EN EL CENTRO DE TU NOMBRE’, DE JUAN ANTONIO MASSONE. COMENTARIO DE STEFANIA DI LEO.

 

 

1 El poeta chileno Juan Antonio Massone en la Plaza Mayor de Salamanca (Foto de jacqueline Alencar, 2008)

El poeta chileno Juan Antonio Massone en la Plaza Mayor de Salamanca (Foto de jacqueline Alencar, 2008)

 

 

 

Crear en Salamanca se complace en publicar el comentario escrito por Stefania de Leo, poeta, profesora y traductora italiana, en torno a un libro de Juan Antonio Massone (Santiago de Chile, 1950), poeta, ensayista y antólogo. Profesor de Castellano y magíster en Literatura por la Universidad Católica de Chile. Miembro de Número de la Academia Chilena de la Lengua desde 1992. Actualmente imparte docencia en las universidades Católica de Chile, Andrés Bello, Santo Tomás y Católica de Valparaíso. Entre sus libros de poesía están: Nos poblamos de muertos en el tiempo (1976), Alguien hablará por mi silencio (1978), Las horas en el tiempo (1979), En voz alta (1983), Las siete palabras (1987), Poemas del amor joven (1989), A raíz de estar despierto (1995), Pedazos enteros (2000), Le doy mi palabra (2003), En el centro de tu nombre (2004) y La pequeña eternidad (2004). Ha publicado ensayos (sobre Borges o Rosa Cruchaga) y preparado antologías de Fray Luis de León, Humberto Díaz Casanueva, Quevedo, César Vallejo o Gabriela Mistral, por citar algunos.

 

Massone estuvo invitado en el XII Encuentro de Poetas Iberoamericanos, celebrado en Salamanca en octubre de 2008.

 

 

 

 

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‘EN EL CENTRO DE TU NOMBRE’

 

Escribir poesía es como respirar. Ser poeta es un signo inextinguible de que existe un soplo incluso más ligero que la vida misma. Ser poeta es, definitivamente para algunos grandes hombres, el colmo del sentimiento, sin previo aviso, el infinito tembloroso que no desaparece incluso cuando incineran sus cuerpos.

 

Todo esto se siente cuando leemos a Juan Antonio Massone, percibimos una admirable poesía que sale y acompaña todas sus palabras, un clasicismo fuera de tiempo y de medida.

Hablando de Chile podríamos hablar de la economía, de las creencias, pero la poesía de este país es algo sublime así como demostró el gran Pablo Neruda. 

Ser poeta en Chile es sinónimo de sentir más dolor y más apego a la tierra. Y así, en la hermosa Santiago de mis sueños encontramos a Juan Antonio Massone Poeta-Profeta, susurrando algunos versos que quedan impresionados en la mente y el alma: << Después de todo, no es difícil /dejar intocada otra alma/de alguna felicidad.>>

 

En el centro de tu nombre, libro bilingüe español italiano es el libro de la búsqueda de orígenes, es una síntesis del Amor en plenitud, desde la felicidad y la ternura, hasta la soledad y el abandono sin congoja alguna; son versos de honda madurez, pureza y equilibrio: <<Un niño correrá entre la gente:/ no llevará tus ojos ni los míos/ su inocencia por el mundo.>>.

 

La poesía de Juan Antonio Massone es atemporal, a menudo recuerda sus orígenes, y es evidente en los versos la unión con la naturaleza: me atrevo a decir que su poesía representa una síntesis con el lenguaje de las flores << No era cosa de hablar a nadie si brotaba/ la solitaria flor del jaracandá desnudo. Ahora ya no hay prisa. Lo mismo da/ que tú me escuches o brinde el roquedal/ con una acacia/>>.

 

 

 

3 Foto de José Amador Martín

Foto de José Amador Martín

 

 

 

 

Juan Antonio Massone es también el poeta de la memoria, su palabra se pronuncia cuando las luces comienzan a fluir de las sombras, cuando toda la presencia aparece en los momentos de encuentro, y las cosas se pierden y se convierten en fantasmas, a pesar de las huellas de tránsito y la densa emoción de la memoria. Los versos de Massone reflejan la claridad de la mañana, la limpieza de la oscuridad, beben en el lago de la aventura. Su escritura es salvación,  música antigua del espíritu humano que intenta cantar las purezas perdidas del amor. <<Si alguien estuviera conmigo, la palabra/ podría ceñir de la cintura a un ángel en momentos aliviados por el amor./>> Para el poeta el amor es el alivio, una caricia vital, y una fuente de energía, su sentimiento está extremadamente vinculado al inmensurable árbol de la existencia.

 

El poeta chileno nos ofrece un enfoque secular de la espiritualidad, que no surge de una manera didáctica o imperativa, no tiene como objetivo enseñarle nada al lector: simplemente ofrece un testimonio, diciendo un camino en la oscuridad del sufrimiento, y a la luz de la esperanza, el consuelo, el despertar. A menudo se piensa que la solución al dolor esté en otra parte, sin embrago el dolor es su misma solución, sentirlo, habitarlo, saborearlo, poco a poco se convierte en parte de nosotros. Eso y mucho más expresan los versos de Juan Antonio Massone que celebran el amor por encima de todo. La verdad no se vuelve excepcional, ejemplar, heroica, sino permite que las cosas sean como son, permanecen en una actitud de expectativa confiada y silenciosa sobre lo que sucede en nosotros y alrededor de nosotros, sin interferir, sin fingir, sin cambiar. << Nunca será lo mismo/ decir abrazo/ que invocar a quien supo negarnos/ los ojos del pudo ser y su milagro./Esta palabra es tan tuya/ que se sirve de mis labios/ cuando quiere besarte.>>

 

El encanto y la soledad son los estados en los que vive su poesía. Y las coordenadas que sus referencias, tanto literarias como no, pueden dar, así como la “división en el cielo y en la tierra”. Ahí está el fuego de los rusos: Pasternak y, sobre todo, Cvetaeva, está el aire, la ligereza, el aliento que recuerda la meditación, aunque la cristiana religiosidad de Juan Antonio Massone esté expresada en plenitud en otros libros especialmente en Tiempo de vivir  (Ediciones agustinianas 2010).

 

 

 

 

4 Albano Martins, Edda Armas y Juan Antonio Massone (foto de Jacqueline Alencar)

Albano Martins, Edda Armas y Juan Antonio Massone (foto de Jacqueline Alencar)

 

 

 

Entre los versos de En el centro de tu nombre aletea la ligereza que también se encuentra en el trabajo de Wisława Szymborska: por la claridad de la mirada, es decir, la ironía y el “iluminismo lúdico” , que convierte la voz de Juan Antonio Massone, en una voz singular, fuera de cada marco o moda contemporánea. Porque desde otro punto de vista la poesía de Massone está hecha de tierra, de cuerpo, de vida: la vida y el trabajo son inseparables en él, el uno informa, traduce o aclara el otro, y viceversa. Finalmente digo la ausencia: y me refiero a la fuerza interlocutoria y fabulosa de los versos que surgen de un gran talento visionario: << A menos que me impongas/ tu ausencia y olvides/ la hora enardecida, nunca me iré de ti.>>. Una fuerza a menudo también terrible, en el sentido del dolor que fluye, y es el dolor que la vida arroja a la experiencia. << Fracasé. Lo hice yo mismo./En primera persona.>>

 

La experiencia que está en el centro de este libro, en cada uno de sus poemas, es la experiencia del abandono amoroso y de la separación aunque sobre todo física; sin embargo, el poeta siempre habla de otra cosa, de esa totalidad más allá de la división entre cuerpo y cuerpo. Este libro habla del desamor no para llorar al amor, sino para decir que el amor permanece y queda, con muchísima gracia,<< porqué no/te pierdas en sus letras/ni en los cambios que en ti/jamás sabrán negar que soy yo>> , versos que nos remiten a Gustavo Adolfo Bécquer.

 

El amor sobre y por encima de todo, en el sentido cristiano, casi recordando a Dante Aligheri, es el sentimiento que mueve el libro: el título lo declara. A través de estos versos, llegamos a la conciencia de lo que uno es en el cuerpo y en los procesos mentales, recuperándonos del sopor de un pensamiento adulterado y dormido, impuesto desde el exterior. Alejándonos de los lugares riesgosos y poco confiables que habitamos, de las convenciones y los hábitos de cansancio, borrando en nosotros los deseos y los apegos excesivos, podemos encontrar un refugio, un asilo protegido, << La eternidad anima al tiempo/si existe un nombre/y las manos juntas son orillas en donde lo indecible/ convierte guijarros apenados/ en luminarias que ríen.>> Para realizarlo utilizando algunas modalidades de comportamiento físico (como la reverencia al suelo, la unión de las manos,) nos impulsan a la humildad, a superar todo dualismo, a controlar las emociones engañosas.  En los versos del poeta chileno, el lenguaje engañosamente simple, y las metáforas evocadoras, la confianza, la sacralidad, la esperanza se miden con la necesidad de la poesía buscada a través de muchos caminos interiores y perceptibles en el silencio y en la paz.

 

 

5 Foto de José Amador Martí

Foto de José Amador Martín

6 Pilar Fernández Labrador, Stefania Di Leo y Carmen Palomo (foto de Jacqueline Alencar)

Pilar Fernández Labrador, Stefania Di Leo y Carmen Palomo (foto de Jacqueline Alencar)

 

 

 

 

 

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