UN POETA QUE REVELA SU ESTAR EN EL MUNDO: “EM FRENTE DO MAR, EMUDECI / ANTE EL MAR, CALLÉ”, DE ALFREDO PÉREZ ALENCART. PRESENTACIÓN DE LEOCÁDIA REGALO

 

 

1 Alfredo Pérez Alencart con su poemario bilingüe (foto de José Amador Martín)

Alfredo Pérez Alencart con su poemario bilingüe (foto de José Amador Martín)

Crear en Salamanca tiene la satisfacción de publicar  el ensayo que, sobre nuevo poemario bilingüe de Alencart, ha escrito Leocádia Regalo (S. Jorge – Açores, Portugal, 1950). Licenciada en Filología Románica por la Facultad de Letras de la Universidad de Coimbra, ejerció funciones  docentes y de formación de profesores  en la enseñanza secundaria y superior, estando ya jubilada. Escritora, ensayista y traductora, publicó obras de carácter científico y pedagógico, teniendo colaboraciones dispersas, especialmente crítica literaria, en revistas, periódicos y blogs. Como poeta,  publicó su primer libro, Pela Voz de Calipso, en 1998, seguido de Sob a Égide da Lua (Palimage Editores, 1999).  Passados os Rigores da Invernia aparece en 2003, en la Editorial Caminho. Años más tarde aparecen Tons do Sul, en 2011 y, en el ámbito de la literatura infanto-juvenil, Lia no país da poesia (2014), integrado en el Plan Nacional de Lectura, ambos con edición de Terra Ocre / Palimage. Está representada en varias antologías.

 

Publicamos la presentación en su versión castellana, con traducción de José da Costa, y en el portugués original, para los lectores de ambos idiomas ibéricos y americanos. La misma se hizo el pasado 24 de octubre, en la Sala de la palabra del Teatro Liceo de Salamanca y dentro de los actos del XX Encuentro de Poetas Iberoamericanos.

 

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UN POETA QUE REVELA SU ESTAR EN EL MUNDO:

“EM FRENTE DO MAR, EMUDECI / ANTE EL MAR, CALLÉ”

 

Una ciudad, el mar, el amor. La captación de la realidad para transformar, mediante la palabra, un universo que el poeta hizo cuestión de vivir. Una lengua de tierra situada en el punto más occidental de Europa – el Cabo Mondego. Un país que acoge, hace muchos años, los pasos peregrinos de Alfredo Pérez Alencart, el descubrimiento de los lugares, de los paisajes, de los horizontes, de las atmósferas, de las gentes, de las costumbres, de los hablares, de los paladares, de la cultura, de la identidad lusitana. En abril de 2011, el poeta pasa con su familia algunos días en Figueira da Foz, en Portugal. Se siente alcanzado por el inmenso océano que baña la Playa de la Claridad, bien acariciándose con el murmullo del oleaje, bien asaltado con el rumor posesivo de largas olas cargadas de energía que invade la arena llenándola de espuma blanca que la fecunda, bien golpeando con las rocas, enfurecido, pero siempre imponente y fascinante.

 

El sol, irradiando su luz opulenta, aviva todos los colores, todas manchas, todos los trazos, todos los perfiles que defines esta ciudad, donde el mar y el extenso arenal conviven plenamente, observados por la Sierra de Boa Viagem que, con la tímida montaña, abriga el litoral abierto.

 

Escribe Alfredo Pérez Alencart en la Inscripción con la que inicia el libro: Una ciudad y el Atlántico lusitano, sí, trenzados bajo la nuca de la realidad de aquel que volvió a caminar lo desandado. Marejadas precisas, sí, pero también espejos y miradas, sílabas brotando del silencio, cantos nombrando a Figueira da Foz porque ya aprendieron de memoria el mundo. (p.9).

 

Este es el segundo libro del autor peruano-español con edición portuguesa (Editora Labirinto, 2017). El primero, Margens de um Mundo ou Mosaico Lusitano, publicado por Terra Ocre Edições – Palimage, en 2011, contiene sesenta poemas escritos entre 1996 y 2010, traducidos por el poeta António Salvado. Poemas que, en las palabras del Prólogo de Maria de Lurdes Gouveia Barata, son presentados de esta manera: La poesía es considerada como belleza, testimonio, llamamiento, siendo posible encontrar en ella una vía para buscar la esencia de las cosas, de los orígenes que quedaron en la bruma de los tiempos, de la memoria, del movimiento para un futuro con los instantes del presente del encuentro del hombre consigo mismo. (p.13-14).

 

3 A. P. Alencart, Leocádia Regalo y el editor Joao Artur Pinto (foto de Jacqueline Alencar)

A. P. Alencart, Leocádia Regalo y el editor Joao Artur Pinto (foto de Jacqueline Alencar)

Los poemas de viaje no quedan, por lo tanto, confinados a la pintura de los espacios, reflejada en la admiración y asombro con que el poeta siente esa geografía afectiva de un país que no le es ajeno. Del mismo modo, en este libro Em frente do mar, emudeci / Ante el mar, callé, un grande deseo errante mueve la palabra poética.

 

Mar, playa, ciudad, sol, sal, Tiempo, Verbo, azul, sueño, pero también oración, asombro, comunión, silencio, luz, ternura, pasiones, corazón, tristezas, Cristo, Cruz, placidez, mansedumbre – son algunas de las palabras invocadas en este poemario. Ellas sugieren que el acto poético se encuentra en el lado más fugaz de la existencia efímera y, al mismo tiempo, en el atrio más fulgurante donde las cosas recuperan su presencia y, de algún modo, se prolongan y se afirman en una continuidad.

 

¡Mis ojos niños recuerdan un mar que no conocía!

¡Era el Pacífico!

 

Ahora mis ojos adultos contemplan el Atlántico

(hoy no quieren estar en otra parte).

 

Dice el poeta en el Poema IX, p. 32.

 

La búsqueda esencial de esta poesía es la presencia de las cosas y la evidencia de los lugares. El gesto del poeta es recoger, acoger los vestigios de una presencia que le quedó en la memoria. En la raíz del poema, diríase que está una voluntad absoluta de vivir, de conquistar la alegría y la madurez, a través de todas las vicisitudes, de las experiencias de la vida que llevan al poeta a hacer opciones en su itinerario existencial. Así, asume:

 

Más yo no busco paraísos.

Lo mío es firmar tratados de amistad, prolongar abrazos…

 

Por ello mi ofrenda a las aguas (dulces y saladas),

los salmos de profunda religación.

 

                    Poema VI, p. 26

 

4 Playa de la Claridad y Figueira da Foz

Playa de la Claridad y Figueira da Foz

 

Poesía cósmica, abierta al mundo, pero siempre situada sobre la realidad más íntima, ella recorre todos los caminos, de la fase sensible a la imaginaria, de la superficie de las cosas a la esencia de ellas.

 

Es por la mirada como estos poemas de Alencart realizan el contacto perfecto con el mundo. Pero el caminar también aporta esa relación unitaria con el cosmos, donde la distancia queda abolida entre el sujeto y el mundo. Y la audición y el movimiento se consubstancian en una relación que presentifica la densidad matricial de los espacios.

 

De esta playa no se ausenta el mar

ni yo dejo de arrastrar una barca donde todavía se oyen

plegarias,

 

donde todavía está presente la palabra nueva.

 

Una paloma volvía de su sueño

y era misterio presente, diálogo con la brisa cual voz

enterrando vida en mi corazón,

nutriéndolo para que siempre sea amanecer, alba

o luz temblando por la Playa 

de la Claridad.

 

                        Poema I, p.12

 

Entre las voces que pueblan la intimidad literaria de Alencart, Fernando Pessoa, Miguel Torga, Miguel de Unamuno son convocados en poemas que no sólo les rinden homenajes sino que también los alojan en el imaginario lusitano del escritor.

 

Es Ricardo Reis quien le enseña a amar al sol: Al sol siéntate. Y abdica / para ser rey de ti mismo. (Poema IV, p. 22)

 

Torga es recordado a partir de una página del Diario, citada en el poema X (p. 34) e transcrita en Nota Final (p.68): Jornada entre pescadores. Ellos pescando sardinas para matar el hambre orgánica de su cuerpo, y yo pescando imágenes para matar la de mi espíritu. Ellos, tostados de salud, me miran; y yo, amarillo de enfermedad, los miro también. Seguramente sienten que su existencia está más justificada que la mía, y el mundo entero les da la razón. Pero de la misma manera que ellos, sin que nadie les pida sardinas, se hacen a la mar, también yo, sin que nadie me esté pidiendo poesía me lanzo a este mar de la creación. Hay algo que nadie puede quitarles a los artistas auténticos: la conciencia de que son tan fundamentales para la vida como el pan.

 

5 CaboMondego

Cabo Mondego

 

A Miguel de Unamuno se le encuentra veraneando en Figueira da Foz, leyendo periódicos portugueses en la playa, en compañía de los hijos que nadan y de la esposa que se aparta (Poema XV, p. 47).

 

Y el amor. Siempre el amor en la poesía de Alfredo Pérez Alencart… Por la vida, por la tierra, por las gentes que con él se cruzan y conviven. Por el mundo.

 

No busco más: encuentro una ciudad que me acoge

para que no pierda las pasiones;

una playa donde mi corazón tiene motivos para desnudarse,

un pequeño oasis a cuyas palmeras me arrimo

mientras otros deslizan su mirada hacia horizontes de cualquier

esquina.

 

El amanecer reproduce una luz para la ternura.

 

                                   Poema III, p.18

 

Un sentimiento donde las pulsiones, las energías, el deseo, la aspiración no están inscritos en el texto como elementos vivenciales y biográficos, porque son transmitidos por una sutileza de lenguaje que les da un nuevo estatuto y otra identidad, o sea, la apropiación del mundo es hecha por el sujeto poético por la vía afectiva, como si todos los elementos observados y encontrados fuesen objetos de deseo y de realización amorosa. Para el sujeto poético, la ciudad lo acoge, el corazón tiene motivos para desnudarse en aquella playa; un oasis lo ampara y el amanecer le concede el ambiente propicio para la ternura.

 

También el río Mondego es celebrado con un lirismo amoroso, donde se percibe la relación afectiva establecida por el sujeto poético que personifica el río y lo trata como cuerpo.

 

Extenso río portugués,

Mondego de cuyo caudal no hago cálculos.

 

¡Te saludo porque repartes vida en lejanía y por esta desembocadura!

 

¡Te saludo porque favorable te ha sido el viaje!

 

Subo a una barca y acaricio tus metros finales, remando

como esos antepasados que nunca más pudieron volver.

 

  (…)

 

¡Oh río que das de beber a todos!

 

¡Mojaré mi lengua con tus aguas!

 

  (…)

 

¡Tu cuerpo, río, refleja flamencos!

 

                                   Poema VII, p. 28

 

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El poeta saluda insistentemente al río que reparte vida; acaricia sus metros finales, moja su lengua en sus aguas y exclama: ¡Tu cuerpo, río, refleja flamencos!

 

Del mismo modo se consuma en la poesía el amor por la mujer y por el hijo:

 

Vuelve el júbilo en volandas

al ver el cuerpo dormido de la amada soñadora

y, en la habitación contigua, la plenitud del unigénito

de cuya voz siempre fui testigo.

 

¡El corazón se me desborda ante tales certezas!

 

                        Poema V, p. 24

 

Así es este libro. Un canto apasionado, límpido en las líneas fulgurantes de un dibujo donde las cosas y las palabras parecen flotar lentas, cálidas, deslumbradas, en esa afirmación de un Poeta que revela su estar en el mundo como posición ontológica que, ante la trascendencia, se impone como realidad inmanente y originaria, siempre realzada por el brillo expresivo.

 

Soy espejo: soy paisaje interior: soy memoria: soy borde azul

en el centro aún terrestre: soy alto en el camino: soy asombro…

 

Tiempo convulso y a la vez maravillado.

 

¡Grato hospedaje reordenando mi sosiego!

 

                                   Último poema, p. 62

 

Estos son los últimos versos de este bello poemario, escrito en dos madrugadas – como afirma Alfredo Pérez Alencart, en Nota e Agradecimientos (p.68) –  que rinde un peculiar homenaje a

 

uma praia,

uma freguesia e outro bairro,

uma escola,

um farol,

um poeta-oficinal, um poeta-médico e outro poeta-reitor,

um restaurante,

um palácio,

um casino,

um cabo,

uma cidade,

uma serra… guardando desenlaces propícios.

 

                                   Último poema, p. 62

 

Como si Figueira da Foz hubiese sido el lugar donde se reunieron todas las condiciones para celebrar la vida en su más íntimo acontecer; la naturaleza en la constante relación afectiva con el hombre; la gente, en la evocación sincera y agradecida de lo compartido; la Poesía… en su capacidad de transfiguración y asunción de un mundo que, resaltado por la percepción subjetiva y por la sensibilidad creadora, lo vuelven único y diverso dentro de los condicionantes geográficos.

 

La traducción, hecha por Eduardo Aroso, también poeta, guarda toda la literalidad y esencia de los poemas, recreándolos en otra musicalidad – la de la Lengua Portuguesa.

 

7 A. P. Alencart en Cabo Mondego (Figueira da Foz, 2011. Foto de Jacqueline Alencar)

A. P. Alencart en Cabo Mondego (Figueira da Foz, 2011. Foto de Jacqueline Alencar)

 

 

UM POETA QUE REVELA O SEU ESTAR NO MUNDO:  “EM FRENTE DO MAR, EMUDECI / ANTE EL MAR, CALLÉ”, DE ALFREDO PÉREZ ALENCART. APRESENTAÇÃO DE

LEOCÁDIA REGALO

 

Uma cidade, o mar, o amor. A captação da realidade para transformar pela palavra um universo que o poeta fez questão em viver. Uma ponta de terra situada no ponto mais ocidental da Europa – o Cabo Mondego. Um país que acolhe, há largos anos, os passos peregrinos de Alfredo Pérez Alencart, á descoberta dos lugares das paisagens, dos horizontes, das atmosferas, das gentes, dos costumes, dos falares, dos paladares, da cultura, da identidade lusitana. Em Abril de 2011, o poeta passa com a família alguns dias na Figueira da Foz, em Portugal. Sente-se alcançado pelo imenso oceano que banha a Praia da Claridade, ora afagando-a com o marulhar das ondas, ora assaltando-a com o rumor possessivo de largas vagas carregadas de energia com que avassala a areia, enchendo-a da espuma branca que a fecunda, ora batendo contra as rochas enfurecido, mas sempre imponente e fascinante.

 

O sol,  irradiando a sua luz opulenta, aviva todas as cores, todas as manchas, todos os traços, todos os perfis que definem esta cidade, onde o mar e o extenso areal convivem plenamente, observados pela Serra da Boa Viagem que, com a tímida montanha, abriga o litoral aberto.

 

Escreve Alfredo Pérez Alencart na Inscrição com que abre o livro: Uma cidade e o Atlântico lusitano entrelaçados, sim, sob a nuca da realidade daquele que voltou a caminhar no que havia percorrido. Marulhadas indispensáveis, sim, mas também espelhos e olhares, sílabas brotando do silêncio, cânticos com o nome da Figueira da Foz, porque já sabem de cor o mundo. (p.9)

 

Este é o segundo livro do autor peruano-espanhol com edição portuguesa (Editora Labirinto, 2017). O primeiro, Margens de um Mundo ou Mosaico Lusitano, publicado pela Terra Ocre Edições – Palimage, em 2011, contém sessenta poemas escritos entre 1996 e 2010, traduzidos pelo poeta António Salvado, que, nas palavras do Prólogo de Maria de Lurdes Gouveia Barata, é assim apresentado: A poesia é encarada como beleza, depoimento, testemunho, apelo, sendo possível encontrar nela a via da procura dada essência das coisas, das origens que ficaram na bruma dos tempos, da memória, do movimento para um futuro com os instantes do presente de encontro do homem consigo mesmo. (p.13-14).


8 Un momento de la presentación de Leocádia Regalo

presentación de Leocádia Regalo

Os poemas de viagem não ficam, portanto, confinados à pintura dos espaços, reflectida na admiração e espanto com que o poeta sente essa geografia afectiva dum país que não lhe é alheio. Do mesmo modo, neste livro, Em frente do mar, emudeci/Ante el mar, callé, um grande  desejo errante move a palavra poética.

 

Mar, praia, cidade, sol, sal, Tempo, Verbo, azul, sonho, mas também oração, assombro, comunhão, silêncio, luz, ternura, paixões, coração, penas, Cristo, Cruz, placidez, mansidão – são algumas das palavras invocadas neste poemário. Elas indiciam que o acto poético se encontra no lado mais fugaz da existência efémera e, ao mesmo tempo, no átrio mais fulgurante em que as coisas recuperam a sua presença e, de algum modo, se prolongam e se afirmam numa continuidade.

 

Os meus olhos de menino recordam um mar que não conhecia!        

 Era o Pacífico!

Agora os meus olhos adultos contemplam o Atlântico!                 

(hoje não querem estar noutro lado).     

 

diz o poeta no Poema IX, p. 32.

 

A procura essencial desta poesia é a presença das coisas e a evidência dos lugares. O gesto do poeta é recolher, acolher os vestígios de uma presença que lhe ficou na memória. Na raiz do poema, dir-se-ia que está uma vontade absoluta de viver, de conquistar a alegria e a maturidade, através de todas as vicissitudes, das experiências da vida que levam o poeta a fazer opções no seu itinerário existencial. Assim, assume:

 

            Mas eu não procuro paraísos.

            O que tenho é que assinar tratados de amizade, prolongar

            abraços…

            Por isso a minha dádiva às águas (doces e salgadas),

            Os salmos de profunda reunião.

 

                    Poema VI, p. 26

 

Poesia cósmica, aberta ao mundo, mas sempre debruçada sobre a realidade mais íntima, ela percorre todos os caminhos, do estádio sensível ao imaginário, da superfície das coisas à essência delas.

9 Leocádia Regalo con los dos libros de Alencartpublicados en Portugal (Foto de José Amador Martín)

Leocádia Regalo con los dos libros de Alencartpublicados en Portugal (Foto de José Amador Martín)

 

 

É pelo olhar que estes poemas de Alencart realizam o contacto perfeito com o mundo. Mas o andar também proporciona essa relação unitária com o cosmos, em que a distância foi abolida entre o sujeito e o mundo. E a audição e o movimento consubstanciam-se numa relação que presentifica a densidade matricial dos espaços.

 

            Desta praia não se afasta o mar

nem eu deixo de arrastar uma barca onde todavia se ouvem

orações,

 

onde não obstante está presente a palavra nova.

 

Uma pomba regressava do seu sonho

e era mistério presente, diálogo com a brisa, qual voz

incutindo vida em meu coração,

nutrindo-o para que seja sempre amanhecer, alva,

ou luz tremulando pela Praia

da Claridade.

 

                        Poema I, p.12

 

Entre as vozes que povoam a intimidade literária de Alencart, Fernando Pessoa, Miguel Torga, Miguel de Unamuno são convocados em poemas que não só lhes prestam homenagem como os sediam no imaginário lusitano do escritor.

 

É Ricardo Reis que o ensina a amar o sol: Senta-te ao sol. E abdica/ para seres rei de ti mesmo. (Poema IV, p. 22)

 

Torga é lembrado a partir de uma página do Diário, citada  no poema X (p. 34) e transcrita na Nota Final (p.68): Dia entre pescadores. Eles a pescarem sardinhas para a fome orgânica do corpo, e eu a pescar imagens para uma necessidade igual do espírito. Tisnados de saúde, os homens olham-me; e eu, amarelo de doença, olho-os também. Certamente que se julgam mais justificados do que eu, e que o mundo inteiro lhes dá razão. Mas da mesma maneira que eles, sem que ninguém lhes peça poesia, me lanço a este mar da criação. Há uma coisa que nenhuma ideologia pode tirar aos artistas verdadeiros: é a sua consciência de que são fundamentais à vida como o pão.

 

Miguel de Unamuno é encontrado a veranear na Figueira da Foz, lendo jornais portugueses na praia, na companhia dos filhos que nadam e da esposa que se afasta (Poema XV, p. 47).

 

E o amor. Sempre o amor, na poesia de Alfredo Pérez Alencart… Pela vida, pela terra, pelas gentes que com ele se cruzam e convivem. Pelo mundo.

 

Não procuro mais: encontro uma cidade que me acolhe

            para que não perca as paixões;

            uma praia onde o meu coração tem motivos para se despir,

            um pequeno oásis em cujas palmeiras me amparo

            enquanto outros deslizam o seu olhar para horizontes

            em qualquer esquina.

 

            O amanhecer recria uma luz para a ternura.

 

                                   Poema III, p.18

 

10 Faro de cabo Mondego

Faro de cabo Mondego

 

Um sentimento em que as pulsões, as energias, o desejo, a aspiração não estão inscritos no texto como elementos vivenciais e biográficos, porque são veiculados por uma subtileza de linguagem que lhes dá um novo estatuto e outra identidade, ou seja, a apropriação do mundo é feita pelo sujeito poético pela via afectiva, como se todos os elementos observados e encontrados fossem objectos de desejo e de realização amorosa. Para o sujeito poético, a cidade acolhe-o, o coração tem motivos para se despir naquela praia; um oásis ampara-o e o amanhecer concede-lhe o ambiente propício à ternura.

 

Também o Rio Mondego é celebrado com um lirismo amoroso, onde se percebe a relação afectiva estabelecida  pelo  sujeito poético que personifica o rio e o trata como corpo.

 

            Extenso rio português,

            Mondego, de cujo caudal não faço cálculos.

 

            Saúdo-te porque repartes vida em lugares distantes e por este

            desaguar!

 

            Saúdo-te porque favorável tem sido a viagem!

 

            Entro numa barca e acaricio os teus metros finais, remando

            como esses antepassados que nunca mais puderam regressar.

 

                                                           (…)

            Oh rio que dás de beber a todos!

 

            Molharei a minha língua nas tuas águas!

                                                           (…)

 

            O teu corpo, rio, reflecte flamingos!

 

                                   Poema VII, p. 28

 

O poeta saúda insistentemente o rio que reparte vida; acaricia os seus metros finais; molhará a sua língua nas suas águas e exclama: O teu corpo, rio, reflecte flamingos!

 

Do mesmo modo se consuma na poesia o amor pela mulher amada e pelo filho:

 

Regressa o júbilo em bolandas

ao ver o corpo adormecido da amada sonhadora

e, na habitação contínua, a plenitude do unigénito

de cuja voz sempre fui testemunha.

 

O coração transborda-se-me perante tais certezas.

 

                        Poema V, p. 24

 

 

11 Pilar Fernández Labrador y Leocádia Regalo, en la Sala de la Palabra (Foto de José Amador Martín)

Pilar Fernández Labrador y Leocádia Regalo, en la Sala de la Palabra (Foto de José Amador Martín)

É assim este livro. Um canto apaixonado, límpido nas linhas fulgurantes de um desenho em que as coisas e as palavras parecem flutuar vagarosas, cálidas, deslumbradas, nessa afirmação de um Poeta que revela o seu estar no mundo como posição ontológica que, perante a transcendência, se impõe como realidade imanente e originária, sempre realçada pelo brilho expressivo.

 

            Sou espelho: sou paisagem interior: sou memória: sou margem azul

            no centro ainda terrestre: sou alto no caminho: sou assombro…

 

            Tempo convulso e ao mesmo tempo admirado.

 

            Grata hospedagem reordenando o meu sossego!

 

                                   Último poema, p. 62

 

Estes são os últimos versos deste belo poemário, escrito em duas madrugadas – como afirma Alfredo Pérez Alencart, em Nota e Agradecimentos (p.68) –  que presta uma peculiar homenagem a

 

            uma praia,

            uma freguesia e outro bairro,

            uma escola,

            um farol,

            um poeta-oficinal, um poeta médico e outro poeta-reitor,

            um restaurante,

            um palácio,

            um casino,

            um cabo,

            uma cidade

            uma serra… guardando desenlaces propícios.

 

                                   Último poema, p. 62

 

como se a Figueira da Foz tivesse sido o lugar onde se reuniram todas as condições para celebrar a vida,  no seu mais íntimo acontecer;  a natureza, na constante relação afectiva com o homem;  a gente,  na evocação sincera e agradecida da partilha;  a Poesia… na sua capacidade de transfiguração e assunção de um mundo que, realçado pela percepção subjectiva  e pela sensibilidade criadora, o tornam único e diverso dentro das condicionantes geográficas.

 

A tradução, feita por Eduardo Aroso, também poeta, guarda toda a literariedade e essência dos poemas, recriando-os numa outra musicalidade – a da Língua Portuguesa.

 

 

12 Figueira da Foz y río Mondego

 Figueira da Foz y río Mondego

13 Leocádia Regalo (Foto de José Amador Martín)

Leocádia Regalo (Foto de José Amador Martín)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

        

 

 

 

 

                 

  

2 comentarios
  • avatar
    Gerardo Torres
    diciembre 1, 2017

    Una lúcida interpretación sobre tu poesía, amigo Alfredo. Mis enhorabuenas para ambos.

  • avatar
    Danilo Cavalcanti
    diciembre 4, 2017

    Parabens, caro Alencart!

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