POEMAS DE ENRIQUE GRACIA TRINIDAD, ACCÉSIT DEL PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA PILAR FERNANDÉZ LABRADOR. PINTURAS DE MIGUEL ELÍAS

 

1 El poeta Enrique Gracia TrinidadEl poeta Enrique Gracia Trinidad

Crear en Salamanca tiene el privilegio de publicar diez poemas de Enrique Gracia Trinidad (Madrid, 1950), reciente Accésit del Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador, fallado en Salamanca el pasado 31 de enero. Es poeta, divulgador cultural y actor. Sus libros de poesía son -1972 a 2013-: Encuentros, Canto del último profeta, Crónicas del laberinto; A quemarropa; Restos de almanaque; Tiempo de Apocalipsis; Historias para tiempos raros; La pintura de Xu-Zonghui (bilingüe chino-español); Siempre tiempo; Contrafábula. Poesía reunida 1972-2004; Todo es papel; Sin noticias de Gato de Ursaria; La poética del vértigo (Antología, estudio y selección de Enrique Vitoria); Pentimento (2009); Hazversidades poéticas (miniantología); Butaca de entresuelo (2011), Mentidero de Madrid y Ver para vivir. Además ha publicado libros de prosa, artículos y dibujos. Le han concedido, entre otros, los siguientes premios: Vicente Gerbasi, por el conjunto de su obra (Venezuela), Accésit de Adonais, Premio Feria del Libro de Madrid, Accésit Rafael Morales, Premio Blas de Otero, Premio Bahía, Premio Juan Alcaide, Accésit Ciudad de Torrevieja, Premio Emilio Alarcos, Premio Juan Van-Halen. Parte de su obra se ha traducido a varios idiomas y figura en antologías y publicaciones de catorce países.
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CONTRAFÁBULA

 

 

El mundo está repleto de insectos ahorradores,
hormigas laboriosas,
arañas tejedoras,
listos escarabajos que atesoran
estiércol y otras santas inmundicias,
y orugas que se guardan, por guardar, a sí mismas.

Así que tú, cigarra,
cómplice del verano, prima hermana del grillo,
no pares de cantar, rompe la tarde,
pon música a la siesta.
No hagas caso a la hormiga,
que reviente de grano su despensa.

Cigarra amiga, cantaré contigo,
que la vida no es más que lo que aquí cantemos.

(De «Siempre tiempo»)

 

 

ENTRE LA MUCHEDUMBRE

 

 

Ya no amanece más. Nunca tan alta
la sensación de ruina, la cabeza que ajusta
feroz esta supervivencia,
mi cabeza,
pálida voz al borde de los gritos.
Porque no hay nueva luz fuera de los entrañas
que nos abre el dolor
como el milagro siempre abre las aguas, al aire,
las nubes en que Dios se peina el rostro.
Y esta palabra debe seguir siendo
soledad disparada,
a quemarropa,
contra la multitud que se disuelve
en un ácido esfuerzo, cotidiano y servil,
pasto de la miseria,
descalabrada sombra del olvido.

(De «A quemarropa»)

 

 

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TENGO QUE VOLVER A LEER AL DANTE

 

 

“Perded toda esperanza” es lo que pone en el cartel,
pero no para de sonar la puerta.
Entran y salen sin cesar, sin miedo,
como el que nada tiene que perder
(ni la esperanza)
Tal vez esté el cartel equivocado,
o yo no lo recuerde como estaba en la historia;
es cierto que hace tiempo que dedico mis fuerzas
a otras comedias más mundanas pero no a la divina.
Me fijo bien, uso mis gafas, miro
con toda mi atención. Sé que no me equivoco:
La puerta del infierno es la puerta del mundo.

(De «Pentimento»)

 

 

SÍNDROME DEL PULGARCITO

 

 

Eché migajas de pan en el camino, y vinieron los pájaros para darse un festín con mi memoria. Luego llené de piedras de colores el sendero del bosque que recorro sin tregua, y alguien las recogió para hacer el mosaico de un templo sin altares. Me abrí las venas y dejé gotas de aliento por el suelo, pero la tierra tuvo sed, no fue visible el rastro de mi sangre. Con furia, hice pedazos mi máscara de siempre y los dejé caer con el dolor de haberme desnudado, pero resulta difícil hallarse entre los restos de mil máscaras. Opté por no dejar ni rastro, huir hacia adelante, perseguir la sospecha de no volver jamás. Algún jirón de sueños se quedó entre las ramas. Y descubrí que estaba andando en círculos, que encontraba mis huellas una vez, otra vez y otra vez siempre. Dejó de preocuparme el porvenir. (De «Siempre tiempo»)
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RESTOS DE ALMANAQUE
A Ana Fernández Mallo

La mitad de los días es resto de almanaque, y el tiempo está cansado de jugar con nosotros, con tu pelo de alcázar que mis manos asedian, con tus ojos de alquimia, con el fuego robado
que se agita en la bolsa del ladrón y reconforta el crimen, el amor o la vida. Un fuego que la noche pretende sofocar sin conseguirlo.
El tiempo está aburrido de que no comprendamos su perfil de manzana, de ver como enloquece nuestra sangre en la cinta sin fin que recorremos, en este laberinto de frutal resistencia que gobierna la piel, que hace al dolor ausencia de miradas o besos.
Pero llueve, aunque la lluvia no lo borra todo siempre llueve, y se almacena un resto de cordura y palabras en el penúltimo suburbio, por las alcantarillas más profundas, detrás de cada tarde con aceras o parques del oeste, con paraguas oscuros y luminosos ojos de autobús circular e infatigable. Ya cerradas las páginas del libro donde siempre se anotan los milagros, escribimos en rojo sobre la miserable cuadrícula del sueño: La mitad de los días es resto de almanaque, la otra mitad, amor que se quedó dormido.
(De «Restos de almanaque»)

 

«EPPUR SI MUOVE»

 

 

La ropa a veces, mientras duermo, se me marcha a la calle,
juega en parques lejanos y navega columpios,
siempre termina en algún bar
donde a los camareros, anfibios de fatiga, no les importa nada
que las últimas copas de la noche
resbalen por un cuello de camisa
que no lleva cabeza.
Suelen ser húmedas las calles,
por eso viene luego mi ropa destemplada, tose por el pasillo,
y me despierta,
cuenta extrañas historias de relojes
acudiendo a su cita con el tiempo de nadie. Casi nunca la entiendo.
Dice que hay un ilustre papagayo
que se mira las plumas en el borde afilado de las últimas luces.
Entre sueños me esfuerzo en regañarla,
le digo que no es hora de andar con cuentos raros,
que como tantas veces me quedaré despierto por su culpa.

Ella siempre sonríe
como un niño más triste y más travieso que la luna
y se vuelve a dormir
en el respaldo de una silla.

(De «Crónicas del laberinto)

 

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«…SOBRE LA NIEVE DEL PAPEL
LA FRÁGIL LINTERNA MÁGICA…»

(Ch. Baudelaire. Los Paraísos Artificiales)   

 

hoy trabajó toda la tarde,
mejor dicho, dejó pasar las horas
con las manos encima de la mesa, libros, papeles,
polvo,
y un estúpido gesto entre los labios.

Fuera pasaron ángeles de cuero
sobre motocicletas imposibles,
las alarmas gastaban el silencio sin que nadie acudiera,
inútilmente,
el paisaje quedó como un cárdeno toro,
como el mensaje de una cita en un contestador desenchufado.

La noche cruzó a nado su distancia de sueño
y terminó de dibujar el toro, negro zaino, cornígero de luna.
Los ángeles dejaron que las motos
brillasen a la puerta de los bares.
También sonó el teléfono dos veces.

Sin conectar la luz, sigue frente al papel,
con la vista clavada en el remache
de una carpeta azul como sus ojos,
como el cristal de todas las ventanas
con un televisor tras la cortina.
Enciende su mechero para fumar el último cigarro
y por unos instantes
las hojas le sonríen con un miedo amarillo.
Pero no cambia nada.

Y es que no basta con sentarse delante de la mesa,
con decirse que hoy tiene que salir
un poema perfecto.

(De «Historias para tiempos raros»)

 

ARTE CISORIA

(Con agradecimiento a Enrique de Villena, claro)

 

 

Quisiera hacer un verso con filo de cuchillo para cortar el pan. Algo daga de asalto, como el hacha sin culpa de un verdugo que no encontró otro oficio.

No un verso sanguinario sino un verso certero, afilado y agudo para tajar, hender, abrir sin pausa, rajar sin detenerse.

Un verso que en silencio haga trizas el aire, desnude la razón, abra en canal, despiece, penetre sin cesar, hiera lo que hay que herir.

Verso para cortar tan diestro y tan exacto como lo quiso aquel juez de Venecia: «¡una libra de carne! ¡ni una gota de sangre!»

Eficiente navaja que separe las horas, su distancia, el papel donde anidan los versos que son grieta, raspadura, arañazo en la espalda de la vida que se aleja sin tregua.

Un verso como el filo de una hoz con sus hambres de mies y rama seca, curvilínea guadaña puntiaguda. Quiero decir espada para escena de cine (no me digáis que es falso, lo sé, pero ¿quién sabe?)

Verso, cuchilla ciega, para cortar el pan, o la carne, o el tiempo.

(De «Siempre tiempo»)
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NO (*)

 

 

No hay bandera que valga un sólo muerto.
No hay fe que se sujete con el crimen.
No hay dios que se merezca un sacrificio.
No hay patria que se gane con mentiras.
No hay futuro que viva sobre el miedo.
No hay tradición que ampare la ignominia.
No hay honor que se lave con la sangre.
No hay razón que requiera la miseria.
No hay paz que se alimente de venganza.
No hay progreso que exija la injusticia.
No hay voz que justifique una mordaza.
No hay justicia que llegue de una herida.
No hay libertad que nazca en la vergüenza.

(De «Pentimento»)

(*) Este poema fue incluido en la antología “Contra el olvido”, editada con ocasión de los atentados del 11 de marzo de 2004, en las estaciones de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia, de Madrid. Se ha utilizado para cortos de vídeo y montajes teatrales.

 

 

SI TÚ NO ESTÁS
(A Andrea Navas)

El Paraíso debe estar vacío.
Si tú no estás, quién va a querer estar.
Sé que andan de tertulia por la puerta,
incluso Dios mira el reloj y fuma
y se hace el remolón hasta que llegues.
Entonces todos entrarán de golpe.

(De «Juego de Damas») del poemario que obtuvo el Accésit
del Premio Pilar Fernández Labrador.

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3 comentarios
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    enrique viloria vera
    febrero 10, 2015

    Poeta de poetas, inmensa su poesía como su bonhomía, evv

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    Rosario Corbalan
    abril 25, 2016

    Me gusta tu poesía, no la conocía, pero me ha gustado. Emoción.i

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    Abilio Díez
    febrero 4, 2017

    Ya tenía noticias de ese río, lo descubrí a través del Blas de Otero. Luego perdí su rastro, como el de tantos otros. Pero cuando detrás hay un manantial, tarde o temprano termina llegándote la crecida. Muy intenso, con serenidad y precisión
    en el manejo del idioma.

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