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SIETE POEMAS DE ‘INEFABLE TIERRA’, DE ARACELI SAGÜILLO

 

 

Araceli Sagüillo en la calle Mayor de Toral de los Guzmanes

 

Nacida en Palencia (España), Araceli Sagüillo, fue hasta 2018 la coordinadora del reconocido ámbito cultural “Los viernes del Sarmiento”, que se celebraba semanalmente en Valladolid y que sumó más de 2000 actos literarios. Desde entonces es asidua invitada a los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran anualmente en Salamanca, en cuyas antologías se recogen sus poemas. Tiene publicados una decena de poemarios, como La charca de los lirios (1994), Mujer (1996), Tiempo de silencio (1999), Las voces (2003), el poema dramático En la alameda (2004), El ático vacío (2009), Treciembre existe (2011), Las Moiras (2016) o Nosotros (2018),  entre otros. Su poesía ha sido traducida al italiano, croata, búlgaro, árabe y  portugués. Los poemas que ahora se presentan han sido publicados en su último libro, Inefable tierra (2010), aparecido bajo el sello de Ediciones Vitrubio, de Madrid.

 

Estos poemas han sido seleccionados por A. P. Alencart de la parte primera del libro, titulada precisamente “Inefable tierra”. Queda para otra ocasión una muestra de la segunda parte, “La porfía de las paredes vivas”, que lleva epígrafe del admirado Andrés Quintanilla Buey.

 

Araceli Sagüillo y Andrés Quintanilla Buey

 

 

Sobre la primera sección, dedicada a Andrés y José Luis (esposo e hijo), la propia Araceli Sagüillo explica lo siguiente: “Al comenzar este libro pensé en vuestras miradas, en la cadencia de remolinos vividos, en la verdad de nuestra tierra cansada de soportar tantos pasados, y la sombra final de cada tarde. Todo quedó a la espera, ante los kilómetros y kilómetros de caudal poético plenitud de sueños entre vuestra voz y la mía. Necesité anclarme en aquellos años donde el destino alargaba la mirada, nos hizo cruzar los campos sin prisa, necesitados de un destino repleto de ilusión que nos guiara. Nuestra tierra  castellana comenzó a ser cadencia, cuando las tapias de barro fueron descubriendo el mundo. Este mundo de riberas ocultas necesitó caminar con la libertad al hombro toda la inquietante y querida España. Ahora la poesía busca el mismo tesón con que busco yo el aire para respirar, me arrimo a la brasa  confortadora  de  la  poesía. Versos soñados y ensoñados para todos los pueblos nacidos en esta patria, tierra de amores y soledades. Me recreo en estas páginas en blanco y recorro el mágico terreno en el que todo es posible. Si algo consigo, ojalá logre conmoveros”.

 

 

FOTOGRAFÍAS DE JACQUELINE ALENCAR

 

 

 

Portada de Inefable tierra

 

 

 

OS ASEGURO

 

 

 

Que mi garganta dormida se ha puesto hoy a cantar,

a pesar de que el camino sea corto los pasos por el sendero

se clavan, y ante la mañana ilusionada me siento cerca

de todas las horas juntas.

Voy en busca de una gota más de vida,

y mis ojos se clavan en la pared del temblor

atizado en llantos. Deslumbra la luz

y crece la blancura de las nubes,

se abre el cielo de los mares, y al arrullo los versos

desatan el ensueño de todos los caminos.

Borrada ya la nieve, el refugio abre sus puertas

para que penetre por las paredes sobredosis de claridades.

En ese lugar no queda nadie, solo los árboles dejan caer sus hojas

en el rincón tranquilo, donde un enjambre de tiempo marchitado cabalga, la dura realidad del verano cargado de destino. Y voló,

y sin querer acaso murió aquella golondrina.

Desde aquél día siento una inmensa ternura,

una emoción sin color, un abismo de lágrimas.

 

 

 

CASTILLA

 

 

 

Qué tema para un romance, tiemblan las palabras

al esconderse el tiempo que el pasado esconde,

se funden los días derramados en este mundo desigual,

surgen ternuras desvalidas y la brisa que no vuelve.

¿Es el mundo que nos rodea y se confunde de pensar

ante la verdad de lo desconocido?

¿Qué ocurrió en ese tiempo confundido?

Contemos juntos el temor a las heridas compartidas,

a los brillos que fueron derroche de amor y muerte,

no supimos quién prendió el fuego, el humo acabó en llanto.

¿Llegaste a percibir cómo la parcela fue asidero y trampa?

Fue refugio eterno, deslizándose por la obsesión imparable,

de reunirnos todos descalzos, en torno a la gran mesa, 

aquél fue por siempre nuestro refugio de los sueños.

Ya cerrado con las llaves eternas, las lanzamos al término

del camino, donde el claro río

y el castellano campo se abrazan.

 

 

 

Alfredo Pérez Alencart, Adelaide Neto, Antonío Salvado, Araceli Sagüillo y José Antonio Valle Alonso en Toral de los Guzmanes

 

 

A LA LLAMADA

 

 

 

De los amigos acudimos en masa a los abrazos,

y a los abrigos de las conciencias tranquilas,

dispuestos a recibir esa caricia venga de donde venga.

A ver quién se atreve en estos encuentros

a quitarnos la ilusión y la alegría, por mucho que esto duela,

a algunos del norte, del sur, del este o del oeste.

Todos participamos del mismo sol y no olvidemos

que nos conocimos junto al río Duero.

Éste hoy se ha desbordado.

Pero ante tanta mirada, está bajando su nivel.

Felicitémonos de la lluvia limpiadora y lancemos

nuestra canción a los cuatro vientos. La letra de la canción

se hundirá en el río, pero las palabras brotarán de unos labios

que fueron música y sobresalto al relente de la luna.

Las voces de este camino escuchan a su albedrío nuestra voz.

Nos observan, creerán que hasta somos felices,

y lo bueno es que a lo mejor lo somos.

 

 

 

VOLVERÁ DICIEMBRE

 

 

 

A caer en manos de la niebla,

los árboles quedaron heridos por la escarcha,

volverá el olor de los pinares con su recuerdo

y el de su último verano.

Hay un silencio extendido entre los pinares,

un rastro de mala hierba sigue el camino del agua,

huele a campo, a nube derramada, a resina recién cortada.

¡Dolorido está todo, los pájaros siguen colgados

presintiendo lo increíble, ni cantan ni vuelan,

sólo mueven las alas y se hinchan asustados!,

los insectos reunidos en la hura del puente.

Pasarán los años la tierra guardará el recuerdo

de su abrazo, y el de su dulce sonrisa,

el grito quedó colgado entre los ásperos pinos.

Mañana el amanecer será pálido,

abrazos de escarcha y ramas del árbol

quedaron deshojadas.

¿Buscaba las nubes y huían, esperaba llegar,

y se perdió en el aire?

Su figura entre aerosoles se busca por el mundo…

Y el mundo llora.

 

Araceli Sagüillo leyendo sus poemas en el Centro de Estudios Brasileños de la Universidad de Salamanca

 

SURGIÓ DE PRONTO

 

 

Aquél día gris que nunca fue de nadie,

se estremece el mundo

al comprobar que ha cambiado la vida.

Los días son misiles perdidos y enlutados,

sin armas en las venas para combatir el dolor.

Nunca se buscó con tanta pasión el aire para respirar,

la brasa confortadora de un abrazo, un beso, una mirada,

las manos apretando otras manos.

La batalla apostó por un vivir sin lágrimas,

se apartaron nombres, se escondieron fotografías,

y las llaves se salvaron gracias al último abrazo.

¿Supiste que nacemos para palpar lo que fuimos,

o lo que somos?

¿Olvidaste aquello que fue definitivamente cierto?

Intentos claros de retornar a manantiales limpios,

donde la fluidez golpea el pecho al refugiarnos

si algo malo nos persigue.

Reconstruir la memoria con poesía del silencio,

versificar siempre en los días más largos, repetir el poema.

¿Nos hará inmortales? Las palabras quedaron escritas

en la fragilidad de una palmada. Este revuelo desconocido

comparte poesía con ceniza remansada.

Cerca el árbol milenario, dando sombra al camino.

 

 

 

Lectura de la poeta Araceli Sagüillo

 

 

 

DEJADME LA VOZ

 

 

Dejadme un instante más de vida,

que a mi corazón y mi ansiedad le faltan horas

hasta que deslumbren de sequedad mis ojos.

En este laberinto cualquier pregunta indagadora

hará provocar la respuesta honda y acertada.

Ahora conozco a fondo las aletas de mi locura,

el salitre en mi boca aprendido de memoria.

Cuando a la poesía la asaltan imágenes

que rodearon nuestra vida, la derrota nunca calla.

Todo un océano de brisa y espuma se derrocha

hermoseando tardes de gloria y tules a lo lejos.

Dejadme la vida, que quiero hundirme en la arena,

hasta silenciar mi destino callado y frío.

Seguiré entregada a mis poemas escondida al trasluz,

de esta tierra mía con recortes, del mar en calma.

A mi albedrío quedaré callada como una roca.

Seré la carga emocional de este libro que respira el aire,

y se adueña del delirio de mi corazón.

Dejadme nuestra lengua, la que conocí al pronunciar

por primera vez mi nombre, o cuando creí llegar

a la cumbre de todas las palabras.

Dejadme vuestra verdad.

Y dejadme en paz.

 

 

 

 

Cecilia Álvarez, Jacqueline Alencar, Araceli Sagüillo y Pilar Fernández Labrador, en el Colegio Fonseca de la Universidad de Salamanca (foto de A. P. Alencart)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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