FRANCISCO CARO (ESPAÑA). XXIII ENCUENTRO DE POETAS IBEROAMERICANOS

 

 

El poeta Francisco Caro

 

 

Crear en Salamanca tiene la satisfacción de publicar unos textos de Francisco Caro  (Piedrabuena, 1947), manchego de origen y convicción. Desde la juventud ha dedicado su empeño laboral a la Enseñanza, en especial, de la Historia. Vive a tiempo repartido entre Madrid y su tierra natal. En el año 2006 apareció su primer libro, Salvo de ti, y desde entonces ha venido publicando poesía con cierta regularidad. Su obra ha sido señalada en ocasiones con algún reconocimiento, como los premios Juan Alcaide, Ciudad de Alcalá, José Hierro, Leonor, González de Lama y Jovellanos, entre otros. Libros editados: Salvo de ti (Ediciones Vitruvio. 2006). Premio de la Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha 2004. Mientras la luz (Ciudad Real. 2007) colección Ojo de Pez, Biblioteca de Autores Manchegos. Las sílabas de noche (Valdepeñas. 2008) Premio “Juan Alcaide” 2007. Lecciones de cosas (Zaragoza 2008) Premio Ciudad de Zaragoza 2008. Calygrafías (Gijón 2009) Premio Ateneo Jovellanos 2008. Desnudo de pronombre (Las Palmas 2009). Cuaderno de Boccaccio (Alcalá 2010) Premio Ciudad de Alcalá 2009. Paisaje (en tercera persona) (San Sebastián de los Reyes 2010) Premio José Hierro 2010. Cuerpo, casa partida (Soria 2014) Premio Leonor 2013. Plural de sed (Madrid 2015), Locus poetarum (Madrid 2017). El oficio del hombre que respira (León 2017) Premio González de Lama 2017. Este nueve de enero. Antología (Madrid, 2019).

 

Estos poemas serán leídos durante el XXIII Encuentro de Poetas Iberoamericanos, organizado por la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y que se celebrará en Salamanca del 14 al 20 de octubre de 2020, dedicado a José María Gabriel y Galán. Habrá actos presenciales y virtuales. La lectura del poeta manchego será en una sesión online y saldrán publicados en la segunda antología del encuentro, titulada “Mundo Aquí”, también coordinada por el poeta peruano-salmantino Alfredo Pérez Alencart, director de estos encuentros desde su primera edición.

 

 

 

 

(INFORME  5)

 

Justo al borde

monótono del mar

fingiera mayo apenas una lluvia,

una voz de tormenta descuidada.

 

No buscamos refugio. Las sílabas del aire

movían sobre el pecho los grises algodones

de su camisa blanda. Contra el mío

sostuve la espesura,

el calor de su cuerpo, de su abrazo

tras las primeras gotas.

 

Uno en otro después, junto a la orilla

seguimos caminando. Era el agua pequeña

la dulce plenitud, la certidumbre.

 

Y la playa tan sola

como intenso era el gozo del instante.

 

Recuerdo cuando dijo: fuera Dios

esta fugacidad de la belleza.

 

(De Mientras la luz)

 

 

 

 

LETRAS

 

Estos uncidos grafos
y rugosos
con aromas a tinta derrotada,
estos ralos
manuscritos azules, paralelos,
estas líneas curvadas,
este rictus de versos que me envías
al que llamas poema

 

(me preguntas qué sobra,
qué nos falta)

no lo es todavía, bien lo sabes,
necesita ser voz, íntimo roce,
necesita tu boca
agotada en mi pecho,

pronunciada.

(De Calygrafías)

 

 

 

 

EL VIAJE SIN EXCUSA

 

Porque vivir es esto,

un viaje sin excusa, un reto de distancias,

nunca quise

ser transeúnte roto en sus caminos.

 

Sabedor de sus túneles y alfombras,

de sus bifurcaciones,

de sus tretas gordianas,

de que nunca decreta

cárcel para los buitres ni da salvoconductos,

hice largo el trayecto,

pero rumor mis pasos.

 

De cada recorrido guardo

el polvo de la marcha,

el sol con que se guían los audaces

y la plata encendida de las cumbres,

no recelo

de veranos con nieve,

de crepúsculos pálidos,

de posadas con voces clandestinas,

sigo poniendo nombres al fracaso

de algún ayer intruso,

a las aves y encinas que me cruzan,

a los patios del sueño,

y escribo, si me deja, de sus provocaciones,

de sus enemistades,

del amor junto a los acantilados.

 

Aún espero a Borges

en las noches de tregua y estrelladas,

no pregunto a quien pasa,

no respondo.

 

(De El oficio del hombre que respira)

 

 

 

 

 VOLVEMOS DE MOGUER

 

Volvemos de Moguer,

volvemos de la Casa, un sol

ya no beligerante

con las arenas y el oeste se hunde

sólo para nosotros.

 

Paras el automóvil, quieres

fotografiar el horizonte ileso,

este mar entre pinos,

lo varado.

 

Es la vieja costumbre

de los atardeceres

que habita este recodo de El Rompido.

 

La luz habla a los ángeles

–me dices–, deambula

desde la voluntad a los delirios.

 

Miro paciente

tu esfuerzo por captar cuanto te inquieta.

 

No esperes que la imagen logre

recoger el momento –te señalo–,

su nuda plenitud

 

algo de esta verdad conoces,

tu mirada también

me advierte de lo escrito que ninguna

palabra se contiene

entera y pura en su grafía.

 

El sol sigue cayendo.

 

(Inédito)

 

 

Francisco Caro dedicando Locus poetarum

 

 

 

 

 

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