SOBRE ‘LA ESPINA DE LA NIEVE’, DEL ABULENSE JOSÉ MARÍA MUÑOZ QUIRÓS. COMENTARIO DEL BOLIVIANO GABRIEL CHÁVEZ CASAZOLA

 

 

 

1 José María Muñoz Quirós en el Teatro Liceo de Salamanca (foto de José Amador Martín)

José María Muñoz Quirós en el Teatro Liceo de Salamanca (foto de José Amador Martín)

 

 

Crear en Salamanca tiene la satisfacción de publicar la reseña que, sobre la antología de Muñoz Quirós publicada en Bolivia, ha escrito Gabriel Chávez Casazola (1972) Poeta y periodista boliviano. Es autor de cinco libros de poesía, entre ellos El agua iluminada (La Hoguera, 2010), La mañana se llenará de jardineros (El Ángel, 2013; La Hoguera, 2014) o Aviones de papel bajo la lluvia (Valparaíso España, 2016), entre otros. Se han publicado también antologías de su obra en Colombia, Ecuador, Argentina y su país, con los títulos El pie de Eurídice (Gamar, 2014), La canción de la sopa (El Ángel, 2014) y Cámara de niebla (El Suri Porfiado, 2014; Plural, 2015). Parte de su poesía se halla traducida al italiano, portugués, inglés, griego, ruso y rumano. Poemas suyos han sido incluidos en numerosas antologías internacionales y bolivianas y ha participado en encuentros, festivales y lecturas de poesía en las tres Américas y Europa. Colabora con revistas internacionales de literatura y es columnista en suplementos literarios de su país, donde mantiene el espacio de poesía Mirabiliario. Tiene también libros publicados en otros géneros y editó una Historia de la cultura boliviana del siglo XX premiada como Libro Mejor Editado en su país en 2009. Entre otros premios, ha recibido la Medalla al Mérito Cultural del Estado boliviano. En 2013 fue finalista del Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo.

 

 

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MUÑOZ QUIRÓS EN LA TRANSPARENTE HERIDA

Hace algunos meses se ha publicado en mi país, Bolivia, La espina de la nieve (La Paz, Ed. 3600, 2017), una antología personal del poeta castellano –abulense, como Teresa, para ser más precisos– José María Muñoz Quirós (1957), quien en esta exquisita selección reúne poemas de sus 17 libros publicados hasta el pasado año, desde Ritual de los espejos (1991) hasta Para volver al sur (2017), pasando por algunos títulos que creo esenciales de su producción como Dibujo de la luz (1998), Celada de piedra (2005), El rostro de la niebla (2009), El temblor de las libélulas (2011), Las palabras distraídas (2014), Femenino singular (2015) o El vendedor de escarcha (2017).

 

Sólo quiero la luz: / estar atento / a cada amanecer, vivir / despacio frente a la claridad / que nos deja un destello / inequívoco y frágil. / Beber el fruto / de las cosas primeras, / sólo el fruto. / Despertar y / como un recién nacido / imaginar la vida / estrenada y distinta, escribe en los primeros versos de un poema, “El despertar”, que es toda una síntesis de su poética.  Muñoz Quirós es un deslumbrado. Poeta del día, de la claridad y del asombro –hasta su erotismo es diáfano– observa con ojos siempre niños las cosas creadas bajo el sol, que así son siempre nuevas. Sin embargo, la suya no es una mirada ingenua sino contemplativa, en la que el tiempo y la memoria, como prismas que se superponen a la inocencia primordial, añaden densidad reflexiva a las revelaciones iniciales que encuentra, sobre todo, en la naturaleza y el paisaje.

 

Pero, además de contemplativo, Muñoz Quirós es un poeta vitalista, una suerte de místico de los sentidos, felizmente preservado de la ascesis, que come y bebe de los frutos de la tierrapara avivar la sed que no se sacia nunca,sabiendo que son capaces de consolarnos de la desazón, de la soledad y de la finitud inevitables.Así, es capaz de ver en el sarmiento ya reseco que la vid fue en el mosto dulce brisa / que ha navegado por las primaveras; o, pensando en Kavafis, reivindicar que el gozo del instante nos distraede quela vida es muerte,que la prisión de un labio amado puede llegar a ser la libertad frente a esa certidumbre. 

 

3 Pueblo nevado, de Miguel Elías

Pueblo nevado, de Miguel Elías

 

Mención aparte merece la inusual –por la frecuencia y por los abordajes– presencia de lo femenino en su poesía: la madre que siempre estaba en el exacto lugar de la ternura,la abuela recordando el vivir hondo y perdido, la amada que tiende la ropa oteada por el sol;pero también Marina Tsvetáieva, Zenobia Camprubí, Ana Ajmátova, Rosalía de Castro, Silvia Plath, Teresa de Jesús, la Venus del espejo y una desnuda Marilyn que vierte con desdén secreto / dos gotas de Chanel sobre su cuello.

 

Una lectura atenta nos revela, además, la plena y antigua conciencia de la tensión entre inocencia e inteligencia, entre la gravitación de lo recordado y retornado –vuelve el tiempo /a dormirse en las piedras, quejumbroso, / vuelve el agua del río, vuelve / el musgo pegado en cada roca; vamos hacia el borde de las cosas / heridas –, y la inquietante fugacidad del presente y de lo real –la vida no te da su mano dos veces;no atrapo el tiempo porque vuela y huye, / es distante y amargo como el oro–, con la que se ha ido hilvanando la poesía de este autor a lo largo del cuarto de siglo de escritura recogido en La espina de la nieve.

 

El título escogido para esta antología es símbolo de esa pureza y ese deslumbramiento, capaces de maravillar y al mismo tiempo herir (con transparenteherida), que hacen al poeta ser lo que es: una contradicción viva; o, en palabras de José María Muñoz Quirós, un ave que se esconde entre las ramas y a la vez un cazador furtivo en descampado; un sabio vendedor de escarcha –inusual símil– siempre con un misterio para entregar; un vigilante celador celado, que no debe dejar que la luz, su luz, se le derrame; pero a la par un recién despertado a las cosas primeras, con el pecho / transparente y desnudo / del cristal, con / el caudal de un río / derramado / en los brazos del tiempo; alguien capaz de escribir que:

 

La sorpresa del ojo encuentra la rutina / de lo que nunca has visto, de la fuerza / interminable del sendero. Soy como tú / un eterno vestigio de la nieve, la enfermedad / del náufrago, el reino de lo frágil, / desnudo corazón de barro y bruma que no encuentra descanso en los umbrales donde vive / la insobornable voz de las palabras.

 

4 Alfredo Pérez Alencart y Gabriel Chávez Casazola en Salamanca (foto de J. Alencar)

Alfredo Pérez Alencart y Gabriel Chávez Casazola en Salamanca (foto de J. Alencar)

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