ALFREDO PÉREZ ALENCART O LA POESIA DEL EXILIO. COMENTARIO DEL BRASILEÑO CARLOS NEJAR

 

 

 

1 Alencart y su libro (composición del periódico El Comercio, de Lima)

Alencart y su libro (composición del periódico El Comercio, de Lima)

 

Crear en Salamanca tiene el privilegio de publicar este comentario escrito por el reconocido poeta brasileño Carlos Nejar (Porto Alegre, 1939), miembro de Número de la Academia Brasileña de Letras y de la Academia Brasileña de Filosofía, además de prestigioso jurista. Tiene publicados más de cuarenta libros de poesía, muchos de ellos editados en dos volúmenes: Poesia reunida I (Amizade do mundo) y Poesia reunida II (Jovem eternidade). Es Premio Nacional de Poesía Jorge de Lima (1971); Premio Fernando Chinaglia, de la Unión Brasileña de Escritores (1974); Premio Luísa Cláudio de Souza, del PEN Club de Brasil (1977); Premio Érico Veríssimo (1981); Premio de Poesía de la Asociación Paulista de Críticos de Arte (1999) y Premio Machado de Assis, de la Biblioteca Nacional de Brasil (2000), entre otros. En octubre de 2015 la Residencia de Estudiantes de Madrid, la Embajada de Brasil y la Fundación Hispano Brasileña organizaron unas jornadas en torno a la obra poética de Nejar.

 

Este comentario apareció publicado recientemente en el periódico “A Tribuna”, de
Vitória, capital del estado brasileño de Espírito Santo.

 

 

 

2 Portada de Los éxodos, los exilios, con pintra de Miguel Elías

Portada de Los éxodos, los exilios, con pintra de Miguel Elías

 

 

ALFREDO PÉREZ ALENCART O LA POESIA DEL EXILIO

 

Muchos fueron los poetas españoles en el exilio: Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Cernuda, Miguel de Unamuno. Cernuda llegó a decir: “Ningún país soporta a sus poetas vivos”. Y eso para no decir que sólo los soporta con estatuas y calles después de muertos e inofensivos.

 

Pero este libro del poeta, ensayista, traductor, importante activista cultural, Alfredo Pérez Alencart, “Los éxodos, los exilios (1994-2014)”, con veinte años de creación, es un hito en la proeza de narrar en versos, en línea, largos, marítimos, semejantes al palpitar del océano que ha surcado, tantos pueblos (el primer título, recordando al pueblo hebreo) en el camino de la emigración, hacia el destierro, donde no se conoce el lugar más penoso, si el camino, si la llegada.

 

Siendo exilio, de hecho, la propia poesía en sí misma y en el mundo contemporáneo. Como la belleza sigue siendo. Alencart, nieto de emigrantes españoles y brasileños en la Amazonía peruana, engendra un texto bello y punzante que, en el decir de Huidobro, “contempla desde lo alto que se hace aire”. Por vincular en lo humano el universo, y en lo épico el relato de la aventura del lenguaje.

 

 

 

 

3 Dibujo de Miguel Elías

 

Dibujo de Miguel Elías

 

Pues este Aedo es testigo de la penuria y del límite de un tiempo en que poblaciones huídas de las guerra o del hambre, quieren refugio en territorios europeos, muchos muriendo en la travesía. O la travesía muriendo en ellos. Pero lo valioso para el lector es que dichos poemas habitan esa alma general donde las palabras gustan de su ciudadanía de silencio y ésta de la sombra de las palabras. Centelleando entre tensión y separación, entre lo mágico y el “relámpago infinito”. Con acento autobiográfico, dice el poeta que su infancia y madurez “crecieron bajo dos idiomas: el español y el portugués”. Octavio Paz asevera, con razón, que “una obra es siempre inacabada, siempre dispuesta a ser vivida por un nuevo lector”.

 

Tal es la permanencia de esta Odisea de almas. Y en ese drama, observa que “nuestra voces ya no son suficientes”. Porque “muchos se fueron así/ obligados a creer en el milagro”. Y también añade: “Saber, saber del que llora atrás / del último mástil, solo con su vida entre los dientes,/ sólo con el viento triste, / sin confundir el hambre con el otro morir… diciendo si volvería a repetir tal locura”.

 

 

4 Noticia de prensa sobre Los éxodos, los exilios, de Alencart

Noticia de prensa sobre Los éxodos, los exilios, de Alencart

 

 

 

Con el ánimo secreto de “en mi escondite/ vendaré tus heridas/ hasta delvolverte algo de alegría”. Con la conmovedora confesión: “Eres pájaro de exilio/ pues la patria todavía arde en tu pecho. // Más, por ahora, el instante del retorno/ apenas existe en la memoria/ de tu corazón”. Kierkegaard afirma que el poeta se confunde con el héroe en lo alto de su canto, volviéndose, sí, esta memoria del corazón.

 

Algunos títulos de este libro encierran su “sufrimiento organizado”, usando la expresión de Vallejo: Extranjero en todas partes; Brújulas para otra tierra; Pasajero de Indias; Túneles del principio; Cánticos de la frontera… Y este antológico ‘Hijos de Adán’: “… Ellos arrancaron/ sus raíces, allá lejos/ (No tenían manzanas/ que comer) / Pero  de nuevo son/ expulsados/ (esta vez sin culpas).”

 

El dolor de transitar por las fronteras es parecido a la de ser expulsado. Porque a veces la humanidad no se reconoce en el mismo rostro. O solamente crea fronteras en el corazón de la especie. Y esas son terribles. Porque “duro es buscarse la vida en otra/ parte y duro es ser transeúnte/ por tierras ajenas”.

 

Alencart, en versos, escribe la historia que designa este siglo nuestro, utilizando más que una “máquina de símbolos”, en una forma no lineal, una máquina de institnto fraterno, solidario, con la artesanía que otorga altura a su cántico, sabiendo que el único tiempo permanente de un poema es su sollozante tiempo humano, señal de su duración. El tema es también el de sus ancestros que pasaron la frontera de países, que en la generosidad encontraron, aquí, voz, lágrima y rostro. Ya que “Tener una casa no significa tener una patria”.

 

 

 

 

5 Alfredo Pérez Alencart con Los éxodos, los exilios (foto de J. A.)

Alfredo Pérez Alencart con Los éxodos, los exilios (foto de J. A.)

 

 

 

ALFREDO PÉREZ ALENCART OU A POESIA DO EXÍLIO

 

 

Muitos foram os poetas espanhóis no exílio: Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Cernuda, Miguel de Unamuno. Cernuda chegou a atestar que “nenhum país suporta os seus poetas vivos”. Para não dizer, só  suporta e tolera com estátuas e ruas depois de morto e inofensivo.

 

Mas este livro de livros do poeta, ensaísta, tradutor, importante ativista cultural, Alfredo  Pérez Alencart, ”Os êxodos, os exílios” (1994-2014), com 20 anos de criação, é um marco pela façanha de narrar em versos, em regra, longos, marítimos, semelhantes ao palpitar do oceano que têm singrado, tantos povos(o primeiro  título, lembrando o povo hebreu) no caminho da migração para o desterro, onde não se sabe o condado mais penoso, se o caminho, se a chegada.

 

Sendo, aliás, a própria poesia, em si, no mundo contemporâneo, exílio. Como a beleza continua sendo. Mas Alencart, neto de imigrantes espanhóis e brasileiros na Amazônia peruana, engendra um texto belo e pungente que, no dizer de Huidobro, “contempla do alto que se faz ar”. Por relacionar no humano, o universo e no épico, o relato da aventura da linguagem.

 

 

 

6 Carné de extranjería peruano del abuelo español de Alencart

Carné de extranjería peruano del abuelo español de Alencart

 

 

Pois este Aedo é testemunha da penúria e do limite de um tempo, em que populações fugidas da guerra ou da fome, querem guarida em territórios europeus, muitos morrendo na travessia. Ou a travessia morrendo neles. Mas o precioso para o leitor, é que tais poemas habitam essa alma geral, onde palavras gostam de sua cidadania de silêncio e essa, da sombra das palavras. Cintilando entre tensão e separação, entre o mágico e o “relâmpago infinito”. Com acento autobiográfico, diz o poeta que sua infância e maturidade “cresceram sobre dois idiomas: o espanhol e o português”. Octavio Paz assevera, com razão, que “uma obra é sempre inacabada, sempre disposta a ser vivida por um leitor novo”.

 

Tal é a permanência desta Odisseia de almas. E nesse drama, observa que “nossas vozes já não são suficientes”. Porque “muitos se foram assim,/ obrigados a crer no milagre”.E ainda  acrescenta: “Saber, saber do que chora por trás/ da última verga, só com sua vida entre os dentes, / só com o vento triste./sem confundir a fome com o outro morrer… dizendo se voltaria a repetir tal loucura”.

 

Com o secreto ânimo de “em meu esconderijo/ vendarei tuas feridas/ até devolver-te/ algo de alegria”. Com a confissão comovida: “És pássaro de  exílio,/ pois a pátria ainda arde em teu peito.// Mas, por ora, o instante de retorno/ apenas existe na memória/ do teu coração”.  Mas Kierkegaard afirma que o poeta se confunde com o herói na alto de seu canto, tornando-se, sim, esta memória do coração.

 

 

7 A. P. Alencart saludado por asistentes a la presentación de su libro en Lima (2017)

A. P. Alencart saludado por asistentes a la presentación de su libro en Lima (2017)

 

 

Alguns títulos dos livros deste livro, encerram seu “sofrimento organizado” (usando a expressão de Vallejo): estrangeiro em todas as partes, bússola, passageiro das Índias, túneis do princípio, cânticos da fronteira E este antológico  Filhos de Adão :”Eles arrancaram / suas raízes, além longe/ ( não tinham maçãs/ que comer)/ mas de novo são expulsos/ ( esta vez sem culpa//.”

 

A dor de transitar nas fronteiras, assemelha-se à de ser expulso. Porque às vezes a   humanidade não se reconhece na mesma face. Ou somente cria fronteiras no coração da espécie. E essas são terríveis. Porque “duro é buscar-se a vida em outra/ parte e duro estar transeunte/por terras que resultam alheias”.

 

Alencart, em versos, escreve a história que designa este nosso século, utilizando mais do que uma “máquina de símbolos”, numa forma não linear, uma máquina de instinto fraterno, solidário, com a artesania que dá altura ao seu cântico, sabendo que o único tempo permanente de um poema, é seu soluçante tempo humano, sinal de sua duração. O tema é também o de seus ancestrais que passaram a fronteira de países, que na generosidade, encontraram, aqui, voz, lágrima e rosto. Já que “ter casa não significa ter pátria”.

 

8 Alfredo Pérez Alencart y Carlos Nejar, en los jardines de la Residencia de Estudiantes (foto de J. Alencar)

Alfredo Pérez Alencart y Carlos Nejar, en los jardines de la Residencia de Estudiantes (foto de J. Alencar)

 

 

 

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