Nocturno en Albacete

 

Dejo este poema de una visita a Albacete, donde pasé algunos años profesionales. Es un recuerdo de una noche perdido en sus calles , pasado el tiempo, esperando que el artista (pintor) Quijano me recogiera para ir a su casa en Bogarra a dormir….tuve muchos recuerdos de mis tiempos y escribí este poema…

Ignacio Bellido

En Albacete

 

el tiempo forma una rueda con los pensamientos

 

y el astrolabio se pierde en sus calles

 

que se bifurcan en la efigie del entorno.

 

 

Hay un orgullo

 

en el Museo Municipal,

 

donde el pintor Quijano

 

habla con trazos imposibles para

 

sobrecoger

 

aliviar

 

comprender

 

o mantener su flecha

 

que conoce los rumbos

 

en la densidad.

 

 

Mi tiempo en las calles de Albacete se inmoviliza

 

y recuerda lo turbio y dorado de las aguas

 

que cubrieron parte de un plebiscito

 

y ahora flota en ellas

 

como talla asimilada.

 

 

Hay desorientación

 

a estas horas de la noche

 

y en la soledad

 

los pasos vacilan

 

sobre el quebrado de los años.

 

para retornar al mismo rombo

 

que proclamaba el oráculo.

 

 

“Estas recuperando  juventud”

 

Grita el artista

 

en sus ánimos

 

cuando le invoco sobre los cuadrados de la noche.

 

 

“Vive el instante elegido”

 

Sigue aconsejándome.

 

 

Y el pensamiento me lleva a Bogarra,

 

a su valle de retorno,

 

a sus cumbres de sierra,

 

donde el color cantaba coplas de luna

 

junto a los arbustos

 

que aún perduran en los parpadeos

 

de la noche.

 

 

Allí viven Mercedes y Angelín,

 

la Madre y el Compañero de Quijano,

 

en simbiosis con el lamento,

 

alejados de luces profanas,

 

sentados alrededor de una camilla

 

que magnifica el círculo,

 

con el rito de esencias.

 

y el contrafuerte del color.

 

 

 

 

Decir que el tiempo muere

 

es entrar en blasfemia.

 

Decir que el tiempo nace,

 

es formar un criptograma

 

que sólo se comprende desde lo lineal

 

o armonizando los paréntesis de ensueño.

 

con lo gélido de la andadura.

 

 

Tendría que alabar este palacio de la noche

 

que me permite abrir el cofre de intenciones

 

para contemplar mis deseos

 

perdidos en lo intemporal

 

con su abalorio de misterio

 

entonado en el pliegue de mis manos.

 

y en la indefinición de la muerte.

 

 

He comprendido en este dolor del tiempo

 

que la luz no me obliga a renacer,

 

que puedo formar una amatista con el recuerdo,

 

y la maga me ofrece su aislamiento para volver

 

al arco que cubría la permanencia.

 

 

He aquí el cuerpo entregado.

 

y el albricias en su rocío de noche.

 

 

Que incomprensible puede ser un sonido

 

cuando no se espera lo pautado.

 

Que torpe se vuelve el diamante

 

cuando no puede comprender la leyenda que lo mantiene.

 

 

Así de nuevo la noche,

 

en esas calles que parecen ceñirse a la indecisión

 

y mi voz que no puede asomarse a la celosía

 

para gritar su impotencia.

 

 

Pienso en la huida,

 

pero no hay destino

 

ni pugna

 

con un enemigo inexistente.

 

 

He de romper el vacío

 

de este cuerpo de aceras

 

que debe volver a su mañana

 

y en la espera en el “Rincón del Arte”

 

escribo estos pensamientos

 

entre los óleos

 

y en la mirada comprensiva de la dueña

 

que acepta que a las dos de la mañana,

 

el artista puede estar ausente

 

pero su presencia nunca muere.

 

 

Fuera,

 

amparada en sus calles

 

que serpentean la armonía,

 

queda la ciudad sin torres

 

en su noche.

 

 

Queda la ciudad

 

de infancias maduras.

 

 

Queda la ciudad del Alba.

 

“En un lugar de la Mancha…»

 

En un lugar del sentimiento…

 

 

Albacete, Marzo, 2007

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