Gastón Baquero a la orilla del Tormes

 


 

 

 

 Retrato pintado por el francés Sylvain Malet, entonces residente en Salamanca

 

Grupo de poetas y lectores en el homenaje a Gastón Baquero

 

Seis poetas y lectores salmantinos se reunieron este sábado en Tejares (a la orilla del Tormes y frente a la isla donde ‘nació’ el Lazarillo) para celebrar el centenario de uno de los más notables poetas en lengua castellana de todos los tiempos: el cubano Gastón Baquero (Banes, 1914 – Madrid, 1997). Salamanca ha sido y es referencia ineludible cuando de habla de Baquero, pues aquí, en abril de 1993 y en la Cátedra de Poética “Fray Luis de León” de la Universidad Pontificia de Salamanca, entonces sabiamente dirigida por el maestro Alfonso Ortega Carmona, se le tributó el magno homenaje internacional “Baquero, poeta de tres mundos”, que terminó con ‘olvido’ que, por décadas, se había ceñido sobre la poesía de Gastón. Aquí, en 1994 se publicaron las actas de ese encuentro, bajo el título de “Celebración de la existencia”. Un año después, en la imprenta Kadmos, de Salamanca, se imprimieron, por encargo de la entonces Fundación Central Hispano, la poesía completa de Baquero, así como otro volumen con la selección de sus ensayos literarios. Esos tres años, y con el empeño de Ortega Carmona y Alfredo Pérez Alencart, el rescate se había consolidado, también gracias a Pío E. Serrano (Verbum), Pedro Shimose (Instituto de Cooperación Iberoamericana) y Felipe Lázaro (Betania).

 

 

  Gastón Baquero ingresando a la Universidad Pontificia, con Manuel Ulacia

(1993 Foto de Paloma  García)

 

 

Este 4 de mayo se cumple la primera centuria de ese gigante nubio-caribeño. Aquí, como preludio de otras celebraciones mayores previstas para el mes de octubre, se reunieron Javier Sánchez, Jacqueline Alencar, Luis Frayle Delgado, Verónica Amat, José Amador Martín y Alfredo Pérez Alencart para sumarse felizmente al la idea de Cristobal Díaz Ayala y Uva de Aragón, quienes desde Estados Unidos han motivado un buen número de actos a celebrarse en distintas ciudades del mundo.

 

Los poemas elegidos, también Testamento del pez, referencia para estos actos allende y aquende, tienen una vinculación directa o indirecta con Salamanca. Un fragmento de dicho texto, así como el poema “Retrato”, fueron leídos por Baquero en “Volver a la Universidad”, sus palabras de agradecimiento por el homenaje salmantino. “Retrato” sigue la estela de unos versos de Horacio traducidos por su admirado Fray Luis de León. Y qué decir del soneto dedicado al rector perpetuo de la Universidad de Salamanca. Sobre Unamuno escribió profundos ensayos, artículos y poemas. Ya al día siguiente de la muerte del vasco de Salamanca, el 1 de enero de 1937, Baquero escribe un sentido obituario dedicado a su lejano maestro.

 

“Festín de Alejandro”, paradigma de contención en toda la obra baqueriana, fue leído por vez primera en Salamanca, al estar inserto en el mencionado discurso. “Qué pasa, qué está pasando”, es el primer poema escrito por Baquero, al menos el que él reconocía como el primer poema ‘presentable’. Lo escribió a los 17 años pero en España no lo tenía en papel. Pocos meses antes de publicarse la Obra Poética Completa, la poeta Fina García Marruz, de paso por Salamanca, indicó a Pérez Alencart que ella tenía el original, pues por entonces Baquero se lo había dado. Al volver a Cuba lo envío por intermedio de Carlos Barbáchano y pudo salir publicado. Gastón se lo dedicó, como así lo hizo con el poema “La luciérnaga”, esta vez para el hijo de Alencart, José Alfredo, a quien consideraba su nieto.

 

Francisco Javier Sánchez

 

 

Francisco Javier Sánchez

 

 

TESTAMENTO DEL PEZ

(Fragmento)

 

Yo te amo, ciudad,

aunque sólo escucho de ti el lejano rumor,

aunque soy en tu olvido una isla invisible,

porque resuenas y tiemblas y me olvidas,

yo te amo, ciudad.

 

Yo te amo, ciudad,

cuando la lluvia nace súbita en tu cabeza

amenazando disolverte el rostro numeroso,

cuando hasta el silente cristal en que resido

las estrellas arrojan su esperanza,

cuando sé que padeces,

cuando tu risa espectral se deshace en mis oídos,

cuando mi piel te arde en la memoria,

cuando recuerdas, niegas, resucitas, pereces,

yo te amo, ciudad.

 

(…)

 

Yo te amo, ciudad,

cuando persistes,

cuando la muerte tiene que sentarse

como un gigante ebrio a contemplarte,

porque alzas sin paz en cada instante

todo lo que destruye con sus ojos,

porque si un niño muere lo eternizas,

si un ruiseñor perece tú resuenas,

y siempre estás, ciudad, ensimismada,

creándote la eterna semejanza,

desdeñando la muerte,

cortándole el aliento con tu risa,

poniéndola de espalda contra un muro,

inventándote el mar, los cielos, los sonidos,

oponiendo a la muerte tu estructura

de impalpable tejido y de esperanza.

Quisiera ser mañana entre tus calles

una sombra cualquiera, un objeto, una estrella,

navegarte la dura superficie dejando el mar,

dejarlo con su espejo de formas moribundas,

donde nada recuerda tu existencia,

y perderme hacia ti, ciudad amada,

quedándome en tus manos recogido,

eterno pez, ojos eternos,

sintiéndote pasar por mi mirada

y perderme algún día dándome en nube y llanto,

contemplando, ciudad, desde tu cielo único y humilde

tu sombra gigantesca laborando,

en sueño y en vigilia,

en otoño, en invierno,

en medio de la verde primavera,

en la extensión radiante del verano,

en la patria sonora de los frutos,

en las luces del sol, en las sombras viajeras por los muros,

laborando febril contra la muerte,

venciéndola, ciudad, renaciendo, ciudad, en cada instante,

en tus peces de oro, tus hijos, tus estrellas.

 

Jacqueline Alencar

 

 

 


RETRATO

 

 

Ese pobre señor, gordo y herido,

que lleva mariposas en los hombros

oculta tras la risa y el olvido

la pesadumbre de todos los escombros.

 

Él dice que lo tiene merecido

porque aceptó vivir, que no hay asombro

en flotar como un pez muerto y podrido

con la cruz del vivir sobre los hombros.

 

Cenizas esparcidas en la luna

quiere que sean las suyas cuando eleve

su máscara de hoy. No deja huellas.

 

Sólo quiere una cosa, sólo una:

descubrir el sendero que lo lleve

a hundirse para siempre en las estrellas.

 

 Luis Frayle Delgado

 


SONETO

 

 

A Miguel de Unamuno

 

 

Desde la nada entiende esperanzado

Como es la nada el todo que nos une

A golpes de una lanza que al costado

Sangre de nada aboca y lo consume.

 

De pie por bajo el suelo despertando

Rocas de cuerpos idos en el sueño

Hace noción de fatigoso hilando

Trebejos de nacer naciendo empeño.

 

Aun dice no a la prendida hora

Cuyo seco minuto le detuvo

Allende toda noche y toda aurora.

 

Aun dice no mostrando lo que tuvo

De la sombra de Dios con que se dora

Toda sombra hominal que en nada estuvo.

 

1939

 

 

 

                                                                       Luis Frayle con Gastón Baquero (Foto A.P. Alencart)


 

Verónica Amat

 

 

 

 

FESTÍN DE ALEJANDRO

 

 

Para desayunar,

Alejandro el Grande prefería

testículos de tigre

con salsa de caviar;

 

Para la merienda,

el omnipotente Alejandro exigía

frituras de unicornio

con néctar de mandarinas;

 

Para cenar,

el dueño del mundo, Alejandro,

se contentaba

con una corteza de manzana calentada

entre los senos de Astarté.

 

 

 

 

Verónica Amat, Josefina Verde, Baquero y Carmen Ruiz Barrionuevo

 


 

 

José Amador Martín

 

 

 

 

QUÉ PASA, QUÉ ESTÁ PASANDO…

 

 

a Fina García Marruz

 

Qué pasa, qué está pasando siempre debajo del jardín

que las rosas acuden sin descanso.

Qué está pasando siempre bajo ese oscuro espejo

donde nada se oculta ni disuelve.

Qué pasa, qué está pasando siempre debajo de la sombra

que las rosas perecen y renacen.

Que nunca se desmiente su figura,

que son eternas sombras, idénticos recuerdos

Qué está pasando siempre bajo la tierra oscura

donde la luz levanta rubias alas

y se despliega límpida y sonora.

Qué está pasando siempre bajo el cuerpo secreto de la rosa

que no puede negarse al cielo temporal de los jardines,

que no puede evitar el ser la rosa, precisa voluntad, sueño visible.

Qué pasa, qué está pasando siempre sobre mi corazón

que me siento doliéndole a la sombra,

estorbándole al aire su perfil y su espacio.

Y nunca accedo a destruir mi nombre,

y no aprendo a olvidarme, y a morir lentamente sin deseos,

como la rosa límpida y sonora que nace de lo oscuro.

Que se inclina hacia el seno impasible de la tierra

confiando en que la luz la está esperando, creándose la luz,

eternamente fija y libertada bajo el cuerpo secreto de la rosa.

 

 Alfredo Pérez Alencart

 

 

 

LA LUCIÉRNAGA

 

 

Para José Alfredo Pérez Alencar, hijo

 


Un haiku de Matsuo Bashó, el haiyin de los haiyines,

canta:

«Perseguida la luciérnaga / se esconde en la luna».

Cierto, le digo al poeta del laúd de nácar, desde niño

descubrí sujetando las alas de la esmeralda en vuelo,

lo que llamáis luciérnaga posada en la camelia, y nosotros

llamamos cocuyo engarzado a la ceiba, y también falena,

que existe un lazo de amor entre

la fosforecente luna y el refulgente cocuyo.

Conocí para no olvidarlo jamás ese lazo de amor

entre el astro y el insecto, porque

la luna me hablaba desde el cielo, y decía:

«deja en paz la luciérnaga: me hace falta

esta noche para alumbrar mi fiesta

de todos los otoños».

Obedecía el niño

como siempre a la luna. En la ventana principal

del cielo aparecía feliz la tímida luciérnaga.

Miraba sonriente al niño, y con suavidad

movía sus alas. Quería enviar desde

el reino esmeralda de sus ojos, un signo de

gratitud, un himno de esperanza.

 

 

 

Alencart, Baquero y Jacqueline Alencar (Salamanca, 1992)

 

Atardecer en Salamanca

Fotos: José Amador Martín


 

6 comentarios
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    José Rosales Mena
    abril 21, 2014

    Se aprecia en Salamanca una profunda y dilatada admiración por la poesía y la figura de Baquero. ¡Enhorabuena!

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    CHONI MADUEÑO
    abril 21, 2014

    Felicitación por este recuerdo a un poeta al que escuché en el Aula Magna de la Universidad Pontificia, durante el homenaje que coordinó el poeta Alencart, allá por 1993. Un lujo haber asistido para oír al cubano.

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    Humberto Avilés (Nicaragua)
    abril 22, 2014

    ¡Hermoso homenaje a un gran poeta, tan cercano cien años después de su nacimiento!

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    Sergio de Lis Gutiérrez
    abril 22, 2014

    Estupenda página sobre Gastón y la lectura de poemas tan diversos y, a la vez, tan sorprendentes. Especialmente, el dedicado a la ciudad, inagotable en su descripción de sus muros de luz, de sensaciones, de sueños que entremezcla con su condición perenne, tan humana como episódica fue en las letras. El disfrute es mayor en tanto el descubrimiento del escritor que fue, pero ahora es y será gracias a que se ponga el foco -es de justicia- sobre una obra que se irá descubriendo y que aportará más satisfacciones a nuevos lectores. ¡Gracias por ello!

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    leopol l. samprón
    abril 23, 2014

    ¡Me dejaís sola, grito la muerte! cuando llegó la eternidad!. Mi más grande y humilde admiración por la vida de estos poetas y por la personalidad excepcional de sus versos. ¡Bendita generación de olímpicas musas que dibujaís sobre el papel!

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    Loda Martínez
    abril 23, 2014

    Felicitaciones por este sentido homenaje. Gastón Baquero es un grande poeta de la nuestro idioma.

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