A PROPÓSITO DE ‘BUCEAR EN SU ALMA’, DE JUAN MIHOVILOVICH. COMENTARIO DE VÍCTOR ILICH

 

 

 

 

1 El escritor chileno Juan Mihovilovich

El escritor chileno Juan Mihovilovich

 

 

 

Crear en Salamanca tiene la satisfacción de publicar este comentarioque, sobre un libro de cuentos del narrador chileno Juan Mihovilovich, ha escrito  el poeta y juez Víctor Ilich (Santiago de Chile, 1978). Egresado del Instituto Nacional y de la Escuela de Derecho de la Universidad Finis Terrae, en la cual estudió becado. Abogado y Juez Titular del Juzgado de Garantía de San Vicente de Tagua Tagua. Autor de más de una decena de obras literarias, tanto reflexivas como poéticas. Algunas de ellas han sido prologadas y comentadas por destacados académicos como Hugo Zepeda Coll, Thomas Harris y Andrés Morales. Entre sus obras se puede citar Infrarrojo (poemario presentado por el académico, escritor, poeta y miembro de la Academia Chilena de la Lengua, Juan Antonio Massone del Campo, quien le incluyó en una antología de poesía); además, es autor de Réquiem para un hombre vivo, poemario dedicado al poeta Juan Guzmán Cruchaga. También es autor de La insurrección de la palabra, Arte de un ocaso vital, Baladas de un ruiseñor (poemario erótico romántico). Dragón, escorpiones y palomas, Hojas de Té, La letra mata (un texto que resucita la palabra), entre otros, y El Silencio de los Jueces, un texto para sazonar el corazón, entre otros.

 

 

 

 

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DERECHO A JUZGARSE UNO MISMO

 

Crecí escuchando que no debíamos juzgar a otros para no ser juzgados. Crecí también escuchando que con la vara que midiera a otro, sería yo medido. Ambas aseveraciones parecen aparentemente contradictorias, ya que medir en este contexto es evaluar, ponderar y, en última instancia, aprobar o desaprobar tal o cual cosa, en definitiva: juzgar. Y en medio de estas dos aseveraciones puede habitar la hipocresía, ese arte de aparentar y ocultar, de juzgar sin juzgarse. De mirar la paja del ojo ajeno, sin reconocer la viga en el propio. De escandalizarse con el robo, pero disfrutando el fruto de la receptación.

 

Reconozcamos que al no juzgar a otros generamos una esfera o atmósfera de indefinición o ambigüedad que nos podría proteger o amparar de la crítica, de la exposición y de nosotros mismos ser juzgados por otros por idénticas conductas o actitudes. Pero también reconozcamos que el llamado a no juzgar a otros para no ser juzgados no impide ni excluye la posibilidad de que podamos juzgarnos a nosotros mismos. Es más, al parecer la conciliación de ambos prismas es un llamado a juzgarnos primero para no ser juzgados por otros después. En otras palabras, al evaluarnos constantemente, medirnos y autoexaminarnos primero, podemos evitar la hipocresía o eludir ser avergonzados al ser descubiertos: el adversario u ofendido gana algo de justicia, al reconocer nuestra culpa.

 

 

 

3 Juan Mihovilovich y el poeta Juan Antonio Massone, muy apreciado en Salamanca

Juan Mihovilovich y el poeta Juan Antonio Massone, muy apreciado en Salamanca

 

 

Luego de leer Bucear en el alma, de Juan Mihovilovich, se advierte que bucear en nuestra alma es un ejercicio liberador, es identificar, discernir y distinguir aquello que atesoramos en el fondo de nuestro mar interior, y no todo lo que atesoramos nos enriquece. Escudriñarnos incluso puede ser doloroso, no es fácil reconocer lo que nos ata, ni lo que nos hiere o quién nos ata y quién nos hiere. Madurar no es ser invulnerables, dicen que es todo lo contrario: reconocer cuán vulnerables somos para fortalecernos en la debilidad o reconocer la necesidad de usar armadura: un yelmo de esperanza, la coraza de la ley y una espada de palabras afiladas.

 

Y si los jueces son llamados a conocer, juzgar y hacer ejecutar lo juzgado, al parecer, no tienen excusa alguna para no juzgarse. Que fallen todo lo que quieran, pero que fallen sabiendo que pueden fallar. Mihovilovich lo sabe, es juez.

 

Pareciera también que el límite al juzgarnos es no hacer ejecutar lo juzgado en nosotros mismos, en un rasgo extremo es no seguir torturándonos. ¿Cuantos años puede durar nuestra pena? La idea es bucear, pero sin ahogarnos.

 

 

 

 

4 Mihovilovich con su libro

Mihovilovich con su libro

 

 

Dicen que el remordimiento dista mucho del arrepentimiento. Uno lleva a la muerte, el otro, a la restauración. Un abogado defensor podría decir que reparar con celo el mal causado es una buena señal de que el imputado está arrepentido. Y si bien la tristeza es el común denominador de esas dos realidades, saber canalizarla hace un mundo de diferencias.

 

Todo juzgador imparcial sabe, además, que no se puede ser juez y parte en su propia causa, por ende, el derecho a juzgarnos a nosotros mismos es una situación excepcional y como tal se debe evitar caer en la autocomplacencia: no soy el único ni tampoco seré el último en hacerlo o en tropezar con la autoconmiseración: pobrecito de mí; como también esquivar sucumbir a la autoflagelación, ya que pretender determinar nosotros mismos el castigo que merecemos sería arbitrario, ya sea por que se nos podría pasar la mano suicidándonos o por el defecto de ser demasiado permisivos y laxos al imponer la sanción.

En definitiva, el libro de Juan Mihovilovich es una excusa para bucear en su alma y en la nuestra y si la curiosidad es exigente, como diría Juan, lo es solo para los inconformistas. Yo, al menos, no me conformo con ser esclavo ni siquiera de mí mismo. Y si lo soy, que sea solo por amor. No sé usted. 

 

Y si por esto alguien dijo que la misericordia triunfa sobre el juicio, suena coherente, entonces, cuando pido perdón.

 

Juan lo sabe, yo también. Solo somos peregrinos.

 

 

 

5 Los poetas Juan Cameron (vinculado con Salamanca), Víctor Ilich y Roberto Contreras

Los poetas Juan Cameron (vinculado con Salamanca), Víctor Ilich y Roberto Contreras

 

 

 

 

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