‘ORACIÓN PRIMITIVA POR URUK’, DEL IRAQUÍ ISSA HASSAN AL-YASIRI. COMENTARIO DE JOSÉ ANTONIO SANTANO

 

 

 

El poeta iraquí Issa Hasan Alyasiri

 

 

Crear en Salamanca tiene el privilegio de publicar este comentario escrito por el poeta José Antonio Santano en torno al nuevo libro del poeta iraquí Issa Hassan Alyasiri, quien nació en 1945 en una aldea del sur de Irak, perteneciente a la ciudad de Missan, donde estudió y termino la carrera del profesorado de escuela. Trabajó en la enseñanza y el periodismo al mismo tiempo. Es miembro de los escritores de Irak, y la asociación de escritores canadiense, donde vive desde que abandonó su país en el año 1998. Obtuvo el premio internacional Palabra Libre que otorga el festival de Rotterdam de poesía internacional en el año 2002, lo cual es el único poeta árabe en ganar este prestigio premio que ganaron otros grandes poetas mundialmente conocidos como el español Rafael Alberti. Su poesía está incluida en docenas de antología de poesía en diversas lenguas. Gran parte de su obra ha sido traducida a otros idiomas como el francés, el sueco, el inglés, el holandés, el catalán y el castellano. Sobre su obra poética se publicó varios estudios y ensayos. Publicó desde 1973 hasta hoy ocho poemarios y una novela. En el año 2016 se publica en la capital jordana sus obras completas hasta el momento. Entre sus libros de poesía, se destacan; Cruzar hacia ciudades de alegría 1973, Episodios del viaje del ave sureño 1976, Cielo del sur 1979, La mujer es mi reino 1982; El silencio de las cabañas 1996, Te llamo desde lejos 2008, y Ave María 2012.

 

Este libro ha sido editado en Madrid por la editorial que dirige el destacado poeta y traductor Abdul Hadi Sadoun.

 

 

 

 

LA SEMILLA DE URUK

Alfalfa Ediciones (2019) 

 

No sé cuál es la razón exacta, pero desde siempre me supe atraído por la poesía árabe, por la belleza de su grafía y su hondo pensamiento, ese que nos hace vibrar con cada palabra, desde la sencillez y la humidad que acompaña al poeta que lo ejercita y vive. Y supongo, que si eso ocurre con la poesía, también con la historia y la cultura de los principales lugares del mundo árabe, como la mítica Bagdad, claro ejemplo.

Tan es así que, al recibir el libro “Oración primitiva por Uruk”, del poeta iraquí Issa Hasan Al-Yasiri (Missan, 1945), sentí un cierto estremecimiento. Allí estaba, encima de la mesa, un misterioso rostro ilustraba la portada del libro, un dibujo de Kareem Sadoom, para ser exactos, autor de todas las ilustraciones del poemario.

La traducción al español ha sido realizada por Ignacio Gutiérrez de Terán y la publicación ha corrido a cargo de Alfalfa Ediciones. Cuenta el poeta octogenario con libros tales como “Cruzar hacia ciudades de alegría” (1973), “Episodios del viaje del ave sureño” (1976), “Cielo del sur” (1979), “La mujer es mi reino” (1982), “El silencio de las cabañas” (1996), “Te llamo desde lejos” (2008) y “Ave María” (2012). Llama la atención de “Oración primitiva por Uruk”, la espiritualidad que lo contiene, muy cercana a la tradición poética árabe, donde la honda reflexión da paso a la sencillez formal, convirtiendo así a la palabra en esencia misma; la desesperanza a la oración: «Dios mío, Dios mío, / por Uruk te invoco, / Uruk, / tu primera semilla, / ancestral entre todas tus ciudades»; de aquí en adelante la tensión discursiva irá en aumento y el poeta será la voz amorosa que clama en el desierto, demandará misericordia y perdón para Uruk y sus pobladores, también para quienes un día la abandonaron: «Por ella, / y por quienes en ella viven, y por los que un día la abandonaron, sálvala, bendito seas, refugio y luz».

 

 

 Issa Hasan Alyasiri

 

Hassan Al-Yasiri no puede sino sentir que el tiempo se le escapa entre las manos, y que en ese trayecto final, en ese alumbramiento del silencio total al que todo humano se abisma, solo desea contener la furia de la sinrazón y el despropósito, devolver a su tierra el fruto de los campos y los ríos;  la paz de las montañas en su soledad infinita; convencer con la palabra poética de la necesidad de hermanamiento, de la humana mirada. Por eso clama en voz alta y se pregunta: «¿Por qué insistes en reducir a Uruk a un solar / habitado por la tristeza, / pasto de las plañideras?».

El poeta sufre con el dolor ajeno, que es también el suyo, el de sus compatriotas y en ese estado se rebela contra él y contra todo, y una vez más demanda el perdón a un dios misericordioso: «Perdónala, Dios, / ¿qué haría cualquier madre / al ver a sus hijos camino de la muerte / o rumbo a un lugar lejano, / como una bandada de pájaros sobre cuyos nidos / se ciernen los chacales de la noche?».

Solo un deseo anima al poeta a seguir el camino, a rebelarse contra el mal de las guerras y la injusticia, concluyendo así con su oración: «Escucha pues a este siervo, Dios: / haz que Uruk vuelva a ser lo que fue, / conviértela, de nuevo, en Uruk. / Uruk, / la partera, / y la madre, / y el lecho de la dicha».  

 

 

 

 

José Antonio Santano

 

 

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