedad y la incertidumbre, una suerte de identificación con lo primario o instintivo, una vez superado el control de la razón. En algunos instantes su perspectiva es proclive a otros sentimientos con adhesión a una visión política comprometida con la izquierda, pero con un tono poético que la asordina. Esta técnica no es en realidad sino un medio más eficaz de apresar la experiencia, de capturarla viva a través de un distanciamiento que vigoriza el sentimiento expresado.

Su poesía tiende a la claridad, para ello se apoya en la precisión y la sencillez, descuella por una desnudez cálida y estética y una espontaneidad fresca y mesurada. Es intensa porque sus palabras así lo son, porque renueva el lenguaje desde un caos verídico y personal que hace soltar todas las alarmas, y porque se adentra en su selva lingüística y en su fenomenología sintáctica. “La sintaxis es una facultad del alma”, señaló Valery, es su dialéctica verbal como un torrente de eternas reencarnaciones, de rigores devocionales, de palabras y actos.

Libro impecable y seguro es “El viajero inhóspito”. Sergio Macías escribe un largo poema de 720 versos, dividido en 90 fragmentos de ochos versos, titulando cada uno. Formalmente en el libro domina el verso largo, la forma versicular con el leve regusto de una ondulación de arpa o de laúd, con su desborde imaginativo, con sus formas irresistibles del espíritu, con una sugerencia tal vez de ángeles rilkeanos. La continuidad de la secuencia poemática no se interrumpe. Es una suerte de monólogo interior que el poeta va desarrollando con un lenguaje lírico de cuidada belleza, en verso amplio y libre que conlleva un aliento Whitmaniano y lo dirige hacia una naturaleza estelar, la cósmica.

Su poesía siendo sensual e intrínsecamente hispanoamericana, ha entroncado con la tradición dominante de la lírica europea: simbolismo, expresionismo con pinceladas surrealistas. Las imágenes se revelan a veces con un ritmo onírico, sugiriendo una inquietud o tensión amenazadora. Es una variante personal de un surrealismo domado, ascético y reflexivo, conociendo las relaciones dispersas de las cosas, los lazos invisibles de la naturaleza y el resplandor trémulo de lo secreto. La tensa depuración del lenguaje va acompañada de una personal musicalidad que ambienta onomatopéyicamente el poema. Voz adecuada para cantar en tono menor las cosas más leves e insignificantes. Motivos simples y humildes en donde el poeta se extasía. Esa apertura contribuyó decisivamente a que, a lo largo de su abundante obra anterior, dominaran las vivencias personales: el amor, los recuerdos, el sentimiento lárico de la existencia, el sol íntimo de la amistad, la orientación autobiográfica, la naturaleza como tema esencial de la trama, la ensoñación telúrica de su lugar natal, Temuco: allí fulgen el río Dónguil; Lastarria, la patria natal de sus abuelos; el volcán Llaima; el bosque numinoso de las araucarias, allá donde atraviesa por las noches la Cruz del Sur alumbrando el largo territorio verde de la Araucanía.

Pintura de Miguel ElíasPintura de Miguel Elías

 

 

En su larguísima residencia en España, desde 1979 hasta hoy, adquiere la nacionalidad española que comparte gozosamente con la chilena desde 1982. Sergio Macías, sin desvincularse de Chile, se enraíza en España de manera natural hasta el punto de asentarse en ella como un genuino español. En España descubre la poesía arábigo-andaluza y recibe el magisterio de dos legendarios poetas arábigo-españoles: Al-Mutamid e Ibn Zaydun, además del gran maestro de la música y compositor Ziryab, estableciendo con ellos un diálogo a través del tiempo, nutriendo su poesía con esta sensibilidad hermana. La nueva expresión lírica desconsolada le une a un espacio literario más lujoso y acaso de mayor belleza, que le impulsa hacia un vigor más creativo, hasta el punto que, la destacada arabista María Jesús Rubiera, le calificó como “el poeta andino de Al-Andalus”.

En “El viajero inhóspito”, que entronca con la variedad lírica y efusiva de su poesía anterior, su voz es una larga evocación a través de la memoria lírica de la belleza. Da la impresión que su esencia es el aire que todo lo envuelve, ese halo de palpitante hermosura es el leitmotiv del libro. Así diría en su poema “Tengo”: “…Sólo tengo el amor entre los relámpagos, las melodías de la tierra, de los / pájaros. El sol se duerme en lechos de amapolas. Y la luna reflejándose / en los espejos del agua. Y nada más en este espacio de piedras y sombras. / Soy el desterrado de una patria que fue dividida por la quijada de Caín.” Estos versos me recuerdan a unas palabras que dijo en su juventud el poeta sueco Lasse Söderberg: “Cada intento de simplificar la poesía, de hacerla comprensible, es alejarla de su esencia que es expresar lo inexpresable y conjurar lo trivial con lo maravilloso.”

En el poeta lo importante es el matiz, el estilo, no el color. Sobre todo encontrar la propia voz, su elocuencia, su argamasa, ese impulso vocativo que lo lleva al futuro con la sinuosidad de los adjetivos, el fonema, la sintaxis, los números del alma, hasta el vacío inquietante que se ocupa con la disciplina de las convulsiones de toda creatividad.

A veces Macías, en su anarquismo pasivo, cambiante, contradictorio, participa de las alienaciones que impugna y sus quejas no son más que el resultado de su malestar personal, una personal rebeldía, reacia a los partidos, a los bloques y a cualquier forma de gregarismo. Es un visionario individualista, libre, impregnado por una severa y sugestiva ensoñación. Su percepción de la realidad resulta privilegiada, minoritaria como la del artista. Sus paisajes son imaginarios y morales con un evidente trasfondo poético, viaje de introspección, de exploración del yo poético para reflexionar sobre la condición humana, aunque lo importante no es la aventura en sí misma, sino las reflexiones que suscita.

Está imbuido en la idea de poseer una memoria múltiple del cosmos, como si pretendiera viajar por la universalidad de la doctrina de los ciclos y ese panteísmo espiritual confluyera en la búsqueda del enigma y en la revelación del propio destino, accediendo a los secretos del mundo. No es una lírica que comienza, parece que estuviera allí desde el tiempo primigenio, pues había un expectante sitio en nuestro idioma para su diamantina estructura. Este universo lírico de Sergio Macías completa un mosaico fulgurante lleno de referencias históricas y metaliterarias, como un relámpago que esparce su estela de fuego por los altos sentimientos de la humanidad e invita a una lectura de conjunto, sobre una de las creaciones más originales y selectas de la poesía chilena de las últimas generaciones.

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