CONTEMPLACIÓN OCULTA. SOBRE ‘LA ESPINA EN LA NIEVE’, DE MUÑOZ QUIRÓS. RESEÑA DEL BOLIVIANO GARY DAHER

 

1 José María Muñoz Quiros en el Teatro Liceo de Salamanca (foto de José Amador Martín)

José María Muñoz Quiros en el Teatro Liceo de Salamanca (foto de José Amador Martín)

 

Crear en Salamanca tiene a bien publicar la reseña que, sobre la antología ‘La espina en la nieve’, del poeta abulense José María Muñoz Quirós y aparecida recientemente en Bolivia, ha escrito Gary Daher (Bolivia, 1956). Poeta, narrador y ensayista. En poesía ha publicado Poemas y Silencios (1992), Los Templos (1993), Tamil (1994), Desde el otro lado del oscuro espejo (1995), Cantos desde un campo de mieses (2001, 2006), Oruga Interior (2006), Territorios de Guerra (2007), Viaje de Narciso (2009) y La Senda de Samai (2013), entre otros, además del libro Errores compartidos (1995), en co-autoría con Ariel Pérez y Juan Carlos Quiroga. En novela, ha publicado El olor de las llaves (1999), El huésped (2004) y El lugar imperfecto (2005). En ensayo, ha publicado En busca de la piedra y el agua (2005).Trabajos suyos se han reproducido en diversas antologías, diarios y revistas bolivianas y extranjeras. En 1976 recibió el Primer Premio Jóvenes Escritores; en 1994 el Primer Premio Nacional de Crítica Literaria “Walter Montenegro”; y en 2004 fue nominado Premio Nacional de Poesía “Yolanda Bedregal”.

 

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Hay algo de impudicia al hojear una antología hecha por el mismo autor, algo que nos traslada a lo más íntimo, que nos revela espacios que no se han dicho en los libros previamente publicados; porque un autor no solamente se revela a sí mismo al elegir los textos que exhibirá, o que desechará, ocultará de la mirada evidente, sino al mostrarnos que ha releído su obra y esta resulta en un espejo extraño que no lo representa totalmente, y hay, probablemente, una especie de rubor, pero también, esa especie de desazón de lo que quise decir y no dije, o no pude decirlo. Hablo, naturalmente desde mi mirada de autor, y sobre mi propia obra. Única herramienta que tengo para penetrar en este proceso tan íntimo, sin recurrir al antiguo recurso de la entrevista que incorpora la voz del autor no desde su perspectiva de creador de poesía, sino desde un sesgo producido por el encuentro con el entrevistador, y sin duda post mortem sobre la antología ya publicada.

 

Estas reflexiones me parecen al menos interesantes sobre un tema poco tocado, cual es el asunto de las antologías personales. Podríamos afirmar, finalmente, que una antología personal es otra obra creativa, ya que incorpora la selección desde el punto de vista del autor, acentuando y señalando parte de lo que dijo como si se tratara de otra línea melódica, tendiente a la armonía en la obra del autor. En este caso, hablaré del poeta José María Muñoz Quirós, quien en el 2012 me entregó su antología personal con el bellísimo título de “La Única Semilla”, título extraído de un poema del poeta chileno Gonzalo Rojas cuando nos dice: Yo soy la realidad. / Tú eres la realidad. / Pero el sol / Es la única semilla.

 

¿Qué nos quiere decir José María Muñoz Quirós al leer a Gonzalo Rojas?, he aquí que incorpora en su trabajo la historia de una lectura, nada trivial, sin duda, con relación a su propia obra. Pero, cinco años después, de visita en mi país, en Bolivia, José María Muñoz Quirós presenta, gracias a una editorial boliviana, una nueva antología que titula “La Espina en la Nieve”, que hace a una lectura de un verso del poeta luso Eugenio de Andrade cuando nos dice: La espina / indolora de la nieve…

 

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Vamos entonces de una a otra lectura, también de la propia obra, que el poeta canta a viva voz. Muchas son las aristas que podríamos analizar y que se han dado entre las dos antologías, pero nos detendremos en uno de los objetos que hacen a este traslado, y es el caso de los poemas de la antología de 2012 que José María Muñoz Quirós ha decido mantener en la antología de este 2017, y que no cabe duda señalan o trazan el proceso poético que está siguiendo o prefigurando.

 

Se trata de los poemas: Sarmiento, Meditación en Castilla, Carta, La Claridad, Contemplación oculta y La casa de la abuela. Desgranémoslos uno por uno:

 

Sarmiento (El sueño del guerrero, 1995). El poeta nos introduce a la vitalidad del nacer, ese espacio donde todo está por hacerse, en potencia, y en soledad. Las imágenes son magníficas, y cumplen con lo que Jesús Collado dice, “La poesía de Muñoz Quirós es la respuesta a una pregunta muy cercana a la mística”. Las imágenes del poema luchan con un espacio tiempo que no se devela, y la trascendencia de ese viaje hace el leit motiv del poema.

 

Meditación en Castilla (Memorial, 1995). Un poema donde se nombra sin nombrar a lo divino, que trae “una palabra suya y tan pequeña / que no tuviese nombre, me fue dada la paz”, y el tema del nacer, del renacer, de la resurrección, “qué simiente de luz me fue brotando”, “que me lleva a otra altura, que se derrama todo / en un jardín herido por la estrella, he mirado”.

 

El poema se desborda en plenitud: “y de chorros tan claros que no queda / nada que derramar sobre el alma”, porque al decir de Collado “Toda la poesía de José María Muñoz Quirós me parece impregnada de misterio, instalada en la frontera del ser y acuciada incesantemente por una fuerza interna que busca la unidad.”

 

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He aquí al poeta mostrando lo que acaso él considera su espacio de búsqueda por antonomasia.

 

Carta (Quince años no es nada, 1997). Esta es una declaración del poeta que se acusa de exceso en el discurso, para acaso poder decir como aquel difunto egipcio que en la sala de Maat declara, en el Papiro Nebseni del Libro de los Muertos, “¡Oh tú, Espíritu Aati que apareces en Heliópolis! Yo no he pecado jamás por exceso de palabra.”

 

Hay en este poema, o Carta al Padre, una necesidad de eliminar, acaso motivo de las nuevas antologías, ciertos poemas donde “Los versos solo pueblan / escaparates de nostalgia, luz oscura / y veneno tan agrio como un beso”. Sentimos que el autor edita al seleccionar, pero a la vez hace un trabajo interno, uno que lo lleva a cuestionarse sobre su quehacer poético. Escarmena el poeta para buscarse a sí mismo.

 

La claridad (Dibujo de la luz, 1998). La claridad es, sin lugar a dudas, un poema a la luz. ¿Pero de qué luz nos habla? Podríamos inicialmente aventurar que se trata de un Ars Poética, un poema a la poesía considerada como una luz, pero penetrando en él vemos que nos habla de una epifanía, que sucede al atardecer, y es ese deslumbramiento interior el que baña “No es posible otra luz, no hay más silencio / creador y furtivo que nos bañe / en claridad mayor en más belleza, / en más ebria razón para unos ojos / plenos de ese vivir.”

 

Nos quiere decir que hay una claridad mayor, una tal, de “Demasiada belleza, demasiada / para que en el dolor de estar ausente / la claridad no cese”, y se pregunta “¿Es esta claridad siempre la misma / cuando nos llena el alma hasta colmarla / de una plena pasión de luz sin forma?” Y esa claridad superlativa ha sido producto de un instante. Entonces podemos vislumbrar esa luz, extraño logro, a través del poema. Descubrimos entonces que Muñoz Quirós es un poeta de lo colmado, de las manifestaciones divinas de la belleza, de los éxtasis que nos trae el contemplar.

 

5 Otra imagen de Muñoz Quirós (foto de Jacqueline Alencar)

Otra imagen de Muñoz Quirós (foto de Jacqueline Alencar)

 

Contemplación oculta (Dibujo de la luz, 1998). Este poema de quien contempla a su amada en su quehacer de colgar la ropa, su ropa, recién lavada, es un poema de un erotismo sutil y delicado que transita por las telas, por las ropas, las que se cuelgan y adivinan un ocupante, y las que se tienden en la cama, donde “Otea el sol las ropas de tu cama, las va llenando de caricias nuevas / para que tú las cojas, para luego / cuando sueñe que estás en las riberas / adormecida por su dulce abrazo.”

 

He aquí un ejemplo de contemplación entre mística y erótica del cuerpo que está y del que no está como en un sueño.

 

La casa de la abuela (Dibujo de la luz, 1998). Este es el último poema de los seis que quedaron de la antología de 2012. Y se nos muestra como esa “Única semilla”, el sol, la luz que reside en la simiente de la abuela, de quien se viene. Este entrañable poema nos regresa a la infancia, donde “La abuela hila / despacio y van cayendo lentamente / los minutos al fondo de la tarde”. Y es la poesía, el espacio que nos brinda el poema, la que finalmente se tejía en las manos de la abuela, en las manos de quienes provenimos, los que nos brindaron la Única Semilla. “Nunca supe / cómo la infancia sucumbió en los hilos / que la abuela tejió junto a mis sueños.”

 

La antología de 2017 parte de estos seis poemas; pero ahora aparentemente con el principal motivo de mostrar lo que se está produciendo, y que el autor nos quiere decir viene de la mano del título “La Espina de la Nieve”.

 

 

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Podemos entonces observar un tránsito de la semilla que fructifica en lecciones de literatura mística, como afirma Minerva Margarita Villarreal en el prólogo de la misma:

 

“Estamos ante una obra que recoge una de las lecciones más preciadas de la literatura mística española del siglo XVI: presentar la acción divina a través de la acogida de la naturaleza en símiles y analogías que cifrarán en aquel tiempo la perfecta lira de Juan de Yepes en el Cántico Espiritual y la vasta empresa narrativa plenamente poética de Teresa de Jesús.”

 

Ahora / que nazco una vez más / en los ojos del agua

 

Pero aquí se trata del agua, y otra vez Villarreal, “Ámbitos diversos y constantes en un mismo fluir: mar, río, lago, nube, niebla, lluvia, nieve son una y varias formas de presencia del agua y en esta variedad se sumerge el yo lírico.”, y agua que el poeta quiere resaltar en el estado de la nieve.

 

La nieve, que sin duda son los pequeñísimos cristales en los que se ha trasmutado el agua que desciende del cielo en copos blancos, pero también la “suma blancura de cualquier cosa”, como reza el diccionario. Estamos entonces ante el hecho místico del desafío de lo impoluto, de lo que no tiene mancha, como resultado del deslumbramiento de la naturaleza, y que es algo que penetra el alma/cuerpo con su impoluta textura (¿Cómo evitar, aunque indolora, sentir una espina que penetra?).

 

7 Muñoz Quirós, Tundidor y Alencart, en Salamanca (foto de jacqueline Alencar)

Muñoz Quirós, Tundidor y Alencart, en Salamanca (foto de jacqueline Alencar)

Aunque el hombre está retenido en sus circunstancias, tan orteguianas, “desolación y prisión”, tiene la puerta del instante como eternidad recuperada, la revelación del resplandor que inunda todas las cosas en un aquí y un ahora que intentan aferrarse en el poema, no libre del amor, ni de la muerte, ni de las palabras, pues “vivo preso / en las sílabas dulces de la nieve.”, acaso porque “La hambruna es la desdicha / que en el final nos dictan los olvidos / de un tiempo en plenitud en tu despensa.”

 

Es decir, la luz que se vislumbra ocurre desde un mundo precario donde “El poeta es esclavo de sus versos escritos, / de sus palabras mudas, de sus silencios / obsesivos, de sus grandes errores.” El mundo del poeta es el espacio de cualquier ser humano, y desde allí nos habla, en el caso de José María Muñoz Quirós, hasta que el deslumbramiento emerge de súbito, (Quiero pensar como aquellos versos del canto CVII de Catulo que traduje como “has vuelto a mí, esperada inesperada, /¡oh día de la nota más blanca!”)

 

Y esa luz es todo cuando sobreviene, que en el poema transcurre como un viento interior que ya no cesa.

 

No estamos hablando en este caso de aquella obsesión por la belleza que llevaba a los modernistas a escapar circunstancialmente de lo material con el objetivo de enriquecer la vida, en una oposición bélica con el materialismo, o sea, un imaginativo ascenso místico hacia la belleza. Aquí lo trascendente ocurre por la irrupción de la belleza que no es producto de la imaginación, sino del éxtasis. Un arrobamiento que trae consigo la belleza, que irrumpeante el poeta, contemplador oculto, como una promesa dicha, y que agradece a la forma de mirar el mundo en el que el paisaje, la gente, los objetos, la memoria, se transmutan en un momento de luz interminable, para deleite iluminado de nosotros, los lectores.

 

Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

9 de julio de 2017

 

8 Gary Daher por Miguel Elías

Gary Daher por Miguel Elías

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