MUNDO O VIDA, MUNDO Y VIDA. SOBRE ‘ALREDEDOR’, DE MANUEL QUIROGA CLÉRIGO. POR ANTONIO DAGANZO

 

 

Manuel Quiroga Clérigo

 

 

Crear en Salamanca se complace en publicar este comentario escrito por el madrileño Antonio Daganzo, en torno al nuevo poemario de nuestro colaborador, Manuel Quiroga Clérico

 

ALREDEDOR

Ediciones Vitruvio, Colección “Baños del Carmen”, nº 737;

Madrid, 2019; 276 páginas

 

Que el hecho poético resulta consustancial al propio decurso de la vida es algo que se materializa intensamente en escritores tan prolíficos como Manuel Quiroga Clérigo (Madrid, 1945; también sociólogo, y crítico literario y cinematográfico). Y siempre he creído que, en su caso, esa bendita fecundidad reside en su naturaleza extraordinariamente sensible a las impresiones brindadas por el mundo. Si a eso le sumamos la condición de viajero incansable del autor, tales impresiones se multiplican hasta el extremo de convertir el tópico del “homo viator” en una fidedigna crónica lírica sobre los pasos alrededor del mundo de un destino individual. “Alrededor”, he dicho; con toda intención, desde luego, porque justo así se titula, Alrededor, este volumen de sorprendente amplitud -276 páginas- donde Manuel Quiroga Clérigo, más que demostrar una feracidad envidiable, da rienda suelta a un instinto poético que no decrece nunca, basado en la maestría formal y la riqueza imaginativa que son marca de la casa.

 

Maestría formal y riqueza imaginativa que el autor sabe poner igualmente al servicio de la brevedad y de las elipsis más o menos explícitas –véase, por ejemplo, esa pequeña gran joya de su autoría que es Leve historia sin trenes-, pero que aquí, en Alrededor –como ya había anticipado Isla / País de colibríes, su anterior entrega poética bajo el sello de Vitruvio, aparecida en 2017- alimentan un discurso de indeclinables desarrollos textuales, consecuencia lógica de una mirada omnímoda, que además se precia de serlo.

 

 

 

 

 

 

Si Leve historia sin trenes ofrecía algo así como una panorámica de la emoción en el curso de la existencia, la panorámica de Alrededor parte de lo geográfico para postular el nexo entre mundo y vida; nexo sobre el cual va dando sus pasos un sujeto lírico que, virtualmente, recorre el mundo entero, en sucesivos ciclos que le llevan por diversos países de Europa, por África, por América del Norte y del Sur, y también por Asia, con especial énfasis en las convulsas tierras de Oriente Medio. Los textos, que incorporan una mención explícita a su lugar de creación o inspiración en la inmensa mayoría de los casos, están fechados fundamentalmente a lo largo de tres décadas, desde comienzos de los años 90 hasta casi nuestros días (2016).

 

Eso sí, semejante arco cronológico no influye en la estabilidad, en la homogeneidad de una prosodia cifrada esencialmente en el verso alejandrino, del que Manuel Quiroga Clérigo es un atinado y generoso cultivador; a tal grado que incluso el molde modernista del soneto alejandrino se halla presente en el volumen, junto a otros buenos ejemplos de soneto clásico, basados en el preceptivo verso endecasílabo. Pero los grandes poemas compuestos en “alejandrinos blancos” –por referirnos a ellos de algún modo- son los reyes indiscutibles de Alrededor; como esa maravilla titulada “África”, fresco poderosamente expresivo sobre el continente negro –África “como un cubil de lobos en que nunca amanece (…) / donde esquinas del tiempo y lacayos del hambre / sobreviven a solas cerca de cactus vírgenes”-; o como los titulados “Alguna eternidad” o “Cerca del río transparente”, las dos composiciones de mayor extensión del libro –a lo largo y a lo ancho-, ambas de inspiración chilena, con las figuras de Pablo Neruda y Gabriela Mistral por protagonistas.

 

 

 

Presentación del poemario

 

 

“Detén la nave para que oigas nueva voz”: con tal cita de Homero, de una fabulosa pertinencia, Quiroga Clérigo pone fin a los caminos, a los largos y muy seductores caminos de esta obra que combina a la perfección una ambición discursiva totalizadora y una sencillez discursiva esclarecedora, sin que ello suponga la más mínima contradicción.

 

Bien al contrario, es en la médula de ese extraño equilibrio donde el autor encuentra “profundos adjetivos para futuros leves”. Donde se arriesga con el universal de la rosa, logrando arrancar personales bellezas de asunto tan concurrido –“…una herida reciente en la piel solitaria, / una historia dormida de soledad sin frases, / una leyenda triste en medio de los páramos”-. Donde cuaja poemas de caudalosa síntesis como “Ríos”, en cuyo transcurso, precisamente, varios ríos del mundo van abrazando sus nombres. Y donde el amor se explaya en poemas de hermosa vibración, como “A orillas del Bósforo”, en torno a un anhelo imposible –“El no tenerte cerca es el peor destierro / y el perder tu mirada es una triste suerte / de quien quiso elegirte como su musa un día”- o “Desnuda”, de rozagante plenitud carnal –“…atraviesas la noche con tu disfraz de aurora”-. “Este mundo, o la vida, siguen permaneciendo / y hemos de recorrerlo con prudencia, con ganas”, leemos en los primeros compases de Alrededor: a fe que Manuel Quiroga Clérigo, con su sensibilidad, oficio e inspiración, sabe recorrer tales caminos, tales largos caminos de mundo o vida. De mundo y vida.

 

 

Quiroga Clérigo y Antonio Daganzo

 

 

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