‘MIRADAS DE LUNA Y TAMBORES’, DE ANA JIMÉNEZ PAZPATTI. COMENTARIO DE MANUEL QUIROGA CLÉRIGO

 

 

 

1 Ana Jiménez Pazpatti

 Ana Jiménez Pazpatti

 

Crear en Salamanca publica este comentario escrito  por Manuel Quiroga Clérigo (Madrid, 1945), doctor en Ciencias Políticas y Sociología con una tesis titulada La crítica literaria como fenómeno sociológico. Narrador, autor de teatro, crítico literario y periodista de la cultura, ha centrado su actividad en la labor poética y sus versos figuran en diversas antologías, revistas y trabajos colectivos, habiendo editado hasta la fecha dieciocho libros de poesía, entre los que están  Homenaje a Neruda(1973);  Fuimos pájaros rotos (1980); Vigía (1997); De Morelia callada (1997); Los jardines latinos(1998); Versos de amanecer y acabamiento (1998); Íntima frontera (1999); Desolaciones tardías. Aristas de Cobre (2000); Las batallas de octubre (2002); Mudo mudo (la aventura de Manila),  (2004); Leve historia sin trenes (2006); Crónica de aves. El viaje a Chile (2007); Páginas de un diario (2010) o Volver a Guanajuato (2012). Actualmente es secretario general de la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE). 

 

 

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ANA J. PAZPATTI:

“LAS PALABRAS NO SE ESTRELLAN EN LOS LABIOS”. 

 

 

El Teatro Tribueñe (Tribu eñe) de Madrid ha programado unas sesiones denominadas “Tribu de poetas” por las cuales han pasado, presentando sus obras y recitando sus poemas Josep Mª Rodríguez y Javier Lostalé y tienen previsto acudir Santos Domínguez, Diego Doncel y Carlos Prado, Magdalena Sánchez Blesa y Beatriz Blanco Álvarez. El 27 de enero le ha tocado el turno a la poeta Ana Jiménez Pazpatti que ha presentado su poemario “Miradas de luna y tambores”.

 

Con una interesante concurrencia de poetas, amigos y amantes de la poesía en general tuvimos ocasión de presenciar un magnífico espectáculo lírico. Ana contó con el apoyo de Pablo Guerrero, un trabajado coro infantil y las lecturas de poemas por otros amigos. El apoyo musical contó con el excelente músico que es Álvaro Martín del Burgo que, entre improvisaciones y estudiadas piezas, acompañó al piano todas las intervenciones siendo, él mismo, presentador de todas y cada una de las actuaciones. Con todo ello se consiguió una muy agradable velada donde no sólo los poemas de “Miradas de luna y tambores”sino, también, los recitados y referencias a la poesía completaron un programa de impresionantes actuaciones).

 

“¡Poesía! ¡Divina poesía!”, exclamaba Miguel de Unamuno y Pablo Guerrero escribe, a propósito del poemario de Ana J. Pazpatti: “Ana nos abre sus puertas de miradas y tambores, para que entremos en un mundo vibrante y generoso”. Ese mundo se contiene en un libro con dos partes, como su título indica, “Miradas y tambores”. Primero hay que comentar que cuando sólo se firmaba como Ana Jiménez, a los 10 años de edad, su poema “Mi lápiz” ganó el premio Vicente Aleixandre: “Mi mágico lápiz/de punta afilada,/cuenta bellos sueños/de mágicas hadas”. Ya su intuición lírica era grande y así aparece ahora en este poemario que se nos antoja una delicada reflexión repleta de humanidad y de honda expresión lírica.  La primera parte contiene siete hallazgos donde la palabra tiene el valor de indagación y de perpetuo sosiego. Comienza preguntándose “¿Que por qué escribo?” y termina diciéndonos “Mis manos curiosas,/frenéticas sobre los folios/desnudan la tinta, el viento, la tristeza…/para encontrar sobre la tierra oscura/los alegres saltos de los niños”. En “Canto al agua” leemos:” Algo hay que escribir en los días azules,/cuando por las avenidas de la luna grande/se siente la muerte errante sobre los suelos”.

 

3 Ana Jiménez Pazpatti y Manuel Quiroga Clérigo

Ana Jiménez Pazpatti y Manuel Quiroga Clérigo

Es la vida saliendo al paso de cierta amargura que, sin embargo, se verá recompensada por la llegada de esos niños, como si el mundo comenzara a ser más lineal, menos perverso, ante el acoso perpetuo de la infancia. Y, así, la escritora, reflexivamente, nos invita a escribir pese a que pueda avecinarse la gran tragedia pues, entre tanto, es necesario vivir y contemplar el claro sonido de las fuentes. El propio Guerrero decía que estos son “Poemas escritos con el rendido cuerpo de la belleza y con la mente libre de prejuicios inoperantes”.

 

Así es, la autora lo demuestra en ese sensacional poema titulado “Apuntes sobre la risa”: “Esta noche estoy para reírme./Para agitar la risa polvorienta en los arcos donde el esternón traduce idiomas./No sabría decir si es por la luna,/o por los alfileres de plomo entusiasmados,/o por los ríos que suben convencidos/trescientos escalones de hojalata,/o por todas las horas repetidas/ que dan saltos de pié sobre los ojos”. Y el poema, como en un relato perfecto, continúa esbozando retazos de la existencia, suspiros de seres humanos abocados a una felicidad que, muchas veces, el entorno pretende negarles:”…suelto cada idea contrariada/en los verdes suspiros de los dedos./Voy tras la mota de polen que germina el trazo/y tras el diminuto viajero presuroso/que quiere juntar palabras gruesas./Voy tras la chispa de luz que surge/en los pequeños delirios de los verbos,/y me río en la hora hueca que extrae/pequeños ronquidos de piedras y relojes”. Es el universo de lo cotidiano saliéndonos al encuentro, pretendiendo moldear nuestros pasos, modificar el itinerario que nos habíamos dibujado de antemano. Esas “Miradas de luna” como los versos siguientes se van edificando en estrofas limpias, en palabras sonoras, musicales, a veces inéditas para hablar de cuanto está cerca y otras, dice Guerrero, para ponerlas “al servicio de contenidos llenos de emoción yd e furia, de amor y de búsqueda y encuentro de la riqueza humana”.

 

4 Otra imagen de Ana Jiménez Pazpatti

Otra imagen de Ana Jiménez Pazpatti

 

“Tambores” se compone de 9 poemas, todos ellos versátiles, comunicativos, elegantes, sonoros. A primera vista, y si hubiera que elegir obligatoriamente, nos quedaríamos con esa maravillada “Canción para los niños”, dedicada “A Lucinda, en representación de cada niño de este mundo”  de la que anotamos algunas estrofas: “Quien fuera tu nombre,/para conocer la vida/con los ojos nuevos…/Quien fuera tu risa/goteando alegre/sobre los senderos…./Te dirán mil coas: estornudos, flores,/¡quiero que hagas esto!”.

 

 

Es la música con acompañamiento de tambores y/o violines para iniciar un canto a quienes son el futuro y que, por ello, merecen todo nuestro acogimiento, protección y afecto, cosa que muchas veces vemos negado. Ana, la autora, sí es capaz de discernir el valor de la infancia, hablar de ello, situarse a su lado. Y esa es otra arista hermosa de sus versos. Otros poemas  como “Seguidillas de la Morena” (“¿Dónde estará durmiendo/la luna llena?”), “Sueño y tambor”: “Vengo con la luna llena/derramándose en el pecho…”, “Barro y fuego” (“Sólo queda dormir o estar despierto/al jilguero que llora atormentado”) o “El extraño” son un eficaz itinerario de indagaciones personas, de búsquedas humanas, inicios de certidumbre: seguramente la poesía también  sirve para eso, para tratar de avisarnos a los demás de los dramas cercanos, de las tragedias que puede llegar a ser desconocidas, de alguna soledad nunca mitigada: “Las calles ya casi oscuras/como párpados cerrados,/en su rumor de pestañas/recorre el pueblo un extraño…”.

 

5 Manuel Quiroga Clérigo durante su lectura

  Manuel Quiroga Clérigo durante su lectura

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